RUTA 27 · LOW
Montiel sostiene mesa con el PT: la unidad de Morena, a prueba en 2027
La dirigente descartó fricciones con el PVEM y dejó pendiente la publicación de las encuestas para los 'coordinadores en defensa de la transformación', el método que Morena ya anunció y que aún no tiene fecha ni alcance definidos.

Ariadna Montiel, presidenta nacional de Morena, confirmó que sigue abierta la mesa de diálogo con el PT para un trabajo conjunto rumbo a 2027, aclaró que con el PVEM no hay inconvenientes y sostuvo que en Morena 'estamos unidos' pese a las pugnas internas. La negociación define el reparto de espacios de la coalición gobernante y la señal de cohesión que Morena manda a sus aliados.
La mesa con el Partido del Trabajo (PT) sigue abierta. La presidenta nacional de Morena, Ariadna Montiel, confirmó el 27 de septiembre de 2026 que continúa el diálogo con la dirigencia petista para "perfilar un trabajo conjunto" de cara a las elecciones de 2027. Lo dijo a su arribo al Zócalo capitalino, adonde acudió para acompañar a la presidenta Claudia Sheinbaum en el cierre de la gira de su Segundo Informe: declaración breve, escenario de gobierno, mensaje de continuidad.
La dirigente morenista también marcó una distinción. Aclaró que con el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) no ha habido ningún inconveniente. Con esa frase, la presidenta de Morena concentra la tensión en el PT y deja al Verde fuera del cuadro de fricciones. No es un detalle menor: en un bloque de tres partidos, decir dónde está el problema equivale a decir dónde se está negociando.
Ante la pregunta de si el partido gobernante arriesga el resultado de 2027 por la falta de respaldo petista, Montiel respondió con una fórmula que mezcla optimismo y paciencia: "Yo estoy convencida de que en general, la cuarta transformación en el 2027, vamos a lograr un triunfo importante con el apoyo del pueblo. Y en estas cosas hay que tener paciencia". Frente a las "pugnas internas", sostuvo que "nosotros estamos unidos en Morena".
Una mesa sin reparto territorial y encuestas pendientes
Dos elementos acotan el alcance de lo anunciado. El primero: según la propia dirigencia, la mesa no discute todavía un estado en particular. El diálogo está en fase de marco general —cómo se van a entender los dos partidos— y no en la del reparto fino de candidaturas. Esa ausencia de reparto territorial es, en sí misma, información: indica que la negociación aún no entra a la parte costosa.
El segundo: Montiel recordó que darán a conocer los resultados de las encuestas para la elección de los "coordinadores en defensa de la transformación", como ya se había anunciado. La evidencia disponible no precisa para qué cargos, en cuántos territorios ni con qué método se levantarán esos ejercicios, y esa ausencia es la que impide medir su peso real.
Conviene separar el nombre formal de la función práctica. Un "coordinador en defensa de la transformación" no es una candidatura registrada ni una precandidatura reconocida por la autoridad electoral: es una figura partidista. Cuando ese método se usa para decidir quién encabeza un espacio de representación, opera como filtro de perfiles y como mecanismo de ordenamiento interno. Pero sin registro formal ante el partido y sin proceso electoral en curso, llamarlo precandidatura de facto sería adelantar el diagnóstico: lo verificable hoy es el método anunciado, no su resultado ni los nombres que producirá.
La lectura política
El movimiento cumple al menos tres funciones. Primero, contiene la percepción de ruptura con el PT: si la mesa está viva, la alianza está viva, y el costo de una separación —que en lógica de coalición se traduce en votos y escaños compartidos— queda fuera de la conversación pública por ahora. Segundo, manda una señal a la militancia petista inconforme con el reparto de espacios: hay canal abierto, aunque todavía sin resultados que exhibir. Tercero, responde hacia adentro de Morena con la palabra "unidad", justo cuando el partido se dispone a publicar encuestas que suelen producir ganadores y desplazados.
Los incentivos son asimétricos y conviene decirlos con claridad. Para Morena, mantener el bloque es un seguro en una elección intermedia donde la coalición pesa. Para el PT, la mesa es el instrumento con el que busca conservar posiciones y evitar diluirse. Ninguno de los dos gana nada con romper antes de que el reparto esté claro, y ambos ganan tiempo mientras este se define. Ese equilibrio —mesa abierta, resultados pendientes— es el que sostiene la tregua.
El detalle de fondo es el escenario. Montiel habló en el Zócalo, en el cierre de la gira del Segundo Informe de Sheinbaum. La presidenta del partido declarando junto a la presidenta de la República no es una coincidencia de agenda: es la imagen de un partido que se presenta como parte del gobierno, no como una instancia que negocia con él. Para aliados y adversarios, la señal es de continuidad, no de ajuste.
Queda una pregunta sin responder en lo público: cómo se resolverá la inconformidad petista si la mesa avanza hacia el reparto. La evidencia disponible solo permite afirmar que la negociación sigue y que no ha llegado a los estados.
Qué sigue
Los próximos pasos verificables están acotados. Uno: la publicación de los resultados de las encuestas para los coordinadores, anunciada y todavía sin fecha pública. Dos: la continuidad de la mesa con el PT, sin calendario ni documento conocido, y con la incógnita de si incluirá reparto territorial. Tres: la ruta del PVEM, que la propia dirigencia describe sin fricciones. El límite que ordena todo lo anterior es el arranque formal del proceso electoral, el momento en que la negociación política deja de ser privada y entra al terreno de las precampañas reguladas. Hasta entonces, lo que existe es una mesa, una promesa de unidad y encuestas por publicar.