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Morena abre su última ventana de reelección: hasta 150 diputados apuntan a 2027

El registro digital abierto por el partido mide, en realidad, el tamaño de su disputa interna: entre 130 y 150 diputados quieren seguir en un cargo. Una encuesta distrital decidirá quién.

Ilustración editorial de Ruta 27 sobre encuestas de opinión pública
Ilustración editorial de Ruta 27; no representa una fotografía del acontecimiento.
EN 30 SEGUNDOS

Morena abrió el 1 de octubre el registro digital de aspirantes a las candidaturas de 2027. Entre 130 y 150 diputados federales buscarán reelegirse o competir por una alcaldía, según Ricardo Monreal, quien no se inscribirá. El partido filtrará con encuestas distritales y no exigirá licencia a los legisladores; el INE prohíbe, en cambio, que usen recursos públicos para promoverse.

Morena abrió este 1 de octubre el registro digital de aspirantes a las candidaturas de 2027 y, con ello, arrancó la disputa interna más grande de su bancada: entre 130 y 150 diputados federales buscarán reelegirse o saltar a una presidencia municipal, según la estimación del coordinador de la mayoría, Ricardo Monreal. La cifra no es un dato administrativo. Es el tamaño del grupo que, en la práctica, convierte la selección de candidaturas en un ejercicio de disciplina interna y obliga al partido a administrar su mayoría legislativa mientras la somete a encuestas distrito por distrito.

Monreal lo planteó así: “empieza el registro, los aspirantes a la reelección estarán sometidos a una encuesta en sus distritos y, en razón de eso, el partido seleccionará”. El mecanismo importa más que el trámite. Registrarse no otorga candidatura alguna: abre la aspiración y deja la decisión final a la dirigencia, que usará la encuesta como filtro. Entre el registro de esta semana y una candidatura formal —que requiere definición partidista y, más adelante, registro ante la autoridad electoral— hay un trecho que el propio proceso se encarga de recordar a los aspirantes.

La ventana, conforme a la convocatoria difundida por la dirigencia nacional, abrió este 1 de octubre y se extiende por cuatro días. Monreal precisó dos reglas que ordenan el resto. Primera: quienes compitan “no están obligados” a pedir licencia, por disposición del partido; el argumento es operativo —“con ese número de solicitudes y que se retiraran, sería caótico el trabajo legislativo y las sesiones”—. Segunda: por orden del Instituto Nacional Electoral (INE), no puede haber uso de bienes y recursos públicos en beneficio de las campañas. Es decir, los mismos legisladores que siguen sentados en la Cámara serán, simultáneamente, competidores que no pueden aprovechar su posición.

El coordinador aprovechó el anuncio para pedir a los diputados de todos los partidos “cuidar su imagen” y asistir a las sesiones, luego de las críticas por el ausentismo durante la comparecencia del secretario de Hacienda, Edgar Amador. Y aclaró su propio caso: no se inscribirá, se pondrá a disposición del partido y, si no lo necesitan, regresará de manera permanente al aula universitaria de la UNAM.

La última reelección

El telón de fondo es una reforma constitucional ya vigente que prohíbe la reelección a partir de la elección federal de 2030. “Es la última oportunidad legal para su posible reelección”, dijo Monreal. Ese detalle cambia la naturaleza del proceso: no es una renovación ordinaria, sino el último ciclo en que un diputado puede intentar conservar su escaño. La escasez anticipada explica por qué la demanda se concentra ahora y no en tres años.

La lectura política

El registro funciona, antes que nada, como un instrumento de control. Quien administra la encuesta administra el ritmo de las lealtades, y Morena necesita votos en San Lázaro para sostener su agenda. Por eso el llamado a “cuidar la imagen” y a asistir al pleno, hecho justo después del episodio de ausentismo en la comparecencia de Hacienda, opera en la práctica como una condición implícita: presencia, imagen pública y desgaste entran a la evaluación que definirá las candidaturas.

La decisión de no exigir licencia tiene doble filo. Preserva la mayoría operativa y evita una desbandada que, con ese volumen de solicitudes, paralizaría el trabajo legislativo. Pero mantiene a 130 o 150 aspirantes dentro de la institución que el INE les prohíbe usar como plataforma: cualquier acto de promoción con recursos, espacios o personal legislativo queda expuesto a queja. El partido eligió conservar los votos y asumir ese riesgo.

El caso de Monreal merece lectura aparte. No inscribirse y “ponerse a disposición del partido” no es retiro ni candidatura: es una posición abierta que conserva margen de negociación sin comprometerlo. La mención del aula universitaria funciona como salida honorable, no como renuncia. Es el tipo de fórmula que en la política mexicana deja la puerta entreabierta sin fijar precio.

La señal hacia fuera también cuenta: Morena llegará a 2027 con candidatos que ya ejercen un cargo, lo que amplifica el escrutinio sobre su desempeño y traslada al INE parte de la vigilancia. Falta, en cambio, un elemento para leerlo como candidaturas cerradas: no hay lista, no hay resultados de encuestas y el rango de 130 a 150 es la estimación del propio coordinador, no un padrón.

Qué sigue

El cierre del registro en los próximos días y la definición del mecanismo de encuestas por distrito. Después, la lista de quiénes piden licencia de manera voluntaria y quiénes se quedan en el escaño mientras compiten. En paralelo, la negociación con el PT y el PVEM, que Monreal ya pidió no dar por descontada, y la vigilancia del INE sobre cualquier uso de recursos públicos en la contienda interna. El reloj de fondo es 2030: la veda de reelección ya está vigente.