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Morena admite que la encuesta es referente; la designación decide

Un diputado federal por San Luis Potosí describe el mecanismo con el que el partido reparte coordinaciones y confirma que la dirigencia nacional trabaja en una “operación cicatriz” para contener inconformidades. En su estado, dice, nada está cerrado hasta el 31 de diciembre.

Ilustración editorial de Ruta 27 sobre encuestas de opinión pública
Ilustración editorial de Ruta 27; no representa una fotografía del acontecimiento.
EN 30 SEGUNDOS

Gabino Morales Mendoza, diputado federal de Morena, afirmó que el método real del partido es la designación y no la encuesta: la Comisión Nacional de Elecciones decide y los sondeos sólo son referente. Sus dichos llegan tras designaciones de coordinadores, con una dirigencia que prepara una “operación cicatriz” y un escenario abierto en San Luis Potosí hasta el 31 de diciembre, rumbo a 2027.

El diputado federal de Morena, Gabino Morales Mendoza, sostuvo el 6 de octubre de 2026 que el método real de su partido no es la encuesta sino la designación. En las reglas y en la convocatoria, explicó, la Comisión Nacional de Elecciones puede nombrar a los coordinadores y los sondeos operan sólo como referente: “la encuesta no es quien define quién será él o la coordinadora”. No revela un mecanismo oculto —está escrito—, pero nombra sin eufemismos dónde se concentra la decisión rumbo a 2027.

El señalamiento llega en plena ronda de designaciones de los llamados coordinadores de defensa de la soberanía, figuras que el legislador ubicó en una fase de “negociación y reconciliación interna”. Según su versión, la dirigencia nacional —que situó encabezada por Ariadna Montiel y Citlalli Hernández— ya trabaja en una “operación cicatriz” para convocar a la unidad. Señal implícita de que el reparto dejó inconformes.

Morales Mendoza presentó dos caras del mismo proceso. En Chihuahua, la confirmación de la senadora Andrea Chávez como coordinadora municipal en Ciudad Juárez le pareció “una excelente opción”: uno de los mejores cuadros jóvenes del movimiento que, dijo, “en su momento se convertirá en candidata”. En Nuevo León, en cambio, Tatiana Clouthier optó por romper y encabezar su propio movimiento, “Todos Unidos con Conciencia”. Un caso muestra la designación como ascenso ordenado; el otro, su costo cuando el criterio no se comparte.

San Luis Potosí, el estado que se define al final

Para Morales Mendoza, el punto crítico está en su propio estado. Aunque se anunció que Morena iría sin alianza, sostuvo que el escenario sigue abierto hasta el 31 de diciembre, fecha límite para firmar una coalición. El perfil de Elí César Cervantes Rojas, consideró, aún no consolida un liderazgo amplio: “se ha reunido con las mismas personas, en los mismos lugares, con la misma gente”. La renuncia de Gerardo Sánchez Zumaya dejó un vacío, y el nombre del alcalde capitalino Enrique Galindo Ceballos suena como posible candidato sin que la dirigencia estatal ni él lo hayan negado. “En San Luis nos esperan muchas sorpresas y el último segundo va a contar”, dijo. Sobre las diputaciones federales de los siete distritos confirmó que no se inscribió, pero dejó la puerta abierta: se preparó, dijo, para ser alcalde de la capital.

La lectura política

Conviene distinguir tres cosas. Una candidatura formal se registra ante la autoridad electoral: ninguna de estas coordinaciones lo es aún. Un posicionamiento es visibilidad acumulada. Una precandidatura de facto es lo que resulta cuando el partido entrega una coordinación territorial y anuncia que su titular competirá después: no hay registro, pero sí carril. Lo que Morales Mendoza describe es el mecanismo que produce ese carril y la discrecionalidad que lo gobierna.

El incentivo de la dirigencia es conservar en el centro la facultad de designar: eso da margen para dosificar tiempos, medir lealtades y contener rupturas antes de que se conviertan en candidaturas externas, como ocurrió con Clouthier. El costo lo pagan los aspirantes, que pierden la posibilidad de apelar a un resultado de encuesta y quedan sujetos a una negociación sin reglas públicas. La “operación cicatriz” es el complemento: primero se reparte, después se contiene a quien quedó fuera.

Rumbo a 2027 la señal es doble: hacia adentro, la competencia interna se resuelve en la mesa nacional y no en las urnas del partido; hacia afuera, Morena conserva capacidad de ordenar su sucesión sin arbitraje externo, a cambio del riesgo de litigios y fracturas locales. Falta un elemento para una lectura más dura: no hay acuerdo ni convocatoria citada con criterios, ni resultados de encuesta publicados, ni lista cerrada. Tampoco puede afirmarse que Morales Mendoza sea precandidato: él mismo dijo que no se inscribió.

Qué sigue

- El 31 de diciembre de 2026 es la fecha límite que el propio legislador señaló para firmar coaliciones; hasta entonces el escenario potosino permanece abierto. - La “operación cicatriz” seguirá siendo el eje del discurso de la dirigencia; queda por ver si se traduce en incorporaciones concretas o sólo en gestos. - No hay fecha pública para definir alcaldías y diputaciones locales de 2027, ni se ha dado a conocer el acuerdo de la Comisión Nacional de Elecciones que formalice las designaciones anunciadas. Ese documento es la pieza que permitiría verificar si el criterio fue el sondeo o la negociación.