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Morena cierra coordinaciones en 17 estados; Jalisco queda fuera del mapa de 2027
La última tanda completó las 17 entidades con gubernatura en juego. Los designados no son candidatos registrados, pero ya encabezan la estructura territorial desde la que se negociarán las postulaciones de Morena y sus aliados.

Morena cerró el 28 de septiembre sus coordinaciones estatales en las 17 entidades que elegirán gubernatura en 2027. Los designados no son candidatos formales, pero quedan al frente de la estructura territorial y perfilados para las postulaciones. En Nayarit el lugar fue para un cuadro del PVEM y Jalisco no aparece en la lista.
Morena cerró el lunes 28 de septiembre la designación de sus coordinaciones estatales en las 17 entidades que renovarán gubernatura en 2027. La última tanda —San Luis Potosí, Tlaxcala, Nuevo León, Nayarit, Sonora, Baja California Sur y Chihuahua— completó un mapa que la dirigencia nacional venía armando desde semanas antes. Con eso, el partido gobernante queda con un nombre propio en cada territorio que definirá el tamaño de la elección más grande del sexenio en curso: una lista que se lee menos como organigrama que como antesala de candidaturas.
Ninguno de los designados es candidato. No hay registro ante el Instituto Nacional Electoral (INE) ni ante los organismos electorales locales, y el partido no ha publicado el método con el que resolverá sus postulaciones —encuesta, convención o designación directa—. Lo que sí existe es una posición: quien encabeza una coordinación estatal administra la estructura territorial del partido, articula a los grupos locales y aparece desde ahora en la conversación pública como posible abanderado.
En la tanda de cierre aparecen Elí César Cervantes (San Luis Potosí), Ana Lilia Rivera (Tlaxcala), Clara Luz Flores (Nuevo León) y Jasmine Bugarín (Nayarit). Los diez nombres previos incluyen a Nora Ruvalcaba (Aguascalientes), Julieta Ramírez (Baja California), Pablo Gutiérrez Lazarus (Campeche), Rosa María Bayardo (Colima), Beatriz Mojica (Guerrero), Carlos Torres Piña (Michoacán), Santiago Nieto (Querétaro), Eugenio “Gino” Segura (Quintana Roo), Imelda Castro (Sinaloa) y Verónica Díaz (Zacatecas).
El detalle que más dice del método es Nayarit: la coordinación quedó en manos de una militante del PVEM, Jasmine Bugarín. La señal es doble, porque el reparto no es solo interno de Morena y ya incorpora a los aliados que previsiblemente irán en coalición. Quien quede perfilado en cada estado arrastra también el costo de negociación con el Verde y con el PT.
Jalisco no aparece en la lista. Su gubernatura no se renueva en ese ciclo, así que el estado quedó fuera de esta ronda de coordinaciones estatales. Ahí lo que se juega en 2027 es el terreno local —ayuntamientos y Congreso—, donde las definiciones internas también avanzan: la diputada Tonantzin Cárdenas anunció que buscará ser postulada por Morena para Zapopan, un adelanto del tipo de disputa que viene.
La lectura política
El nombre oficial —coordinación de la defensa de la transformación— no describe una tarea administrativa, sino una posición de salida electoral. En la práctica, estas coordinaciones funcionan como precandidaturas de facto: no cumplen ningún requisito legal de una candidatura, pero colocan a un actor al frente de la operación política del partido en su estado, le dan visibilidad y le permiten medir fuerzas frente a competidores internos antes de que el proceso formal arranque.
Para la dirigencia nacional, el cálculo es de control y de tiempo. Definir nombres cuando el calendario electoral todavía no arranca reduce el riesgo de una ruptura pública, ordena las lealtades y traslada la disputa a un terreno donde el partido conserva la última palabra. El costo es simétrico: adelantar el reparto concentra el descontento en quienes quedaron fuera y obliga a sostener designados que en varios estados no son los cuadros de mayor arraigo.
También hay una lectura de coalición. Los 17 estados en juego son la principal moneda de cambio de Morena con sus aliados, y el hecho de que al menos uno de los lugares haya quedado en manos de un cuadro del PVEM sugiere que el reparto se está usando para amortizar esa negociación antes de que existan candidaturas.
Falta un elemento para cerrar la interpretación: si la coordinación cierra el concurso interno o solo lo aplaza. Mientras el partido no publique el mecanismo de selección, la coordinación debe leerse como posicionamiento y no como candidatura decidida.
Qué sigue
- La publicación de las reglas internas —método, plazos y requisitos— con las que Morena convertirá coordinaciones en candidaturas. - Los registros formales ante el INE y los organismos electorales locales, cuando el calendario de 2027 lo permita; hasta entonces, las coordinaciones no tienen efecto jurídico electoral. - En Jalisco, las definiciones locales de 2027, empezando por Zapopan, donde ya hay aspirantes anunciados, y la duda de si el partido importa la fórmula de coordinación al terreno municipal. - La negociación con PVEM y PT para traducir el reparto en una coalición formal.