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Morena condiciona coaliciones 2027 a la 4T y toma protesta a 17 aspirantes

El partido aprobó por unanimidad que cualquier coalición respete los principios de la 4T y concentró la negociación en Ariadna Montiel y Citlalli Hernández, en una sesión sin el PT ni el PVEM.

Ilustración editorial de Ruta 27 sobre coaliciones y negociaciones partidistas
Ilustración editorial de Ruta 27; no representa una fotografía del acontecimiento.
EN 30 SEGUNDOS

El Consejo Nacional de Morena aprobó por unanimidad su política de alianzas para 2027: toda coalición deberá respetar los principios de la 4T y no pactar con "representantes del régimen neoliberal". La negociación queda en manos de Ariadna Montiel y Citlalli Hernández. También tomó protesta a 17 coordinadores estatales, precandidaturas de facto a las gubernaturas, sin que asistieran el PT ni el PV

El Consejo Nacional de Morena aprobó por unanimidad su política de alianzas rumbo a la elección intermedia de 2027. El acuerdo, votado en la VIII Sesión Ordinaria del 10 de octubre de 2026, fija la condición de entrada a cualquier coalición —respeto a los principios de la 4T, "sin subordinación a intereses particulares, acuerdos de conveniencia" y sin relación con "representantes del régimen neoliberal y sus partidos"— y concentra la negociación en la presidenta nacional, Ariadna Montiel, y la presidenta de la Comisión Nacional de Elecciones, Citlalli Hernández, facultadas para acordar términos de participación y firmar convenios en el ámbito federal y local, con obligación de informar al Consejo Nacional.

El formato importa tanto como el contenido: el documento se votó sin la presencia del Partido del Trabajo (PT) y del Partido Verde Ecologista de México (PVEM), los dos aliados históricos del bloque. Con el PVEM, Morena ha perfilado coaliciones en 16 de las 17 entidades que renovarán gubernatura en 2027; San Luis Potosí es la excepción. La puerta no se cerró: se definió quién pone las condiciones.

La misma sesión tuvo un segundo propósito. El Consejo tomó protesta a 17 coordinadores estatales "en Defensa de la Transformación y Soberanía Nacional", que en la práctica funcionan como precandidaturas de facto a las gubernaturas, aunque ninguna sea aún candidatura registrada ni el proceso electoral haya iniciado formalmente. Alfonso Durazo, presidente del Consejo, encabezó el acto con la consigna de "no mentir, no robar y no traicionar al pueblo". Entre los protestados están Santiago Nieto (Querétaro), Clara Luz Flores (Nuevo León), Cruz Pérez Cuéllar (Chihuahua), Beatriz Mojica (Guerrero) y Nora Ruvalcaba (Aguascalientes).

A la sesión acudieron gobernadores de Morena —salvo quienes atendían la emergencia por el huracán Simón—, legisladores federales y los 300 consejeros nacionales. También se presentó Andrés Manuel López Beltrán, hijo del expresidente Andrés Manuel López Obrador, quien aspira a una diputación federal por el sexto distrito de Tabasco. El acto ocurrió entre inconformidades internas por definiciones estatales y municipales, y en medio de acusaciones —sin resolución conocida— sobre presiones de Estados Unidos en las designaciones del partido.

La lectura política

El acuerdo no es un documento de coalición: es un manual de jerarquía. Morena fija el marco antes de sentarse a la mesa y firma después. El aliado que acepta entra como socio, no como corresponsable del programa, y la cláusula contra "el régimen neoliberal y sus partidos" descarta al PRI y al PAN, deja en zona gris a Movimiento Ciudadano y reduce los socios plausibles al PT y al PVEM.

Con 17 gubernaturas en juego, la candidatura común es la moneda más valiosa de la negociación: quien firma el convenio administra el acceso a posiciones. Facultar sólo a Montiel y Hernández evita diecisiete negociaciones paralelas y acota el margen de los liderazgos estatales que ya expresaron inconformidad. La unanimidad y la ausencia de los aliados mandan dos señales: hacia dentro, cierre de filas; hacia fuera, que el reparto no se discute en público.

En los coordinadores estatales conviene distinguir tres cosas. Existe posicionamiento público y reconocimiento interno; no existe todavía candidatura registrada ni acto jurídico que los convierta en tales. El nombre —"coordinación en Defensa de la Transformación y Soberanía Nacional"— evita deliberadamente la palabra candidato mientras cumple su función: ordenar con anticipación la sucesión estatal. La asistencia de López Beltrán apunta en la misma dirección: continuidad del apellido fundador en el reparto.

Qué sigue

Los convenios federales y locales que firmen Montiel y Hernández deberán informarse al Consejo Nacional; ahí se conocerá el reparto entidad por entidad. El registro formal de coaliciones ante el Instituto Nacional Electoral (INE) y los organismos públicos locales ocurre una vez iniciado el proceso electoral 2026-2027; hasta entonces, lo aprobado es política interna, no un acto jurídico-electoral.

Queda abierto el flanco de las impugnaciones: las inconformidades por designaciones pueden llegar a la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia y, en su caso, al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF). Y hay dos indicadores rápidos: si el PT, ausente en la sesión, acepta entrar bajo estas condiciones o negocia por separado, y qué ocurre en San Luis Potosí, única entidad sin coalición perfilada con el PVEM.