RUTA 27 · MEDIUM
Morena da Nayarit al PVEM: paridad desplaza al ganador de la encuesta
La dirigencia reconoció que Héctor Santana ganó el ejercicio interno y aplicó el criterio de paridad para entregar la coordinación a una senadora con licencia del Verde. El cargo no tiene registro legal, pero ordena la ruta de 2027.

Morena nombró a Jasmine María Bugarín Rodríguez, senadora con licencia del PVEM, como coordinadora estatal en Nayarit, pese a que Héctor Santana ganó la encuesta interna: la dirigencia invocó paridad de género en estados competitivos. El cargo no existe en la ley electoral, pero coloca a Bugarín en posición de disputar la candidatura al gobierno de Nayarit en 2027.
Morena le entregó a un partido aliado la coordinación estatal más visible de su estructura en Nayarit. La designación de Jasmine María Bugarín Rodríguez —senadora con licencia del Partido Verde Ecologista de México (PVEM)— como Coordinadora Estatal de la Transformación y la Soberanía Nacional, divulgada el 28 de septiembre de 2026, no fue un ajuste de organigrama: resolvió una disputa interna a favor de una mujer que milita en otro partido y que no ganó la encuesta.
El dato incómodo está en la justificación. La presidenta de la Comisión Nacional de Elecciones de Morena, Citlali Hernández, reconoció abiertamente que el mejor posicionado fue Héctor Santana, alcalde con licencia de Bahía de Banderas: “El ganador entre hombres y mujeres de la encuesta es el compañero Héctor Santana. Pero en la Comisión Nacional de Elecciones tenemos la determinación [de] que en los estados con mayor competitividad de Morena puedan encabezar mayoritariamente mujeres”.
Dos elementos hacen que el caso nayarita no sea un episodio aislado. La coordinación queda en manos del PVEM, socio de la coalición, no de Morena. Y el nombramiento se inscribe en una cadena: el mismo proceso colocó a Ana Lilia Rivera Rivera en Tlaxcala, dentro de la ruta con la que Morena, el Partido del Trabajo (PT) y el PVEM definen responsables estatales rumbo a 2027, año en que Nayarit renueva su gubernatura.
Un criterio que también es una facultad
Bugarín llegó al cargo tras un proceso en el que participaron seis perfiles de Morena y sus aliados. La paridad de género operó como regla de desempate y, a la vez, como margen de decisión: convierte el resultado de la encuesta en un insumo y deja la determinación final en la Comisión Nacional de Elecciones. Es una fórmula válida en la vida interna de un partido y políticamente elástica: permite corregir una medición sin decir que se corrigió y pagar una alianza sin decir que se pagó.
Conviene precisar qué es y qué no es el cargo. La “Coordinación Estatal de la Transformación y la Soberanía Nacional” no existe en la ley electoral; es una estructura partidista. Por eso Bugarín no es candidata ni precandidata en sentido formal: no hay registro ante autoridad electoral, ni precampaña reconocida, ni plazo corriendo. Lo que hay es un posicionamiento con territorio y vocería que, en la práctica, funciona como precandidatura de facto al cargo que se disputará en 2027. El nombramiento es reversible; la candidatura no se hereda.
La lectura política
El movimiento ordena tres cosas a la vez. Blinda la coalición: entregar una coordinación estatal al PVEM en una entidad que la propia dirigencia clasificó entre las de “mayor competitividad” es señal de que el reparto con los aliados no se limitará a posiciones simbólicas. Administra el conflicto interno: si Santana ganó la encuesta y queda fuera, el costo es de credibilidad ante las bases, y por eso se ofrece una razón pública —la paridad— en lugar de una negociación opaca. Y construye precedente: la facultad de designación ya quedó ejercida y podrá repetirse en otras entidades sin anunciar una regla nueva.
El incentivo de Bugarín es simétrico al de Morena. Ella gana aparato estatal y visibilidad; el partido gana una figura con experiencia legislativa y capacidad de negociar con la estructura local del Verde. Quien pierde, si nada lo compensa, es Santana: conserva una base municipal en Bahía de Banderas y un argumento —“gané y no me tocó”— utilizable dentro del partido o contra él. La señal hacia afuera es más ambigua de lo que sugiere el anuncio: en un estado competitivo, el bloque oficialista llega a 2027 con un perfil que no es de Morena y con un cuadro interno inconforme.
Falta un dato: no hay evidencia pública de que el nombramiento incluya un compromiso sobre la candidatura al gobierno de Nayarit. Sin ese elemento, tratarlo como candidatura decidida sería un salto que la evidencia no sostiene.
Qué sigue
- La definición del resto de las coordinaciones estatales del bloque Morena-PT-PVEM, que avanza por entregas y sin calendario público único. - La reacción de Santana y de la estructura morenista en Bahía de Banderas: si acepta el criterio, si pide una posición alterna o si impugna internamente. - El arranque formal del proceso electoral de 2027 en Nayarit, momento en que la precandidatura de facto tendría que convertirse —o no— en candidatura con registro.