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RUTA 27 · LOW

Morena pide 'cicatrizar' Michoacán mientras Morón abre consultas sobre su ruta

La secretaria general del CEN negó una fractura tras el nombramiento de Carlos Torres Piña y admitió que la dirigencia debe reparar con quienes no obtuvieron coordinación alguna. Raúl Morón respondió midiendo a su propio grupo.

Ilustración editorial de Ruta 27 sobre candidaturas y aspirantes
Ilustración editorial de Ruta 27; no representa una fotografía del acontecimiento.
EN 30 SEGUNDOS

Carolina Rangel, secretaria general del CEN de Morena, negó una ruptura en Michoacán tras el nombramiento de Carlos Torres Piña como coordinador estatal y admitió que la dirigencia debe 'cicatrizar' a los más de 300 aspirantes que no obtuvieron alguna de las 17 coordinaciones. Raúl Morón, que quedó fuera, anunció consultas para definir la ruta de su grupo rumbo a 2027.

La secretaria general del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) de Morena, Carolina Rangel Gracida, descartó que exista una ruptura en el partido en Michoacán tras la designación de Carlos Torres Piña como coordinador estatal de la Defensa de la Transformación y la Soberanía. Al negarlo, sin embargo, puso sobre la mesa el dato que la dirigencia nacional sí reconoce: el proceso interno dejó "sentires distintos" y exige lo que ella misma llamó una "cicatrización" con quienes compitieron y no obtuvieron ninguna de las 17 coordinaciones del país.

La réplica no era abstracta. El jueves 17 de septiembre, la senadora Celeste Ascencio Ortega había afirmado que "ya hay ruptura" en Morena y en la coalición, y había pedido que Torres Piña y Raúl Morón Orozco se reunieran. "Yo no veo cuál es esa ruptura. Estuvimos en la misma reunión nuestra compañera Celeste y yo", respondió Rangel en entrevista publicada este 20 de septiembre. La discrepancia es notable: no enfrenta a dos grupos que se desconocen, sino a dos dirigentes que estuvieron en la misma sala y leen distinto el mismo episodio.

Rangel sostuvo que antes de la presentación de resultados hubo comunicación entre ambos aspirantes y que Torres Piña recibió de la dirigencia nacional la encomienda de buscar a los participantes del proceso, algo que, dijo, ya se ha hecho público en redes sociales. Sobre Morón aseguró que cuenta con el acompañamiento del partido y que él mismo se asumió como parte del movimiento. Recordó además la escala del ejercicio: más de 300 personas se apuntaron para 17 coordinaciones.

Morón, mientras, dio a su grupo otra tarea. Anunció consultas con organizaciones civiles, sectores sociales y simpatizantes para definir la ruta de su movimiento en Michoacán, días después de decir que respetaría el resultado interno, de llamar a cerrar filas rumbo a 2027 y de reconocer que existen divisiones que deben atenderse.

El antecedente pesa. En 2021, Morón fue postulado por Morena para el gobierno de Michoacán, pero el Instituto Nacional Electoral (INE) canceló su registro por no presentar el informe de gastos de precampaña; el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) confirmó la decisión y Morena lo sustituyó con Alfredo Ramírez Bedolla, quien ganó. Es la segunda ocasión en que queda fuera de la ruta hacia la gubernatura, ahora por un sondeo interno y no por una resolución jurisdiccional. A la tensión interna se suma la de la coalición: el Partido del Trabajo (PT) rechazó a Torres Piña y el gobernador Bedolla respondió recordando el acuerdo para definir la coordinación.

La lectura política

El nombre formal es "coordinación estatal de la Defensa de la Transformación y la Soberanía". En la práctica funciona como el punto de partida de la candidatura de Morena al gobierno de Michoacán en 2027: quien la recibe queda colocado en la salida, con estructura territorial, interlocución con el gobierno estatal y visibilidad. No es una candidatura registrada ni una precandidatura en sentido legal: no hay convocatoria, método ni plazo de precampaña en curso, y para que eso exista el partido y el INE tendrían que abrir formalmente el proceso. Torres Piña tiene hoy un encargo organizativo, no un registro electoral.

El movimiento que se observa es de contención, no de ruptura. A la dirigencia nacional le urge cerrar el ciclo sin una fractura visible en un estado que gobierna, porque cada pleito interno se traduce en costo para la coalición, para la disciplina legislativa y para el discurso de unidad rumbo a 2027. De ahí el lenguaje de "cicatrización": nombra el conflicto sin reconocer el fracaso. Las consultas de Morón cumplen una función distinta: miden lealtades, documentan fuerza territorial y colocan a su grupo en posición de negociar espacios —diputaciones locales y federales, presidencias municipales— antes de que la dirigencia reparta. No es una salida del partido; es una carta de negociación.

Que Ascencio sostenga que la ruptura ya ocurrió y Rangel que no ve "cuál es esa ruptura" también es una disputa por la narrativa: quien nombra primero el estado del partido condiciona la negociación siguiente. En términos verificables, hasta ahora nadie ha renunciado ni existe un desprendimiento organizado, y Morón dijo mantenerse en el movimiento. Ese es el límite del diagnóstico de Rangel: puede tener razón en las formas y, aun así, subestimar el conflicto que su propia palabra "cicatrización" reconoce.

Qué sigue

El primer indicador verificable será un encuentro público entre Torres Piña y Morón; hasta ahora no se ha documentado. Las consultas anunciadas por Morón no tienen fecha de resultados, y su alcance dirá si su grupo negocia dentro o construye plataforma propia. La dirigencia nacional tiene pendiente cómo repartir el resto de posiciones y cómo resolver la resistencia del PT a Torres Piña, con el acuerdo de coalición recordado por Bedolla como referencia. El calendario formal rumbo a 2027 todavía no arranca: sin convocatoria ni método definido para la gubernatura, cualquier medición actual es interna y no vinculante ante el INE.