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Morena somete a voto su política de alianzas entre fisuras rumbo a 2027

El Consejo Nacional votará el 10 de octubre el acuerdo que define con qué siglas competirá en 2027, mientras la dirigencia presenta como informe un proceso interno que dejó inconformidades en al menos cuatro entidades.

Ilustración editorial de Ruta 27 sobre coaliciones y negociaciones partidistas
Ilustración editorial de Ruta 27; no representa una fotografía del acontecimiento.
EN 30 SEGUNDOS

El Consejo Nacional de Morena votará el 10 de octubre su política de alianzas para 2027, cuando se renuevan la Cámara de Diputados, 17 gubernaturas y miles de cargos locales. La sesión también recibirá el informe del proceso que dejó a los “coordinadores” estatales como candidatos de facto. El acuerdo definirá el peso del PVEM, la salida o permanencia del PT en lo local y cómo la dirigencia contie

El Consejo Nacional de Morena votará el 10 de octubre, en la Ciudad de México, el acuerdo que fija su política de alianzas rumbo a las elecciones de 2027 —diputaciones federales, 17 gubernaturas, congresos locales y alcaldías en las 32 entidades—, junto con el informe del proceso interno que designó a los “coordinadores estatales de Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional”. La convocatoria se divulgó el 6 de octubre, con las designaciones ya cerradas y con inconformidades públicas en Nuevo León, Baja California Sur, Michoacán y Chihuahua.

Los dos puntos del orden del día se explican entre sí. El acuerdo de alianzas determina con qué siglas y en qué territorios competirá Morena junto al Partido Verde Ecologista de México (PVEM) y el Partido del Trabajo (PT). El informe convierte en acto de partido un proceso que dejó a los coordinadores estatales en posición de candidatos a las gubernaturas: en la práctica funcionan como precandidaturas de facto, aunque ninguna esté aún registrada ante autoridad electoral alguna.

Un proceso interno con heridas abiertas

La primera etapa de designaciones benefició al PVEM: dos de sus legisladores, Jasmine Bugarín en Nayarit y Manuel Cota en Baja California Sur, quedaron encaminados a las candidaturas, y Eugenio Segura —integrante de la bancada de Morena en el Senado, cercano al dirigente verde Jorge Emilio González Martínez— también fue colocado. El PT, en cambio, se retiró a la mitad del ejercicio conjunto alegando maltrato y desdén, y no participó en la definición final: la mayoría de los perfiles anunciados no son sus apuestas. La senadora Geovanna Bañuelos dejó abierta la posibilidad de competir sin coalición en Zacatecas y sostuvo que “son alianzas distintas, son boletas distintas”. El líder del PVEM en el Senado, Manuel Velasco Coello, respaldó en cambio el método: “Si fueron las reglas en las que se decidió participar, pues debemos aceptar las reglas”.

Los costos internos también llegarán a la mesa. En Nuevo León, la designación de Clara Luz Flores —cuarta lugar en la elección de 2021— derivó en el rechazo explícito de Tatiana Clouthier, quien acusó que Morena traicionó el principio fundamental de la honestidad y la integridad; el senador con licencia Waldo Fernández pidió escuchar a Clouthier. En Baja California Sur, la alcaldesa con licencia Milena Quiroga exigió revisar las encuestas y se retiró antes del anuncio. En Michoacán, el senador Raúl Morón mantiene distancia del designado Carlos Torres Piña y anunció una consulta entre sus bases. En Chihuahua, la designación de Cruz Pérez Cuéllar por encima de Andrea Chávez se compensó días después con la coordinación de Ciudad Juárez para la senadora, fuera del procedimiento de encuestas. La dirigencia respondió haciendo públicas las encuestas y sus metodologías.

La lectura política

El voto del 10 de octubre no decide si hay alianza, sino cómo se reparte. La coalición federal con PVEM y PT parece preservada —los tres partidos apuestan por conservar la mayoría calificada en la Cámara de Diputados—, mientras en el ámbito local cada uno reclama libertad de boleta. Esa combinación, conocida en el lenguaje electoral como coalición flexible, permite al PVEM capitalizar el peso que ganó en las designaciones y deja al PT la opción de competir por su cuenta donde no obtuvo posiciones, sin romper el bloque federal. Quien gana margen con el acuerdo es la dirigencia de Morena: traslada un conflicto de personas a una votación de órgano y puede disciplinar a los inconformes apelando a la unidad.

La señal hacia fuera importa igual. Un Consejo que ratifica su política de alianzas transmite a los adversarios que el bloque oficialista llega ordenado en lo federal; hacia dentro, advierte que las inconformidades se procesarán con cargos y encuestas antes que con rupturas. Falta, sin embargo, el contenido del acuerdo. La evidencia disponible no permite saber si fijará coaliciones parciales por distrito, cuántos distritos quedan para cada socio ni si el PT reingresa a la negociación. Sin ese texto, la magnitud real del reparto sigue siendo una incógnita.

Qué sigue

El 10 de octubre, al mediodía, el Consejo Nacional discutirá y votará el acuerdo de alianzas y recibirá el informe del proceso interno. Quedan pendientes la decisión de Raúl Morón en Michoacán, quien ha dicho que anunciará “en próximos días” si respalda al designado o busca otra vía; la definición del PT sobre candidaturas locales sin coalición; y el número de distritos que corresponderán a cada partido, asunto que Velasco dejó explícitamente abierto. Los convenios de coalición deberán registrarse ante las autoridades electorales antes de los comicios de junio de 2027.