RUTA 27 · MEDIUM
Morera llama a vigilar el voto 2027 y da por cooptado al INE
La presidenta de Causa en Común pide a los ciudadanos cuidar las urnas ante instituciones que considera capturadas. Su diagnóstico enlaza impunidad, control criminal del territorio y contienda electoral.

María Elena Morera, presidenta de Causa en Común, convocó a los ciudadanos a ser observadores del proceso electoral de 2027 y afirmó que el INE ha sido cooptado y favorece a Morena. Es una acusación sin expediente citado, pero coloca la vigilancia ciudadana en el centro de la disputa por la Cámara de Diputados.
María Elena Morera, presidenta de Causa en Común, convocó a los ciudadanos a ser observadores del proceso electoral de 2027 y advirtió que las instituciones que deben garantizarlo llegan debilitadas. En entrevista difundida el 5 de octubre de 2026, sostuvo que el Instituto Nacional Electoral (INE) ha sido "cooptado" y "está favoreciendo a Morena". Es una acusación política, no una resolución: no citó expedientes, votaciones ni pruebas que la sustenten. El valor del planteamiento no está en la denuncia —recurrente en el debate público—, sino en la salida que propone: si la autoridad no es confiable, la vigilancia del voto se muda a los ciudadanos.
El tono fue de advertencia. "Ya estamos en una autocracia electoral y si no hacemos algo podemos llegar a un país autoritario", dijo, y pidió observar el voto "ahora que las instituciones electorales son tan débiles", para que "no nos suceda lo que ya sucedió en 2021 y 2024". En su lista de contrapesos erosionados colocó al Poder Judicial, que a su juicio "ha dejado de ser independiente", y al propio INE. La imputación más grave —que el árbitro favorece a un partido— es también la que no viene acompañada de evidencia.
De la seguridad a las urnas
El llamado electoral cerró una conversación dominada por otro tema: la violencia. Morera afirmó que "el principal problema que tenemos es la gran impunidad de la relación entre crimen y los políticos", que "la impunidad es tan alta que la gente siente que es muy barato matar" y que "gran parte del territorio está a las órdenes de las organizaciones criminales". También apuntó contra las Fuerzas Armadas —"un Ejército al que le hemos dado mucho dinero y mucho poder a cambio de ningún control"— y contra la presidenta Claudia Sheinbaum, de quien dijo que "siempre ha pensado de una manera autoritaria". Son opiniones y acusaciones de la entrevistada, no hallazgos acreditados.
La secuencia importa: si el diagnóstico es que el Estado no controla el territorio y el poder se siente impune, observar la elección deja de ser un trámite cívico y se vuelve la última forma de control disponible. Ése es el hilo que une sus dos agendas.
La lectura política
La figura del observador electoral está regulada: los ciudadanos se acreditan ante el INE y los organismos públicos locales, con requisitos y prohibiciones —no hacer proselitismo, no sustituir a la autoridad—, y su función es documentar, no calificar. De ahí una tensión práctica en la convocatoria: si el organismo que acredita es, según Morera, parte del problema, la observación puede canalizarse por la vía legal o construirse como estructura paralela de vigilancia. La evidencia disponible no permite saber qué ruta busca. Ése es el dato que falta y el que definirá el carácter del movimiento.
En términos políticos, la convocatoria opera como construcción de infraestructura: una red capaz de documentar irregularidades y, llegado el caso, de sostener un relato de disputa después de la jornada. Morera no es candidata ni precandidata ni ocupa cargo partidista; Causa en Común es una asociación civil con agenda de seguridad. Lo que está en juego es posicionamiento y capacidad de convocatoria, no una candidatura. Un actor civil que recluta observadores puede pesar en la contienda sin registrarse en ella.
Los incentivos son simétricos. Para la oposición, una observación ciudadana creíble ofrece un argumento que no depende de los partidos: si las irregularidades las documenta la sociedad civil, el cuestionamiento al resultado gana audiencia. Para Morena y el gobierno, la acusación de "autocracia electoral" encarece cualquier irregularidad y, a la vez, anticipa la impugnación: un proceso descalificado de origen difícilmente terminará con un resultado aceptado por todos. Para el INE, el costo es de legitimidad, y su defensa ya no puede descansar en la unanimidad, sino en los criterios y resoluciones que haga públicos.
Qué sigue
Morera no anunció plataforma, calendario ni organización específica: su convocatoria es, por ahora, un llamado abierto. Los puntos verificables son la respuesta institucional —si el INE o el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) fijan posición sobre la acusación de cooptación—, las reglas y fechas de la convocatoria de observadores electorales y cuántas acreditaciones se otorgan. La prueba de fondo llegará después de la jornada: si la observación se queda como ejercicio técnico o se convierte en un actor que califica el resultado y defiende su propia lectura del voto.