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Muere el 'Monstruo de Atizapán' a los 78 años en el penal de Tenango del Valle
Andrés Filomeno Mendoza Celis falleció por causas naturales según informes preliminares, cerrando el expediente del mayor asesino serial de México sin que se esclarezcan todas las víctimas.

Andrés Filomeno Mendoza Celis, el 'Monstruo de Atizapán', murió a los 78 años en el penal de Tenango del Valle el 29 de octubre de 2026. Las autoridades apuntan a causas naturales. Tenía ocho condenas por feminicidio y se le atribuyen al menos 30 víctimas, de las cuales solo 10 han sido identificadas formalmente. Su muerte cierra el expediente criminal sin que se esclarezcan todos los casos.
Andrés Filomeno Mendoza Celis, conocido como el 'Monstruo de Atizapán', falleció a los 78 años en el Centro Penitenciario de Tenango del Valle el 29 de octubre de 2026, según informes preliminares que apuntan a causas naturales. Su muerte cierra el expediente criminal del mayor asesino serial de la nota roja mexicana, pero deja abiertas preguntas sobre las víctimas no identificadas y la responsabilidad institucional en uno de los casos más graves de feminicidio en el país.
Mendoza Celis murió en el mismo penal donde cumplía múltiples condenas. El 6 de agosto de 2025 había sido trasladado de emergencia al Hospital Adolfo López Mateos en Toluca debido a afecciones cardiacas, estenosis traqueal y neumonía nosocomial. Su salud se deterioró en los últimos años, y finalmente se confirmó su deceso en el centro penitenciario.
La muerte de Mendoza Celis ocurre sin que se haya completado la identificación de todas sus víctimas, un pendiente que persiste para las autoridades y las familias.
La lectura
El caso de Mendoza Celis es un ejemplo extremo de violencia feminicida y de fallas institucionales en la investigación de desapariciones. Detenido el 15 de mayo de 2021 tras un cateo en su domicilio en la colonia Lomas de San Miguel, Atizapán de Zaragoza, las autoridades hallaron miles de restos óseos y pertenencias de mujeres. La Fiscalía del Estado de México confirmó mediante pruebas de ADN la identidad de Rubicela Gallegos Castillo, una de sus víctimas, el 11 de noviembre de 2021. Hasta noviembre de 2023, la Comisión de Búsqueda de Personas del Edomex había identificado formalmente a 10 de las 30 víctimas que se le atribuyen.
Mendoza Celis acumuló ocho sentencias condenatorias, incluida una de prisión vitalicia, pero solo una fracción de sus crímenes pudo ser judicializada.
La primera sentencia de prisión vitalicia se dictó el 18 de marzo de 2022. Le siguieron otras condenas: 55 años el 17 de octubre de 2022, 92 años el 18 de enero de 2023, y cuatro sentencias más de 55 años cada una en 2023, además de una octava condena de 55 años notificada el 11 de febrero de 2024. A pesar de estas resoluciones, el universo de víctimas es incierto: los restos óseos encontrados en su vivienda sugieren un número mayor de mujeres asesinadas a lo largo de más de dos décadas, entre 1994 y 2021.
La respuesta institucional se limitó a lo penal: no se ha informado de investigaciones contra autoridades que pudieron haber ignorado señales de alerta durante años.
El caso también evidenció la magnitud de la violencia y la impunidad: Mendoza Celis operó durante más de dos décadas en la Zona Metropolitana del Valle de México sin ser detectado. Su detención se produjo en 2021, después de la desaparición de una mujer en 2019, lo que sugiere que las autoridades no conectaron desapariciones previas con un patrón criminal. No se tiene conocimiento de que se haya revisado la actuación de las fiscalías locales y estatales en la investigación de las desapariciones.
Qué sigue
Con la muerte de Mendoza Celis, el proceso penal en su contra concluye. Sin embargo, quedan pendientes la identificación de las víctimas restantes y la posibilidad de que las familias accedan a la verdad y a la justicia. La Fiscalía del Estado de México no ha informado si continuará con las investigaciones para identificar los restos óseos que aún no han sido cotejados. Tampoco se ha pronunciado sobre si se abrirán líneas de investigación contra funcionarios que pudieron haber incurrido en omisiones.
El fallecimiento del feminicida no extingue la obligación del Estado de esclarecer los hechos y garantizar el derecho a la verdad de las familias.
La muerte de Mendoza Celis plantea además un debate sobre la efectividad de las condenas cuando el acusado fallece: las penas quedan sin ejecución y los procesos de identificación se frenan. Para las familias de las víctimas no identificadas, el cierre del expediente criminal representa una nueva incertidumbre. Las autoridades no han precisado cuántos cuerpos permanecen sin nombre ni si se destinarán recursos para continuar con las pruebas genéticas.
El caso del 'Monstruo de Atizapán' deja una lección sobre la necesidad de fortalecer los mecanismos de búsqueda y alerta de género, así como de investigar las desapariciones de manera oportuna. La muerte del responsable no borra la responsabilidad institucional.
