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RUTA 27 · LOW

PAS niega coalición formal en 2027, pero deja la puerta abierta

El dirigente estatal del PAS sostiene que sus reuniones con otros partidos han sido 'de cortesía', aunque no descarta un acuerdo cuando avancen los tiempos electorales. La definición llega días después de su paso por el aniversario del PAN en Sinaloa.

Ilustración editorial de Ruta 27 sobre coaliciones y negociaciones partidistas
Ilustración editorial de Ruta 27; no representa una fotografía del acontecimiento.
EN 30 SEGUNDOS

Robespierre Lizárraga Otero, dirigente estatal del PAS en Sinaloa, afirmó que su partido no ha negociado formalmente una coalición rumbo a 2027 y que sus reuniones con otros actores han sido 'de cortesía'. La declaración llega días después de su asistencia al aniversario del PAN, donde se llamó a construir un frente opositor. El PAS deja abierta la posibilidad.

El dirigente estatal del Partido Sinaloense (PAS), Robespierre Lizárraga Otero, aseguró el 21 de septiembre que su partido no ha sostenido negociaciones formales con otras fuerzas políticas para construir una coalición rumbo a 2027. Lo dijo seis días después de haber asistido a la conmemoración del 87 aniversario del Partido Acción Nacional (PAN) en Sinaloa, donde la dirigente panista Wendy Barajas Cortés llamó a las oposiciones a dialogar sobre un frente común.

La secuencia —presencia en el acto ajeno y negación de la mesa formal— describe menos una ruptura que un diferimiento. El PAS confirma que se habla, pero no que se negocie.

“He tenido reuniones con muchos actores en el plano de la cortesía, pero formalmente yo no me he sentado con nadie a discutir una coalición”, declaró Lizárraga Otero, quien dijo haber dialogado con dirigentes y representantes, incluso de alcance nacional, sin llegar a tratar candidaturas ni distribución de espacios. Sostuvo además que la agenda del partido está concentrada en seguridad, economía, salud y educación: “Nosotros no tenemos tema ahorita con las alianzas con nadie. No estamos pensando nosotros en puestos, en alianzas o en coaliciones”. Enseguida añadió que el PAS trabaja con la intención de competir con estructura propia, sin cerrar la puerta a un acuerdo posterior.

No es una postura nueva. Desde junio, el dirigente había señalado que no existían acuerdos formales rumbo a 2027 y que las definiciones electorales debían tomarse más adelante. Lo que cambió en septiembre fue el escenario: el 15 de septiembre el PAS apareció representado en el aniversario panista junto a Barajas Cortés, el presidente estatal del Partido Revolucionario Institucional (PRI), César Emiliano Gerardo Lugo, y Raúl Ibáñez, representante de Somos. En ese evento el PAN reiteró su propuesta de frente opositor, y la dirigencia priista ya había manifestado interés en explorar acuerdos con el PAN, Movimiento Ciudadano (MC) y el propio PAS. De esas tres siglas, el PAS es la única que no ha validado públicamente el acercamiento.

La lectura política

“Reuniones de cortesía” es una fórmula útil: permite sentarse a la mesa sin pagar el costo de la mesa. Un compromiso anticipado de coalición obligaría al PAS a aceptar un lugar subordinado en un frente cuyo diseño no controla, diluiría su marca local y lo amarraría a una negociación nacional cuyas condiciones aún no conoce. La ambigüedad, en cambio, conserva intacto su principal activo: una estructura territorial propia y un voto que otros partidos necesitan sumar.

Ahí está la asimetría de incentivos. El PAN y el PRI necesitan el peso local del PAS para ampliar un frente opositor; el PAS necesita saber qué se le ofrece antes de comprometerse. Frases como “no estamos pensando en puestos” funcionan, en la práctica, como una forma de fijar precio: comunican que el partido no está dispuesto a ser un apéndice del acuerdo.

Conviene separar planos. En términos legales, ningún partido tiene todavía una coalición: ese estatus nace de un convenio registrado ante la autoridad electoral conforme al calendario del proceso, y nada de eso ha ocurrido. Decir que no hay negociaciones formales es, por ahora, una afirmación sobre el estado de las conversaciones, no una situación jurídica distinta a la de los demás. La evidencia disponible tampoco permite sostener lo contrario: no hay documento público, convenio firmado ni comunicado conjunto del PAS con otra fuerza, y todas las señales provienen de declaraciones y de coincidencias en eventos. Esa es la limitación de esta lectura: el patrón político se sostiene por conducta pública, no por papel firmado.

La ambigüedad también opera hacia dentro. Un dirigente estatal que no ha comprometido la alianza conserva margen para mantener cohesionada a una militancia que, en un partido local, se juega su continuidad en cada elección intermedia. La definición de si el PAS va solo o acompañado es, para su dirigencia, la decisión que más moviliza lealtades internas y la que más conviene posponer.

Qué sigue

El propio Lizárraga fijó el criterio: cualquier definición sobre alianzas se tomará “conforme avancen los tiempos del proceso”. La evidencia no ofrece fecha, sesión ni plazo concreto para ese debate, así que la señal a vigilar no es una declaración más, sino tres hechos verificables: la eventual firma de un convenio de coalición registrado ante la autoridad electoral —requisito sin el cual ninguna alianza existe formalmente—; la reiteración del nombre del PAS por parte del PAN y del PRI en sus propias convocatorias a un frente; y la convocatoria del PAS a un órgano interno de decisión para definir si compite con estructura propia o negocia.

Mientras eso no ocurra, el dirigente conserva las dos puertas abiertas, y cualquiera de las dos que cruce primero le costará algo: si firma temprano, pierde capacidad de negociación; si se queda solo, renuncia a la posibilidad de incidir en el diseño del frente opositor en Sinaloa.