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Paz filtra candidaturas en Hidalgo: el partido que se juega el registro en 2027

La agrupación no ha publicado los criterios de su filtro ni una convocatoria de aspirantes, mientras su dirigente estatal se coloca como árbitro de las candidaturas municipales.

Ilustración editorial de Ruta 27 sobre coaliciones y negociaciones partidistas
Ilustración editorial de Ruta 27; no representa una fotografía del acontecimiento.
EN 30 SEGUNDOS

El partido Paz, de reciente constitución en Hidalgo, aplicará filtros rigurosos a sus aspirantes a candidaturas y descartará a quienes tengan antecedentes de corrupción, según su dirigente Erick Pérez Pérez. La agrupación suma más de 35 comités y 10 mil afiliados, competirá sin alianzas en 2027 y necesita superar el 3% de la votación para sobrevivir como fuerza estatal.

El partido Paz aplicará filtros rigurosos a quienes aspiren a candidaturas en Hidalgo y descartará a personas con antecedentes de corrupción u otras conductas inapropiadas, anunció su dirigente estatal, Erick Pérez Pérez, en plena fase de organización previa al proceso electoral de 2027. El anuncio no es un trámite menor: define quién controla la puerta de entrada a una boleta que repartirá 84 presidencias municipales y 30 diputaciones locales. Y llega sin que hasta ahora se conozcan convocatoria pública ni criterios escritos para aplicar ese filtro.

Paz se presenta como una estructura en construcción. Según Pérez Pérez, la agrupación suma más de 35 comités municipales y más de 10 mil afiliados provenientes de su proceso de constitución, y su fase inicial de organización debe cerrar antes de diciembre, justo antes del arranque formal del proceso electoral. La secretaria general, Gloria Hernández Madrid, puso el acento en el mismo punto: construir una estructura de representación electoral sólida antes de lanzar una campaña masiva de afiliación. La ruta, según la dirigencia, combina visitas directas a comunidades con reuniones con líderes locales y con ciudadanos sin experiencia en política.

Dos condiciones ordenan su estrategia. La primera es de sobrevivencia: Pérez Pérez situó en más del 3% de la votación el umbral para conservar relevancia en la política estatal, el porcentaje que él mismo identifica como condición de peso. La segunda es de aislamiento: competirán de forma independiente porque la legislación impide que los partidos de nuevo registro se coaliguen en su primer proceso electoral. "Defendemos nuestra autonomía y no buscaremos alianzas con Morena ni con ningún otro partido", afirmó.

Un filtro con destinatario político

Descartar perfiles con antecedentes de corrupción es difícilmente objetable como discurso. El problema es de diseño: la evidencia disponible no precisa qué instancia aplica el filtro, con qué criterios, en qué plazos ni con qué derecho de audiencia para el señalado. Sin reglas publicadas, un filtro discrecional sirve igual para proteger la ética interna que para resolver diferencias entre aspirantes antes de que se conviertan en conflicto abierto. Hay además una tensión de origen: la dirigencia anuncia reclutamiento de ciudadanos sin experiencia política y, al mismo tiempo, altos estándares de ética. Ambas cosas caben en la misma frase; ambas requieren reglas que todavía no se conocen.

La lectura política

En un partido en formación, el control del acceso a las candidaturas es el activo más valioso que existe. No hay aún precandidaturas registradas ni padrón público de aspirantes: lo que hay es una dirigencia que se coloca en posición de decidir, municipio por municipio, quién será el rostro de Paz en 2027. Eso ordena lealtades antes de que la ley electoral imponga mecanismos de competencia interna, y convierte a Pérez Pérez en árbitro de su propia sucesión territorial. El filtro, en la práctica, funciona como herramienta de selección política mientras no existan criterios verificables.

El segundo movimiento es la autonomía. Al rechazar alianzas —una decisión que, según el propio dirigente, la legislación ya le impone—, Paz se presenta ante el electorado como oferta diferenciada y no como socio de nadie. El efecto electoral, sin embargo, es incierto: un partido que compite solo en su primera elección necesita un piso de votos propios, y no hay evidencia disponible sobre a qué fuerza le disputaría cada uno de sus comités. De dónde salgan esos sufragios determinará si su crecimiento fragmenta el voto municipal o si resta a quien hoy gobierna. Falta, para sostener cualquier pronóstico, la geografía electoral de esos 35 comités y algún dato de intención de voto.

La señal hacia dentro es disciplina; hacia fuera, perfil propio. El riesgo es que un partido sin candidatos conocidos no administra votos, administra expectativas. Si en 2027 no convierte comités en sufragios, el filtro y la autonomía dejarán de ser banderas y pasarán a explicar una derrota.

Qué sigue

El calendario lo fijó la propia dirigencia: cerrar la fase inicial de organización antes de diciembre, cuando arranque formalmente el proceso electoral de Hidalgo. En ese plazo se sabrá si Paz publica las reglas de sus filtros —instancia, criterios, plazos y vía de impugnación— o si mantiene la discrecionalidad como método. También queda pendiente cómo traduce estructura en votos: los comités se medirán en las urnas municipales y el 3% será la prueba con la que la dirigencia ya se comprometió por escrito ante la opinión pública.