RUTA 27 · LOW
PRD Tlaxcala descarta coalición con PRI y PAN y busca encabezar 2027
Cambrón Soria condiciona cualquier pacto electoral a que el tricolor y el blanquiazul queden fuera del bloque, y menciona a la diputada Laura Flores Lozano como perfil posible a la gubernatura.

El dirigente del PRD en Tlaxcala, Juan Manuel Cambrón Soria, descartó una coalición con el PRI y el PAN para 2027 y condicionó cualquier acuerdo a que esos partidos queden fuera. También mencionó a la diputada Laura Flores Lozano como posible perfil a la gubernatura. El PRDT evita ser satélite del bloque opositor y busca negociar desde una posición propia.
El Partido de la Revolución Democrática en Tlaxcala (PRDT) descartó integrarse a una coalición electoral con el PRI y el PAN rumbo a 2027. El dirigente estatal Juan Manuel Cambrón Soria adelantó la decisión y le puso condición a cualquier acuerdo futuro: que ni el tricolor ni el blanquiazul formen parte del bloque. El anuncio llega cuando Tlaxcala se prepara para renovar gubernatura, Congreso local y ayuntamientos en una elección concurrente con la federal, y coloca al perredismo estatal en una posición que hasta ahora no había ensayado: negociar desde afuera de la alianza opositora en lugar de subirse a ella.
Un descarte con dos destinatarios
Cambrón Soria sostuvo que las coaliciones concretadas en 2021 y 2024 dejaron resultados contraproducentes para su instituto político, por lo que descartó repetir la fórmula. Es una evaluación interna, no una resolución de autoridad electoral: según su dirigente, el PRDT mantiene abierta la posibilidad de construir acuerdos con otras fuerzas políticas, siempre que PRI y PAN queden fuera de ese eventual bloque.
El dirigente también afirmó que el partido cuenta con perfiles propios para competir por distintos cargos y mencionó a la diputada local Laura Flores Lozano entre las personas que podrían ser consideradas para la titularidad del Poder Ejecutivo estatal. No hay definición formal: aclaró que dentro del partido aún no existe resolución sobre candidaturas o alianzas y llamó a respetar los tiempos de la legislación electoral.
Ese llamado funciona también como acusación velada. Cuestionó que distintas fuerzas políticas recurran a figuras como los “coordinadores” para realizar actividades que, a su consideración, podrían parecerse a la promoción anticipada, y ubicó el recurso en Morena, en el PRI y en el PAN. “Bonitos nos veríamos haciendo exactamente lo mismo que estamos criticando”, expresó.
La lectura política
El descarte hace tres cosas a la vez.
Primero, fija un precio. Un partido pequeño que declara por anticipado que no irá con el bloque mayoritario del espectro opositor deja de ser un satélite previsible y se convierte en un actor cuya incorporación hay que negociar. La condición —sin PRI ni PAN— no cierra la puerta: la abre en otra dirección, hacia acuerdos con fuerzas distintas o hacia una candidatura propia que le permita defender su presencia local y su lugar en el reparto de espacios.
Segundo, ordena la casa hacia adentro. Mencionar a una diputada local como perfil posible para la gubernatura opera, en la práctica, como un posicionamiento: no es una candidatura ni una precandidatura en términos legales —no hay registro, no hay convocatoria, no hay plazo abierto—, pero sí envía la señal de que el PRDT quiere encabezar y no subordinarse. Para una fuerza que sobrevive en el ámbito estatal después de que el PRD perdió su registro nacional en 2024, mostrar cuadros propios es también una forma de alegar vigencia.
Tercero, define una identidad. La crítica al eufemismo de los “coordinadores” es una maniobra de doble filo: le da un lugar moral frente a partidos con más recursos y presencia permanente, y le impone a su propia militancia un límite que después será incómodo de eludir si el partido entra en promoción temprana por otras vías. Es un compromiso barato hoy y costoso mañana, y conviene leerlo como eso, no como una garantía.
Nada de esto equivale todavía a una ruptura del espacio opositor en Tlaxcala. Un descarte verbal, sin acta ni resolución partidista, puede revisarse cuando el calendario apriete, las encuestas ordenen el tablero y las dirigencias nacionales entren a negociar. Lo que sí cambia es el punto de partida: quien quiera sumar al PRDT tendrá que pagar más que antes. Falta un dato para medir cuánto pesa realmente el anuncio: la votación que el partido obtuvo en 2024 y el estado de su registro local, que la evidencia disponible no detalla.
Qué sigue
El Instituto Tlaxcalteca de Elecciones (ITE) deberá publicar y ejecutar el calendario del proceso local, que es el que determina cuándo arrancan precampañas y campañas y, con ello, el momento en que declaraciones como estas dejan de ser opinión y se vuelven actos fiscalizables.
En paralelo, el PRDT tendrá que resolver internamente si sostiene el descarte, si postula cuadro propio a la gubernatura y cómo se acomoda en las candidaturas de ayuntamientos y Congreso local, donde su capacidad de negociación es mayor. Del otro lado, PRI y PAN definirán si repiten la alianza de 2024 sin el perredismo o ensayan otra fórmula. La primera prueba verificable no serán las declaraciones, sino el registro de convenios de coalición y plataformas.