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PRI Chihuahua condiciona alianza con PAN al reloj de las precampañas
Alejandro Domínguez advirtió que si el calendario electoral se mueve, la ventana para cerrar la coalición se comprime. El PRI estatal convierte la fecha en argumento de negociación.

El dirigente del PRI en Chihuahua, Alejandro Domínguez, advirtió que el arranque de las precampañas —previsto para diciembre— podría modificar los tiempos para pactar una coalición con el PAN. No hay convenio registrado ni candidatura alguna: por ahora es un posicionamiento que convierte el calendario electoral en moneda de cambio rumbo a 2027.
El dirigente estatal del PRI en Chihuahua, Alejandro Domínguez, le puso fecha a la incertidumbre: el arranque de las precampañas, previsto inicialmente para diciembre, podría modificar los tiempos para cerrar un acuerdo de coalición con el PAN. La frase no anuncia un pacto ni lo descarta; hace algo más útil para él: convierte el calendario electoral en el reloj que manda en la negociación.
El dato importa porque los convenios de coalición deben quedar registrados ante la autoridad electoral antes de que arranquen formalmente las precampañas. Ese hito funciona como fecha límite de facto: reparto de candidaturas, encuestas para decidir quién encabeza cada fórmula y firma del convenio tienen que caber en la ventana previa. Si el calendario local se adelanta, la ventana se encoge; si se corre, se abre. Domínguez no dijo cuál de los dos escenarios ocurrirá, y la autoridad electoral estatal tampoco lo ha precisado.
Chihuahua es, además, uno de los territorios donde la sobrevivencia del PRI pasa por la alianza. La entidad renueva la gubernatura en 2027, junto con el Congreso local y los ayuntamientos, y el partido llega a esa cita con una estructura municipal que todavía pesa en el territorio y un voto propio que, por sí solo, no le alcanza en varios distritos. El PAN necesita esos votos donde su marca no llega. La pregunta no es si ambos partidos quieren el acuerdo, sino a qué precio y con qué reloj.
Lo que Domínguez dijo y lo que no
El dirigente habló de tiempos, no de contenidos ni de nombres. Esa elección de palabras sugiere que la discusión está en la fase de reparto —cuántas diputaciones locales, cuántas alcaldías, quién encabeza cada planilla— más que en la de programa. También indica que el acuerdo no está cerrado: cuando una coalición ya está cocinada, los dirigentes anuncian el convenio, no el calendario. Hasta ahora no existe convenio de coalición registrado, ni precandidatura formal, ni siquiera un anuncio conjunto PRI-PAN. Lo único verificable es un posicionamiento público.
La lectura política
En la práctica, la declaración cumple tres funciones. Primero, fija un plazo público: al nombrar diciembre como referencia, Domínguez le pone costo político a la demora de cualquiera de los dos lados. Segundo, reserva la conducción de la negociación en el comité estatal y evita que la decisión se le vaya a las dirigencias nacionales, terreno donde el PRI y el PAN han acumulado más desencuentros que acuerdos. Tercero, manda una señal doble: a Morena le recuerda que el frente opositor sigue vivo en el estado; al PAN le advierte que el tiempo forma parte del precio.
El movimiento no convierte a nadie en candidato. Ni Domínguez ni ningún otro actor mencionado queda en posición de precandidatura por esta declaración: se trata de la antesala de una negociación de coalición, no de una candidatura registrada. El límite legal es claro y conviene subrayarlo: sin convenio registrado ante la autoridad electoral no hay coalición; sin convocatoria interna no hay precandidatura. Lo que sí cambia es el margen de maniobra, y ese margen hoy lo administra, o intenta administrarlo, el dirigente estatal.
Falta una pieza para medir la fuerza real del planteamiento: la posición de las dirigencias nacionales de ambos partidos, que no aparece en la declaración. Sin ese elemento no puede saberse si la negociación se conduce desde Chihuahua o si quedará subordinada a la política nacional, donde el entendimiento entre PRI y PAN ha sido más frágil.
Qué sigue
- La aprobación y publicación del calendario electoral estatal, con la fecha precisa de inicio de precampañas. Ese es el dato que hoy falta y el que ordena todo lo demás. - El plazo legal para registrar el convenio de coalición, que operará como la fecha límite real de la negociación. - Si PRI y PAN instalan o no una mesa formal de negociación y quién la conduce: comité estatal o dirigencias nacionales. - Las fórmulas que cada partido reclamaría: gubernatura, diputaciones locales y ayuntamientos. - Cualquier pronunciamiento de las dirigencias nacionales, que en los hechos puede adelantar o congelar el acuerdo estatal.