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RUTA 27 · MEDIUM

PVEM amarra Nayarit con Bugarín y convierte votos en candidaturas rumbo a 2027

La senadora Jasmine Bugarín encabeza la apuesta verde en una de las 17 gubernaturas en disputa. El partido que en 2018 obtuvo 4.78% negocia ahora posiciones con el peso de sus 14 senadores y 62 diputados.

Ilustración editorial de Ruta 27 sobre coaliciones y negociaciones partidistas
Ilustración editorial de Ruta 27; no representa una fotografía del acontecimiento.
EN 30 SEGUNDOS

El PVEM colocó a la senadora Jasmine Bugarín como su carta para la gubernatura de Nayarit, una de las 17 que se disputarán en 2027, y con ello exhibe el precio de su alianza con Morena: el partido que en 2018 sacó 4.78% hoy negocia candidaturas con el peso de sus 14 senadores y 62 diputados. El PT perdió Baja California Sur en la misma mesa.

El Partido Verde (PVEM) amarró la candidatura a la gubernatura de Nayarit: la senadora Jasmine Bugarín será su carta en una de las 17 entidades que renovarán el Ejecutivo en 2027, de acuerdo con la información publicada por Reforma el 30 de septiembre de 2026. La designación no es un detalle de agenda local: es la pieza visible de un reparto que el Verde negoció con Morena y que traduce en candidaturas su peso legislativo.

No es el único estado en la mesa. En Quintana Roo el partido respaldaría al senador Eugenio Segura, identificado como ahijado político de Mara Lezama y ubicado en el grupo de Jorge Emilio González, el “Niño Verde”, dueño del partido. En Baja California Sur la carta es el diputado federal Manuel Cota, que llegó a San Lázaro como cuota del PVEM y que, aunque se asume morenista, es contabilizado como pevemista. En San Luis Potosí irá la senadora Ruth González, esposa del gobernador Ricardo Gallardo.

El Partido del Trabajo (PT) intentó lo mismo y lo logró a medias: condicionó la candidatura de Nuevo León, que recayó en Clara Luz Flores, pero perdió Baja California Sur, donde presionó por el alcalde de Los Cabos, Christian Agúndez, y Morena se negó a entregársela. Ninguno de los aspirantes que respaldaba —Raúl Morón en Michoacán, Rafael Marín en Quintana Roo y Andrea Chávez en Chihuahua— obtuvo el nombramiento, y el partido incluso valora competir solo en Zacatecas con la senadora Geovanna Bañuelos.

Las cifras explican por qué el Verde puede sentarse a esa mesa. En 2018 obtuvo 4.78% de la votación, uno de sus pisos más bajos desde 2000; en 2024, ya en alianza con Morena, escaló a 8.39%, con 62 diputados y 14 senadores, y sus municipios gobernados pasaron de 75 a 217. La dirigente del PVEM, Karen Castrejón, celebró la noche del lunes la presentación de los aspirantes: “Desde el Partido Verde seguimos avanzando con compromiso y cercanía, fortaleciendo nuestro trabajo en favor de México”, dijo, y difundió una imagen junto a la presidenta nacional de Morena, Ariadna Montiel.

La lectura política

Legalmente no hay todavía candidatura alguna: no existe convocatoria, no hay coalición registrada ante las autoridades electorales ni postulación formal, que corresponde al calendario de 2027. Lo que hay es un reparto anticipado entre socios, y ahí está su función: “nominación” nombra un acuerdo político, no un acto jurídico. En la práctica, Bugarín es una precandidatura de facto, y su utilidad inmediata es ordenar la sucesión estatal del bloque oficialista antes de que la disputa se abra.

Cada actor cobra distinto. El PVEM convierte en candidaturas un poder que no construyó solo en las urnas: sus 14 senadores y 62 diputados son necesarios para las reformas constitucionales de la 4T y ese es el activo con el que negocia. Morena paga con posiciones lo que necesita en el Congreso y evita abrir su propio proceso a una interna costosa. El PT recibe la señal inversa: acompañar la coalición no bastó para traducir presión en nominaciones. Y el costo del arreglo se ve en un diputado que dice ser de Morena y se cuenta como verde: las fronteras de la alianza son porosas, y un anuncio hecho con meses de anticipación no es irreversible.

Qué sigue

El primer paso verificable es la formalización: la convocatoria del proceso local en Nayarit y el registro del convenio de coalición ante las autoridades electorales. Sin eso, Bugarín sigue siendo aspirante, no candidata. Falta también saber si las cartas de Quintana Roo, Baja California Sur y San Luis Potosí se procesan como coalición o como candidaturas propias, decisión que revela cuánto está dispuesto Morena a compartir en cada estado.

El otro marcador es el PT: si concreta su amenaza de competir solo en Zacatecas con Geovanna Bañuelos, quedará a la vista si la alianza tiene reglas o solo capacidad de repartir entre quienes más pesan. Y ningún anuncio sustituye el filtro interno de Morena en los estados donde el Verde reclama la casilla. Hasta que esos trámites se resuelvan, la nominación de Bugarín es una posición ganada, no una candidatura consumada.