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PVEM CDMX busca ir solo en 2027 y Sesma se apunta para 2030
El Verde capitalino condiciona la coalición con Morena a la "equidad" y calcula ganar dos alcaldías sin la estructura morenista; en 2024 aportó 11.9% de los votos al Congreso local.

Jesús Sesma, secretario general del PVEM en la Ciudad de México, afirmó que su partido debe prepararse para competir solo en 2027 y dejó abierta la coalición con Morena, pero sin subordinación. También se declaró aspirante a la Jefatura de Gobierno en 2030. El Verde aportó 11.9% de los votos locales en 2024 y ayudó a ganar seis alcaldías, pero perdió cuatro diputados locales ante Morena en 2025.
Jesús Sesma, secretario general del Partido Verde Ecologista de México (PVEM) en la Ciudad de México, sostuvo que su partido debe construirse "con una visión de ir solos" hacia las elecciones de 2027 y, en la misma entrevista, se apuntó como aspirante a la Jefatura de Gobierno para 2030. La alianza con Morena, dijo, "todavía está abierta", pero no en un grado de subordinación. La formulación se lee menos como ruptura que como ajuste de precios: el Verde quiere sentarse a negociar con votos propios en la mano y no como apéndice de la estructura morenista.
En 2027 se disputarán 16 alcaldías y 66 diputaciones locales. Sesma afirma que el partido ya tiene perfiles en pláticas y que puede ganar al menos dos alcaldías compitiendo solo, aunque se negó a decir cuáles: "si no me van a poner el dedo en el renglón". Menciona como territorios donde concentra fuerza Xochimilco, Milpa Alta, Tláhuac y Tlalpan, y como bastiones de sus diputados locales Iztacalco e Iztapalapa. El peso del Verde no es anecdótico: en 2024 obtuvo 11.9% de los votos para el Congreso capitalino, frente al 27.7% de Morena y el 8.9% del Partido del Trabajo (PT), y sus sufragios fueron decisivos en seis alcaldías donde la coalición oficialista superó a la alianza PAN-PRI-PRD.
El bastión que el Verde mide en territorio
Su herramienta para traducir ese porcentaje en presencia es el programa Guardianes Verdes, con el que dice haber recolectado más de 67 mil denuncias ciudadanas entre abril y la primera mitad de septiembre, canalizadas hacia alcaldías y hacia el gobierno capitalino que encabeza Clara Brugada. Once de las 16 alcaldías son gobernadas por Morena. Sesma sostiene que no son denuncias del partido contra una autoridad, sino denuncias ciudadanas, y plantea la operación como un mecanismo de presión pública: "utilícenos para poderle resolver a los ciudadanos". En los hechos, funciona también como una red territorial y como una forma de medir y exhibir capacidad de movilización antes de cualquier reparto de candidaturas.
El dato que incomoda a la posición de fuerza del Verde es otro: de sus siete diputados locales actuales, cuatro se fueron a Morena en 2025. El partido conserva votos, pero ha mostrado fragilidad para retener cuadros.
La lectura política
El movimiento tiene tres capas. La primera es de negociación: el PVEM es socio indispensable para la mayoría calificada que en el Congreso local se requiere, por ejemplo, para reformas a la Constitución, y en 2024 sus votos fueron la diferencia en alcaldías clave. Pero su activo no es su bancada, mermada por las salidas hacia Morena, sino su capacidad de arrastrar sufragios. De ahí la advertencia: apoyar a Brugada y a la presidenta Claudia Sheinbaum, sí; hacerlo sin que el acuerdo se traduzca en candidaturas y territorios propios, no.
La segunda es de incentivos. Ir en coalición le garantiza sobrevivencia y acceso al aparato, pero diluye su marca y lo expone a que sus cuadros terminen absorbidos, como ya ocurrió con cuatro legisladores. Ir solo le da identidad y le permite capitalizar el descontento territorial, pero lo deja fuera del reparto si la oposición se fragmenta. Decir que la alianza sigue abierta, pero no en subordinación, es mantener ambos escenarios vivos mientras el calendario no obligue a definirse.
La tercera es de tiempo y alcance. El anuncio sobre 2030 no constituye candidatura, ni precandidatura registrada, ni siquiera un proceso interno formal: es una aspiración declarada públicamente que opera como posicionamiento. Funciona para ordenar al partido alrededor de un nombre, para instalarlo en la conversación sucesoria de la coalición gobernante en la ciudad y para recordarle a Morena que el Verde cobra caro su lealtad. Lo que todavía no existe es cualquier respaldo medible: ni encuesta, ni método de selección, ni aval explícito de la dirigencia nacional.
Qué sigue
Lo verificable en el corto plazo es acotado. Primero, la definición de los perfiles para las 16 alcaldías y las 66 diputaciones locales, que Sesma dice ya estar en pláticas. Segundo, la decisión sobre coalición, que depende de los convenios que permita el calendario que apruebe la autoridad electoral local y del cálculo de Morena sobre cuánto necesita al Verde para repetir la mayoría. Tercero, la evidencia de si Guardianes Verdes se sostiene como estructura de quejas o se convierte en plataforma de campaña. El resultado de 2027 —cuántas alcaldías gana con o sin Morena— será el único parámetro serio para medir si la aspiración de 2030 tiene base material o se queda en declaración.