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Ramiro López Obrador descarta 2027 y pone el apellido a prueba en encuestas

El secretario de Gobierno de Tabasco dijo que su aspiración es “irme a mi terrenito a descansar”, justo después de que Pío López Obrador y Andrés Manuel López Beltrán se registraran en el proceso interno de Morena.

Ilustración editorial de Ruta 27 sobre encuestas de opinión pública
Ilustración editorial de Ruta 27; no representa una fotografía del acontecimiento.
EN 30 SEGUNDOS

José Ramiro López Obrador, secretario de Gobierno de Tabasco y hermano del expresidente, descartó competir en 2027 y 2030: “mi aspiración es irme a mi terrenito a descansar”. Lo dijo después de que Pío López Obrador y Andrés Manuel López Beltrán se registraran en el proceso interno de Morena. Su mensaje: el apellido no garantiza candidatura, la encuesta decide.

José Ramiro López Obrador, secretario de Gobierno de Tabasco y hermano del expresidente Andrés Manuel López Obrador, descartó competir por un cargo de elección popular en 2027 o 2030 y puso su aspiración personal fuera de la política: “Mi aspiración que tengo es irme a mi terrenito allá, a descansar más adelantito”. La declaración no es un dato menor en el mapa interno de Morena: se produce después de que su hermano Pío López Obrador y su sobrino Andrés Manuel López Beltrán se registraran en el proceso interno del partido para las coordinaciones de Defensa de la Transformación y de la Soberanía Nacional.

El funcionario estatal aclaró que su prioridad hoy es cumplir con sus responsabilidades en la administración de Tabasco, a la que llegó por invitación del gobernador Javier May, y negó tener deseo de registrarse en el proceso interno para alguna de esas coordinaciones. Con eso, el hombre que ocupa la segunda posición política del estado se resta de una boleta, pero no del juego: la Secretaría de Gobierno es la oficina que opera la relación con municipios, con el Congreso local y con la estructura territorial del partido en Tabasco.

Dos registros en Morena y una negativa familiar

Cuestionado sobre los registros de Pío y de “Andy”, José Ramiro respondió con una regla en lugar de un pronóstico: consideró que ambos están en su derecho de aspirar, pero sostuvo que el parentesco no garantiza nada y que deberán obtener el respaldo en las encuestas de Morena. “Aunque sea familiar, tiene que pasar por las urnas”, declaró, y añadió: “Si ganan la encuesta estos parientes míos que están ahí, ¿qué dicen ustedes? Si la ganan, van a pasar, pero si no la ganan, pues que se vayan a trabajar en otro lado”.

Su negativa a competir no vino acompañada de una explicación sobre si fue consultada con la dirigencia de Morena, con el expresidente o con el gobernador May. Ese dato no está en la evidencia disponible y, sin él, la declinación puede leerse igual como decisión personal que como pieza de un acomodo familiar. Lo que sí es verificable es el contraste: dos parientes se registran para posicionarse y un tercero, con cargo en el gobierno de un estado clave para Morena, anuncia que se baja.

Conviene separar niveles. Una candidatura formal no existe para nadie en este momento: las candidaturas a la Cámara de Diputados en 2027 se registran ante el Instituto Nacional Electoral (INE) conforme al calendario que ese órgano apruebe, y la sucesión presidencial de 2030 apenas tiene aspirantes en conversación. Lo que hay hoy son aspiraciones y posicionamiento. Y en el caso de las coordinaciones de Morena, la figura tiene antecedente: en 2023 el proceso interno usó la “coordinación de la Defensa de la Transformación” para designar a su candidata presidencial antes de que existiera candidatura formal. Es decir, funciona en la práctica como una precandidatura de facto, aunque legalmente no lo sea.

La lectura política

La frase del secretario de Gobierno tabasqueño hace dos cosas a la vez. Hacia afuera, desactiva la sospecha de nepotismo que la oposición suele colgarle al apellido López Obrador: si el propio hermano del expresidente dice que el parentesco no es boleto, el costo reputacional de los registros familiares baja. Hacia adentro, fija una regla de reparto —la encuesta— que conviene a quien no va a competir y que incomoda a quien sí: Pío y Andrés Manuel López Beltrán quedan solos frente al mecanismo que decide, sin un competidor cercano que pudiera dividir el voto del mismo capital simbólico.

El movimiento también ordena Tabasco. May gobierna un estado donde Morena concentra poder y donde cualquier competencia interna por posiciones de 2027 amenaza con trasladar la disputa familiar al terreno local. Un secretario de Gobierno en campaña es un secretario de Gobierno distraído; uno que anuncia su retiro es un operador disponible para negociar listas, municipios y candidaturas. Ahí está el incentivo práctico: José Ramiro no gana una candidatura, gana margen para administrar las de otros.

Queda un límite claro. La evidencia no permite afirmar que la declinación haya sido acordada, ni que responda a un sondeo previo, ni que exista una instrucción del expresidente. Tampoco hay elemento para sostener que su salida del juego electoral sea definitiva: la política mexicana tiene ejemplos abundantes de “me retiro” que se convirtieron en “me registran”. Lo único formal, por ahora, es que no hay candidatura, no hay precandidatura y no hay registro.

Qué sigue

El siguiente hito verificable es la resolución del proceso interno de Morena para sus coordinaciones, con encuestas y resultados que definirán si los registros de Pío y Andrés Manuel prosperan. Después vendrá el calendario electoral de 2027 y el registro formal de candidaturas ante el INE. En Tabasco, la pregunta inmediata es si José Ramiro permanece en la Secretaría de Gobierno de May o si su anuncio de “terrenito” anticipa una salida del gabinete estatal.