RUTA 27 · MEDIUM
Renuncia en el IEPCT mete ruido a 2027 y abre puja por sucesor
El diputado y aspirante Jorge Bracamonte calificó el episodio como un ruido para el proceso electoral 2027 y sostuvo que la salida de Jorge Alberto Zavala Frías fue decisión exclusiva del instituto, que también elegirá a quien lo releve. El IEPCT aún no se pronuncia oficialmente

Jorge Alberto Zavala Frías renunció el 15 de septiembre como secretario ejecutivo del IEPCT tras la difusión de contenido a favor de Daniel Casasús, aspirante de Morena a la alcaldía de Centro. Cuatro consejeros habían pedido su remoción. El diputado Jorge Bracamonte dijo que el error “mete ruido” al proceso 2027. El instituto no se ha pronunciado ni nombrado sucesor.
Jorge Alberto Zavala Frías renunció el 15 de septiembre de 2026 como secretario ejecutivo del Instituto Electoral y de Participación Ciudadana de Tabasco (IEPCT), y un día después el diputado y aspirante Jorge Bracamonte advirtió que el error que se le atribuye “mete ruido” al proceso electoral 2027. El organismo cierra la semana sin pronunciamiento oficial, sin titular en su cargo operativo y con el fondo del asunto intacto: la conducta que se le imputa —promover el contenido de un aspirante— no ha sido acreditada en ninguna resolución. La desactivó una renuncia.
El detonante fue la difusión, mediante un estado de WhatsApp, de un video de Daniel Casasús, aspirante de Morena a la alcaldía de Centro, en lo que se leyó como promoción de su aspiración. Zavala Frías sostuvo que se trató de un error. Cuatro consejeros —Monserrat Martínez Baeurregard, Ruth Lizette Toledo, Ángela Guadalupe Araujo y Hernán González Sala— pidieron por escrito su remoción inmediata y argumentaron que se vulneraron los principios de imparcialidad, independencia, objetividad y certeza. Poco antes, en el Congreso de Tabasco, el diputado Erubiel Alonso había solicitado su separación del cargo y planteado la posibilidad de una elección a modo. Zavala renunció antes de que el Consejo se pronunciara sobre esa solicitud, y el IEPCT no ha emitido posición oficial.
El cargo que queda vacante no decide el sentido de las resoluciones, pero sí opera la maquinaria administrativa del instituto: en el diseño habitual de los organismos electorales locales, la secretaría ejecutiva conduce el aparato técnico y participa en las sesiones con voz, sin voto. Eso explica por qué un episodio de difusión personal comprometió de inmediato la percepción de imparcialidad del instituto completo, y por qué su sucesión será leída como señal.
Bracamonte fijó el marco con el que se medirá esa sucesión: el IEPCT “debe fomentar la confianza en Tabasco”, el error no debe repetirse y la decisión sobre la renuncia —y sobre quien releve a Zavala— corresponde únicamente al instituto. Diputado y aspirante a la vez, evitó pronunciarse sobre el fondo. La evidencia disponible no precisa a qué posición aspira ni su filiación partidista, dato que sí importa: sin él no puede medirse si su llamado a la confianza funciona como exigencia de neutralidad institucional o como contención de competencia interna en el mismo territorio electoral.
La lectura política
La renuncia cumple una función de contención. Al salir antes de una votación, Zavala evita que el Consejo fije por escrito criterios sobre proselitismo atribuido a personal del instituto y desactiva la exigencia de los cuatro consejeros firmantes. El caso se cierra por los hechos, no por una resolución: en términos legales no hay, con esta evidencia, determinación que acredite la conducta ni sanción alguna. Para el instituto eso es alivio inmediato y costo diferido, porque la vacante la nombra el propio IEPCT y, en la práctica, esa designación se convierte en el primer examen de equilibrio interno entre la presidencia y los consejeros que firmaron la remoción.
El episodio también envía una señal al sistema político de Tabasco a un año del arranque formal del proceso 2027: la parcialidad visible de un operador electoral tiene precio, y ese precio se paga con la salida. Para los aspirantes de todos los partidos el mensaje es doble. Uno, que la difusión de contenido en canales personales de funcionarios electorales es rastreable. Dos, que el árbitro del 2027 estará bajo escrutinio reforzado, lo que vuelve más valiosa la interlocución con quien administre el instituto.
Bracamonte habla desde dos posiciones simultáneas, legislador y aspirante, sin haber registrado candidatura alguna. En la práctica, su declaración funciona como posicionamiento sobre la neutralidad del árbitro: marca el estándar sin empujar nombres y se distancia de la promoción atribuida a Casasús sin abrir un frente con las corrientes internas de su propio espacio político. Gana margen para exigir imparcialidad más adelante; pierde la posibilidad de disputar la lectura del caso donde realmente se decidió.
Qué sigue
El paso inmediato es el pronunciamiento del Consejo Estatal del IEPCT: si acepta la renuncia en sesión, si designa a alguien para despachar la secretaría ejecutiva y qué procedimiento fija para elegir al titular definitivo. De ese calendario depende que la vacante se resuelva antes del diseño operativo del proceso 2027 —presupuesto, capacitación, logística— o que se prolongue como punto de fricción permanente.
En paralelo, el Congreso de Tabasco puede repetir el llamado de certeza y usar la vacante como palanca en la discusión presupuestal del instituto. Si un partido o un aspirante presenta denuncia por el contenido difundido, la ruta institucional sería el propio IEPCT y, en su caso, el Tribunal Electoral del Estado de Tabasco; nada indica hasta ahora que ese procedimiento esté abierto. La pregunta que ordenará las próximas semanas es quién queda como interlocutor operativo del 2027 y con qué contrapesos internos.