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RUTA 27 · LOW

Romero deja abierta su salida de la dirigencia de Morena rumbo a 2027

La dirigente dijo que hará público ante los medios el momento en que deje el cargo. En el partido reconocen que el proceso de coordinaciones se resolvió con encuestas y designaciones, y que más de 200 inscritos compiten por 17 espacios estatales.

Ilustración editorial de Ruta 27 sobre encuestas de opinión pública
Ilustración editorial de Ruta 27; no representa una fotografía del acontecimiento.
EN 30 SEGUNDOS

Olga Lucía Romero, presidenta de Morena en Guerrero, dijo que si se registra a una coordinación lo hará de forma transparente y que anunciará en conferencia cuando decida separarse de la dirigencia. Aún no lo decide. Su caso ilustra el método morenista rumbo a 2027: más de 200 aspirantes para 17 coordinaciones estatales y listas que no se han publicado.

Olga Lucía Romero, presidenta de Morena en Guerrero, afirmó en conferencia de prensa que si se registra a alguna "coordinación" lo hará "de manera transparente y en tiempo y forma", y aclaró que aún no ha tomado la decisión de separarse del cargo; cuando lo decida, dijo, lo hará público ante los medios. En términos formales no hay renuncia, no hay registro confirmado y no hay candidatura. Políticamente, en cambio, la dirigente colocó sobre la mesa el primer paso de cualquier aspiración dentro de Morena: definir si deja la dirección del partido antes de competir por uno de los espacios con los que la fuerza gobernante ordena su oferta electoral rumbo a 2027.

Su declaración ocurrió en un contexto que ayuda a medirla. El representante morenista ante los órganos electorales, Alfonso Bermúdez Rodríguez, dijo que esperan que la Comisión Nacional de Elecciones haga pública la lista de registros y reconoció que, al haberse realizado en línea y tratarse de decisiones personales, la información aún no es pública: solo se conocen los casos de quienes los reconocieron por cuenta propia. Puso como ejemplo Chihuahua, donde Andrea Chávez fue designada coordinadora para Ciudad Juárez, y sugirió que la encuesta aplicada para la coordinación estatal pudo ser la medición que definió esa designación.

El vocero del partido, Agustín Guerrero Castillo, descartó fracturas. Ofreció, sin embargo, la cifra que explica por qué la pregunta sigue abierta: para las coordinaciones estatales se inscribieron más de 200 personas y solo hay 17 espacios. Sostuvo que el mismo esquema se replicará en los 300 distritos federales y que, al final, la unidad tendrá que darse.

Un embudo con listas que nadie ha visto

Las cifras describen una competencia de más de diez aspirantes por lugar. Y describen, sobre todo, una etapa en la que la información pública depende de que cada inscrito decida contarlo. La Comisión Nacional de Elecciones aparece así como el actor que resolverá quién queda y quién no, con la encuesta y la designación como instrumentos, según el relato de los propios dirigentes.

Ahí está el punto que da sentido al anuncio de Romero. La palabra "coordinación" no nombra un cargo público ni una candidatura registrada; es la figura con la que Morena ha sustituido la elección interna abierta por un procedimiento controlado desde el centro. Registrarse a una coordinación funciona en la práctica como una precandidatura de facto: coloca a quien lo hace en la ruta de la candidatura formal, pero no lo convierte todavía en candidato ante la ley electoral. Esa distinción no es un tecnicismo: define cuándo hay reglas, fiscalización y calendario obligatorios, y cuándo todo se decide todavía en la mesa del partido.

La lectura política

Para una dirigente estatal, el cargo es activo y pasivo a la vez. Activo, porque da estructura territorial, visibilidad y capacidad de negociación. Pasivo, porque quien busca un lugar mientras administra el partido queda expuesto a la acusación de usar la posición para favorecerse. Al anunciar que será transparente y que avisará cuando decida dejar el cargo, Romero conserva el activo mientras negocia y, al mismo tiempo, traslada presión a la Comisión Nacional de Elecciones: excluirla mientras sigue al frente de la dirigencia es más costoso de explicar que excluir a alguien que ya renunció.

Su caso también pone a prueba la promesa de transparencia del propio partido. Hasta ahora, lo único público son las inscripciones que los aspirantes reconocieron. La lista oficial es la prueba pendiente: ahí se sabrá cuántos dirigentes compiten sin dejar el cargo, un dato relevante cuando más de 200 personas se disputan 17 espacios y otras tantas se repartirán los 300 distritos federales.

Que el vocero haya tenido que negar fracturas es, en sí mismo, una señal del riesgo. Un proceso con tantos perdedores por diseño requiere que los excluidos acepten el resultado; la unidad, en ese esquema, no se da sola, se administra. Cada designación envía un mensaje a quienes quedan fuera y a los grupos que esperaban cuota.

La evidencia disponible no permite sostener qué espacio busca Romero, si ya sostuvo conversaciones con la Comisión Nacional de Elecciones ni si su decisión tiene fecha. Tampoco consta el texto de la convocatoria que fijaría plazos y requisitos de separación del cargo. Sin esos elementos, la afirmación correcta es acotada: dejó abierta su salida y la condicionó a una decisión que aún no toma.

Qué sigue

El siguiente punto verificable es la publicación de las listas de la Comisión Nacional de Elecciones, que los propios dirigentes dicen esperar. Después vendrán las designaciones para las coordinaciones estatales y, con ellas, la réplica del esquema en los 300 distritos federales. En ese lapso, cualquier anuncio de Romero sobre su separación del cargo será la señal más clara de si compite. También habrá que observar si los aspirantes no favorecidos presentan inconformidades formales: hasta ahora no hay constancia de impugnaciones en la evidencia disponible.