RUTA 27 · MEDIUM
Romero presume llamados de perdedores de Morena rumbo a 2027
El dirigente nacional del PAN dijo que cuadros desplazados en las coordinaciones estatales de Morena lo contactaron tras los anuncios hechos en la Ciudad de México. No ofreció nombres ni pruebas, y aprovechó el acto para adelantar que habrá alianzas.

Jorge Romero Herrera, dirigente nacional del PAN, afirmó en Tamaulipas que morenistas que no obtuvieron coordinaciones estatales lo buscaron para decirle "lo que sea, menos que llegue aquel". Lo presentó como prueba de división interna en Morena rumbo a 2027. No dio nombres ni pruebas y nadie ha confirmado los contactos. El PAN, mientras, anunció que revelará sus alianzas conforme avancen los tiem
Jorge Romero Herrera, dirigente nacional del Partido Acción Nacional (PAN), afirmó el 15 de octubre en Ciudad Victoria, Tamaulipas, que cuadros de Morena que no fueron designados como “coordinadores” en los estados con elección de gobernador en 2027 lo buscaron después de los anuncios hechos en la Ciudad de México. No dio nombres, no mostró pruebas y ningún señalado ha confirmado el contacto.
El valor del episodio no está, por ahora, en su verificabilidad, sino en su uso. El PAN convirtió una conversación privada —según su propia versión— en narrativa pública: la de un Morena dividido que se desangra mientras el blanquiazul se coloca como destino posible para cuadros ajenos. Es propaganda, pero es también una señal de mercado político.
“De todos los anuncios que hicieron allá en la Ciudad de México (…), ‘tres Doritos después’ ya nos estaban llamando los que perdieron, para decirnos ‘lo que sea, menos que llegue aquel’”, relató desde la sede estatal panista. La frase tiene dos destinatarios: los morenistas que se quedaron fuera del reparto y los propios cuadros del PAN, que necesitan creer que el viento sopla a favor. Romero la remató con una imagen dura —“Hoy Morena es la historia de Caín y Abel”— y con un segundo anuncio: los mapas de alianza del PAN con otros partidos se darán a conocer conforme avancen los tiempos electorales. “Allá donde se vislumbre un triunfo, te puedo asegurar que va a haber alianza”, sostuvo.
El proceso que cita no es menor. Morena cerró el reparto de 17 coordinaciones estatales ligadas a los estados donde habrá elección de gobernador en 2027, y en cada plaza donde un perfil quedó fuera permaneció, cuando menos, un equipo desplazado. Que alguien en esa posición levante la mano en la víspera del proceso es la materia prima del reclutamiento opositor. Falta el elemento que convertiría la declaración en noticia verificable: un nombre, un partido de destino o el registro formal de una incorporación.
El PAN también reparte coordinaciones
La parada de Romero en Tamaulipas aporta contexto útil. En el mismo acto se destaparon coordinaciones en Ciudad Victoria, El Mante y Tampico, y el partido anunció nombramientos municipales y distritales para organizar los trabajos rumbo a 2027. El PAN usa el mismo vocabulario organizativo que Morena, aunque con función distinta: ahí se trata de cargos de estructura, no de designaciones anticipadas de candidaturas. En esa entidad, además, el partido ha desplegado territorio y coquetea con el PRI y con perfiles de la sociedad civil para intentar arrebatarle a Morena el control político del estado.
Para la selección de aspirantes, Romero fijó el método: encuestas y opinión ciudadana, con la promesa de escuchar a los liderazgos, incluso ante una eventual candidatura de Francisco García Cabeza de Vaca.
La lectura política
El movimiento cumple tres funciones. Primero, instala la idea de fractura en el partido en el poder: si la unidad de la Cuarta Transformación se agrieta en la repartición de candidaturas, el desgaste deja de ser económico o de seguridad y se vuelve interno. Segundo, abre la puerta sin comprometerse: si algún cuadro de Morena termina en el PAN, Romero ya lo había insinuado; si no llega nadie, no pierde nada. Tercero, prepara el terreno para hablar de alianzas sin revelar socios ni entidades, lo que mantiene abierta la negociación con el PRI y con perfiles externos.
Hay un cálculo de incentivos detrás. Al PAN le sirven dos cosas de un perdedor de Morena: estructura territorial y notoriedad local que no tiene que construir. Y le sirve, sobre todo, el mensaje de que el oficialismo no logra contener a los suyos. El costo es doble: recibir externos choca con los cuadros propios que compiten por las mismas candidaturas, y el método de encuestas no resuelve el problema de lealtades. Una acusación sin nombres se desgasta rápido; si en semanas no aparece un caso concreto, quedará como frase de gira.
Precisión obligada: nada de esto constituye todavía candidatura, precandidatura ni coalición registrada. Y conviene distinguir figuras. Las coordinaciones estatales de Morena no son candidaturas formales, pero operan en la práctica como la designación anticipada del perfil que disputará cada gubernatura. Cuando Romero habla de “los que perdieron”, habla de quienes se quedaron sin el puesto que los colocaba en la rampa hacia la boleta. La señal que envía es doble: a Morena, que sus derrotas internas son visibles; a los suyos, que la dirigencia administrará la entrada de externos.
Qué sigue
El primer plazo observable es el que el propio Romero fijó: los mapas de alianza se conocerán en los próximos meses conforme a los tiempos electorales. Habrá que ver qué entidad se anuncia primero, con qué socio y con qué método de selección.
El segundo es si algún cuadro de Morena hace público su pase al PAN o a otro partido. Sin un caso concreto, la declaración se queda en retórica de conferencia.
El tercero es la reacción de Morena: un desmentido frontal, un silencio o un ajuste interno serán señales distintas del estado real de su unidad.
Y el cuarto, de forma: los convenios de coalición tendrán que formalizarse ante la autoridad electoral dentro del calendario de 2027. Hasta entonces, todo anuncio de alianza es intención política, no compromiso jurídico.