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RUTA 27 · MEDIUM

Ruffo se suma al consejo de Somos sin dejar su filiación panista

El primer gobernador de oposición de la alternancia se presenta como consejero de un partido en formación y, al mismo tiempo, como panista. Ni Somos tiene registro confirmado ni él una candidatura.

Ilustración editorial de Ruta 27 sobre coaliciones y negociaciones partidistas
Ilustración editorial de Ruta 27; no representa una fotografía del acontecimiento.
EN 30 SEGUNDOS

Ernesto Ruffo, exgobernador de Baja California y primer mandatario de oposición de la alternancia, confirmó que integra el consejo consultivo de Somos, un partido en formación, donde dice organizar procesos de selección de candidaturas. Sin renunciar a su filiación panista y desde la prisión domiciliaria por el caso de los ferrotanques, se coloca donde se deciden las listas rumbo a 2027.

Ernesto Ruffo Appel confirmó que forma parte del consejo consultivo de Somos, “un partido en formación de inspiración ciudadana”, donde dice ayudar a celebrar procesos de selección de candidaturas con transparencia. Lo dijo en una entrevista publicada el 5 de octubre, desde la prisión domiciliaria que cumple en Ensenada, Baja California, por el caso de los ferrotanques y el presunto huachicol fiscal, que niega.

El dato pesa por quién lo dice y por el año en que lo dice. Gobernador de Baja California entre 1989 y 1995, Ruffo fue el primer mandatario estatal de oposición de la alternancia. A los 74 años se coloca —sin dejar de asumirse panista— dentro de un vehículo partidista que todavía no aparece en ninguna boleta.

“Yo he sido siempre integrante de Acción Nacional”, afirmó unas líneas antes de reconocerse consejero de Somos. La evidencia disponible no resuelve esa doble adscripción: no precisa si conserva militancia activa en el PAN, si el consejo implica afiliación al partido en formación, quién más integra ese órgano, en qué etapa de registro está Somos ante el Instituto Nacional Electoral (INE) ni si él aspira a una candidatura. Ruffo describió su regreso como una reanimación ajena a su voluntad: “me revivieron”, dijo.

Un aval que no llega en clave de oposición dura

Su posición frente al Gobierno federal no es de antagonismo frontal. Sostuvo que hay que “ayudar” a la presidenta Claudia Sheinbaum con el asunto del huachicol fiscal, con una condición: que las investigaciones sean transparentes. Advirtió que si las cosas se precipitan mal puede sobrevenir un caos. Para una marca que se presenta como ciudadana, el matiz no es cosmético: el aval llega con un discurso de colaboración condicionada.

El hilo familiar añade otra capa rumbo a 2027. Según su relato, a su hija Verónica Ruffo la buscó el PAN para la gubernatura de Baja California después de que la defensa de su padre le diera visibilidad. Dijo que ella es ciudadana estadounidense, hija de padres mexicanos, y que debe considerar ese punto porque, sostuvo, “los de Morena andan modificando la ley de nacionalidad”. Es su versión; la evidencia no incluye el documento que la sustente.

La lectura política

Un consejo consultivo no tiene efectos jurídicos por sí mismo: el registro electoral lo obtiene el partido, no su consejo. En la práctica cumple dos funciones. Una es de legitimidad: una marca nueva necesita nombres con memoria pública, y Ruffo es el sello de la alternancia de 1989. La otra es operativa: quien ayuda a “celebrar procesos de selección” se instala donde se reparten los lugares de la boleta. No se colocó como competidor, sino como el que organiza la competencia interna. Eso vale mucho si Somos obtiene registro y esos procesos se convierten en listas reales, y casi nada si la organización se queda en el anuncio.

La doble pertenencia merece precisión. La afiliación partidista es un acto personal y verificable en los padrones que los partidos entregan al INE; sostener vínculo con el PAN y con un partido en formación no es una ilegalidad comprobada, pero sí una zona abierta que los involucrados podrían aclarar con un registro. Falta ese dato para saber si Ruffo es un simpatizante con voz o un militante en tránsito.

Los incentivos se leen en ambos lados. Somos gana un aval y una señal de que su promesa de procesos internos transparentes no depende solo de sí misma. Ruffo gana una plataforma de regreso sin pedir licencia ni someterse a una elección, y la conserva mientras su proceso penal sigue abierto: nada en la evidencia apunta a una sentencia y él niega los hechos. Para el panismo, el mensaje es incómodo: una de sus figuras fundacionales no ve en el partido su único canal.

Qué sigue

El primer dato verificable es administrativo: si Somos notificó al INE su intención de constituirse como partido nacional, en qué etapa de asambleas y afiliación está y qué órgano publica sus reglas de selección de candidaturas. De ahí se podrá medir el alcance real del papel de Ruffo.

Luego, tres frentes: si el PAN fija postura sobre la doble adscripción de quien fuera su primer gobernador y si Verónica Ruffo formaliza una aspiración en Baja California; los plazos del calendario electoral 2026-2027, que dirán si Somos llega a la boleta; y su expediente judicial, con audiencias y recursos pendientes. Por ahora, en ninguno de esos frentes hay candidatura: hay un consejero.