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Sánchez Barrios no declina en Cuauhtémoc y deja la definición a la encuesta

Otros aspirantes de Morena ya se bajaron ante la posible candidatura de Citlalli Hernández; ella sostiene que la encuesta, y no las declinaciones, debe definir la coordinación de la alcaldía.

Ilustración editorial de Ruta 27 sobre encuestas de opinión pública
Ilustración editorial de Ruta 27; no representa una fotografía del acontecimiento.
EN 30 SEGUNDOS

La diputada local Diana Sánchez Barrios dijo que no se bajará de la contienda interna de Morena por la alcaldía Cuauhtémoc rumbo a 2027, pese a las declinaciones de otros aspirantes y a los rumores que sitúan a Citlalli Hernández como candidata. Pidió esperar la encuesta. Su permanencia presiona el método con que Morena ordenará su sucesión en la capital.

La diputada local Diana Sánchez Barrios afirmó el 22 de septiembre de 2026 que no se bajará de la contienda interna de Morena y que mantiene su aspiración de competir por la coordinación de la alcaldía Cuauhtémoc rumbo a 2027. La declaración no anuncia una candidatura: anuncia una negativa. En un proceso donde ya hubo declinaciones, la legisladora se coloca como el nombre que exige que la encuesta hable antes de que la dirigencia ordene el cuadro.

El detonante son los rumores que sitúan a Citlalli Hernández como candidata de Morena en la demarcación y la consecuente salida de otros aspirantes. Sánchez Barrios respondió con una frase que mide el momento: “Yo sigo adelante. Yo no voy a decir que me bajo. Si los demás compañeros decidieron bajarse de la encuesta porque ven una figura en Citlali, esa es su determinación”. De inmediato pidió esperar el ejercicio y aceptar su veredicto: “Citlalli no ha dicho que sí (compite). Esperemos la encuesta. Que la encuesta decida”.

Su argumento es territorial y de trayectoria. Se define como la mejor opción por conocer la alcaldía donde nació y creció, y por el trabajo que dice sostener en las 33 colonias de la demarcación. “Conozco Cuauhtémoc. Nací, crecí, he trabajado toda mi vida aquí”, dijo, y agregó que aceptará si alguien más lleva la delantera “porque esa es una decisión de los habitantes”. La diputada, que coordina la Asociación Parlamentaria Mujeres por el Comercio Feminista e Incluyente en el Congreso capitalino, enlistó su agenda legislativa: vivienda, comercio popular, servicios, seguridad y espacio público.

La encuesta como árbitro, la declinación como señal

En Morena la encuesta no es sólo un método: es el instrumento con el que una decisión política se convierte en resultado medible. Quien la invoca acepta la regla, pero también la usa como coartada para no declinar hoy. Sánchez Barrios hace las dos cosas: reconoce que la encuesta decidirá y, al mismo tiempo, señala que varios compañeros se bajaron “porque ven una figura”, no porque una medición los haya derrotado. Ese señalamiento, hecho desde dentro y no desde la oposición, apunta al riesgo de que la encuesta ratifique algo ya resuelto en otra mesa.

Falta un dato para calibrar el alcance del ejercicio: la información disponible no precisa qué empresa lo levantaría, con qué universo ni en qué fecha se publicaría. Sin eso no puede saberse si la encuesta resuelve el conflicto o lo posterga, ni si su resultado sería vinculante para todos los participantes o sólo para quienes decidan permanecer.

La lectura política

Para Sánchez Barrios, no declinar tiene bajo costo inmediato y alto valor de negociación. Le permite conservar visibilidad, medir su peso territorial y llegar a la mesa con un activo que otros ya entregaron. Conviene ser preciso con las categorías: lo que existe hoy es una aspiración sostenida y un posicionamiento público, no una precandidatura formal ni una candidatura registrada. No hay registro ante autoridad, no hay proceso reglamentado y no hay cargo en disputa distinto de una coordinación interna.

Para Hernández, el efecto es ambivalente. No ha dicho que compita, como reconoce la propia legisladora, y sin embargo su nombre ya funciona como referencia que ordena expectativas y produce declinaciones antes de cualquier medición. Eso es capital político, pero también exposición: si el ejercicio se levanta, la figura queda sujeta a un número.

Para la dirigencia, el cálculo es de cobertura. Un proceso sin competencia visible cuesta acusaciones de dedazo; conservar a una aspirante dentro del ejercicio permite decir que la encuesta decidió, incluso si el resultado estaba anticipado. La señal que se envía a aliados y adversarios rumbo a 2027 es que la sucesión en la capital se está ordenando por declinación y no por confrontación abierta, y que quien no declina obliga al partido a exhibir método. En Cuauhtémoc, una de las alcaldías de mayor visibilidad de la ciudad, eso se mide en capacidad de negociación futura.

Qué sigue

Los próximos pasos verificables son acotados: la publicación de la encuesta, sin fecha conocida en la información disponible; la definición de quién más permanece en el ejercicio y quién declina; y, más adelante, el registro formal de la candidatura dentro del calendario del proceso electoral local de 2027 en la Ciudad de México. Sánchez Barrios adelantó que seguirá recorriendo la demarcación, con el argumento de que “una queja puede convertirse en una gestión, una solicitud de información, un punto de acuerdo o una iniciativa”. El indicador a seguir no es su discurso: es si llega a la encuesta y qué dicen los números.