RUTA 27 · MEDIUM
Senadora de Morena cuestiona piso parejo en Michoacán rumbo a 2027
La aspirante derrotada dijo que respetará el resultado que entregó la coordinación estatal a Carlos Torres Piña, pero dejó constancia de que las condiciones no fueron equitativas y pidió el regreso del senador Raúl Morón.

La senadora Reyna Celeste Ascencio cuestionó que el proceso interno de Morena en Michoacán no dio "piso parejo" a los aspirantes, ocho días después de que Carlos Torres Piña fuera designado coordinador, figura que lo perfila como candidato a la gubernatura en 2027. Pidió respetar el resultado y llamó al senador Raúl Morón a sumarse.
La senadora Reyna Celeste Ascencio Ortega cuestionó que el proceso interno con el que Morena definió sus coordinaciones en Michoacán se desarrollara sin "piso parejo", ocho días después de que Carlos Torres Piña fuera designado coordinador en Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional, figura que al interior del partido lo convierte en el virtual candidato a la gubernatura para 2027. La legisladora reconoció que no está conforme con el resultado, pero llamó a acatarlo.
"Hubo mucha diferenciación entre quienes pudiéramos tener, o pudiéramos pedir, algún piso parejo", señaló a la prensa. Ascencio Ortega compitió por esa coordinación con otras doce personas, entre ellas el senador Raúl Morón Orozco, Fabiola Alanís Sámano, Ana Lilia Guillén Quiroz y Gladys Butanda Macías. El ganador, Torres Piña, exfiscal General del Estado, fue presentado el 14 de septiembre.
El reclamo de la senadora llega acompañado de una advertencia sobre el método, no sobre el resultado: "Por como se dieron los procesos, me parece que hay que estar más vigilantes, pero hay que respetar el resultado". Y en el mismo tramo fija su límite: "Al final del día hay que aceptar y acatar los resultados y hay que apoyar. Tenemos que respetar que vivimos un momento de unidad y hay que respaldar".
La senadora también se refirió a la salida de Morón Orozco del proceso, a quien pidió reincorporarse: "Creo que sí puede afectar. Vuelvo a hacer el llamado al compañero Raúl Morón para que se sume", dijo, aunque aceptó que se trata de una decisión personal. Del lado del partido, la dirigente nacional Ariadna Montiel Reyes reconoció la trayectoria de los aspirantes descartados, a quienes llamó "los mejores cuadros de nuestro movimiento".
El reclamo y su límite
No hay en las declaraciones de Ascencio una solicitud de anulación, un desconocimiento del ganador ni un anuncio de ruptura. El suyo es un disenso calibrado: deja registro público de que las condiciones de la contienda no fueron equitativas, y en el mismo movimiento subordina ese agravio a la unidad del movimiento. Ese equilibrio es útil para medir la temperatura interna, pero no acredita por sí solo la magnitud del conflicto.
La lectura política
Conviene separar las figuras. La "coordinación en Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional" no es una candidatura ni una precandidatura formal: es un encargo de organización partidista. En términos legales no ha ocurrido todavía un registro ante autoridad electoral alguna. En la práctica, sin embargo, funciona como una precandidatura de facto: quien la recibe queda en posición de salida, con estructura territorial, agenda y capacidad de repartir posiciones antes de que arranque el calendario formal.
Con ese lente, el movimiento reparte márgenes. Torres Piña gana tiempo y control para integrar su equipo antes de que la candidatura exista jurídicamente. Ascencio y los demás aspirantes conservan un capital de reclamo que no gastan: no rompen, pero tampoco firman una conformidad plena. Al no impugnar, la senadora mantiene su lugar dentro de la coalición y se reserva capacidad de negociación hacia las definiciones que vienen; al reclamar, deja constancia de que su respaldo no fue gratis. Es el patrón clásico del disenso interno en Morena: se dice lo suficiente para quedar en el expediente y para negociar después, no tanto como para provocar una fractura.
El reconocimiento público de Montiel a los derrotados apunta en la misma dirección: compensación simbólica para contener el agravio y evitar que una inconformidad organizativa se convierta en desmovilización o en fuga de cuadros. La señal importa porque el costo de un proceso interno cerrado con descontento no se cobra en la conferencia de prensa, sino en la movilización del partido cuando llega la elección.
Falta un dato para dimensionar el conflicto: la evidencia disponible no precisa el mecanismo con el que se resolvió la coordinación, ni si existe alguna inconformidad canalizada por vía institucional dentro del partido. Sin eso, no es posible sostener que el proceso haya sido irregular, solo que una participante derrotada lo considera desigual.
Qué sigue
El primer paso verificable es la respuesta de Morón Orozco al llamado público de Ascencio: sumarse o mantener distancia marcará el tamaño real de la fisura. En paralelo, habrá que ver si la inconformidad se queda en declaraciones o llega a las instancias internas de justicia partidista. Después viene la integración del equipo de Torres Piña y las definiciones de Morena en municipios y distritos, donde la disputa por espacios suele replicar la lógica del proceso estatal. Todo ello ocurre antes de la ruta legal hacia la candidatura a la gubernatura, que deberá pasar por los plazos del proceso electoral local de 2027.