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RUTA 27 · MEDIUM

Sheinbaum pide 'serenarse' en Morena; el PT mantiene su pausa

La presidenta defendió las encuestas y negó un 'dedazo', pero el aliado petista sigue fuera de la mesa. El conflicto interno ya tiene un costo político visible rumbo a 2027.

Ilustración editorial de Ruta 27 sobre encuestas de opinión pública
Ilustración editorial de Ruta 27; no representa una fotografía del acontecimiento.
EN 30 SEGUNDOS

Claudia Sheinbaum pidió a la Cuarta Transformación 'serenarse' por las inconformidades en la selección de coordinadores estatales de Morena rumbo a 2027 y defendió el método de encuestas para frenar la acusación de dedazo. El PT, aliado de la coalición, mantiene su pausa en el proceso y cuestiona las definiciones en Baja California, Zacatecas y Quintana Roo.

La presidenta Claudia Sheinbaum llamó a los integrantes de la Cuarta Transformación a “serenarse” ante las inconformidades por la selección de coordinadores estatales de Morena rumbo a las elecciones de 2027. En la conferencia matutina del 21 de septiembre defendió el mecanismo de encuestas con el que el partido define esas posiciones y sostuvo que la disputa es por un proyecto y no un asunto personal: “Entonces, hay que serenarse, no es un tema personal esto, es un proyecto”.

El llamado no apagó el conflicto: lo subió al escenario más visible del país. El mismo lunes seguía en pie la pausa que el Partido del Trabajo (PT) anunció en el proceso, planteada por su coordinador en la Cámara de Diputados, Reginaldo Sandoval, quien dijo que la fuerza se sintió “maltratada” porque no la escuchan.

La encuesta como método y como escudo

Sheinbaum rechazó que exista un “dedazo” de la dirigencia. Explicó que las encuestas no se reducen a preguntar por el perfil preferido: incluyen 10 preguntas con distintos valores y deben cumplir criterios científicos sobre dónde, cómo, a quiénes y a cuántas personas se consulta. En los ejercicios participa un equipo de Morena junto con otras casas encuestadoras, para contrastar resultados. Añadió que corresponde a la dirigencia nacional, encabezada por Ariadna Montiel, y a la comisión de encuestas determinar cuándo se hacen públicos los ejercicios, y sostuvo que ella no intervino en ellos.

Sobre los cuestionamientos a perfiles específicos puso el ejemplo de Beatriz Mojica, senadora de Morena por Guerrero, quien —según la presidenta— obtuvo un resultado favorable en la encuesta. Recordó que el partido se construyó con personas de orígenes distintos y citó a los gobernadores Américo Villarreal (Tamaulipas), Alejandro Armenta (Puebla), Rubén Rocha Moya (Sinaloa, con licencia) e Indira Vizcaíno (Colima), incorporados en 2018.

El frente más incómodo, sin embargo, no son los aspirantes derrotados. Sandoval anunció que el PT pausa su participación porque “sentimos que es el proceso de Morena”. Las diferencias se expresan en Baja California, Zacatecas y Quintana Roo, donde perfiles petistas cuestionan las definiciones y plantean revisar su participación en 2027.

La lectura política

Los “coordinadores estatales” no son candidaturas. No hay registro, no hay precampaña y la propia presidenta señaló ese día que aún no comienza la inscripción formal de precandidatos o candidatos. Pero el nombre no describe del todo la función: en el ciclo 2023-2024, la figura análoga —los coordinadores de la Defensa de la Transformación— operó en la práctica como precandidatura de facto, ordenó la sucesión, midió lealtades y colocó a los elegidos en posición de salida antes de que existiera un solo trámite. Lo que se disputa ahora es eso: quién arranca con estructura, visibilidad y tiempo.

La encuesta cumple dos funciones simultáneas. Hacia adentro, es un mecanismo de reparto entre grupos y de contención: permite argumentar que gana el mejor posicionado y no el mejor conectado. Hacia afuera, funciona como escudo frente a la acusación de dedazo. El punto débil del diseño es que deja el control del calendario en manos del partido: si los resultados se publican cuando la dirigencia lo decida, la opacidad deja de ser un defecto y se vuelve herramienta de negociación. La presidenta gana margen al colocarse fuera del proceso —“yo ni me meto”— mientras lo respalda políticamente.

El PT usa su pausa como palanca: sale de la mesa para negociar mejor, no necesariamente para romper. Pero una pausa prolongada obliga a la coalición a decidir si compite unida o con candidaturas propias en entidades donde el petismo tiene presencia. Ahí es donde una inconformidad se convierte en costo electoral.

Qué sigue

El dato que permitiría verificar el método sigue faltando: los resultados completos de las encuestas. No hay fecha comprometida; depende de Montiel y de la comisión de encuestas.

En el corto plazo hay tres señales observables: si el PT mantiene, acota o levanta su pausa; si las dirigencias estatales de Baja California, Zacatecas y Quintana Roo aceptan las definiciones o llevan la disputa a instancias partidistas; y cuándo se abre el registro formal de precandidaturas, que marcaría el límite legal de lo que hoy es, en la práctica, posicionamiento anticipado.