RUTA 27 · LOW
Sheinbaum se aparta del conflicto Morena-PT y deja la encuesta como árbitro
La presidenta dejó la negociación de la coalición a las dirigencias y ratificó el método estatutario de Morena. Horas después, Montiel y Anaya escenificaron una tregua que no cambia la regla.

Claudia Sheinbaum dijo que no se meterá en la disputa entre Morena y el PT por las candidaturas de 2027 y recordó que el método de su partido son las encuestas. El mismo día, Ariadna Montiel y Alberto Anaya anunciaron unidad y un mecanismo de diálogo. El pleito por el procedimiento sigue abierto: la encuesta decide en Morena, no entre los aliados.
La presidenta Claudia Sheinbaum fijó este jueves 24 de septiembre el terreno de la disputa entre Morena y el Partido del Trabajo (PT) rumbo a 2027: la coalición no se negociará en Palacio Nacional ni en una mesa arbitral, sino en la dirigencia de Morena y bajo una sola regla, la encuesta. “No me voy a meter”, dijo en la conferencia matutina, y en la misma respiración sí se metió: “Lo que es importante aquí es el método que en su momento decidió Morena en sus estatutos y con sus alianzas, que son las encuestas”. La frase ordena el conflicto y, de paso, lo acota: quien aspire a coordinar un estado, un municipio o un distrito tendrá que pasar por el filtro que Morena ya eligió.
El mensaje llegó el mismo día en que las dirigencias de ambos partidos escenificaron una tregua. La presidenta nacional de Morena, Ariadna Montiel Reyes, y el líder petista, Alberto Anaya Gutiérrez, se reunieron y anunciaron unidad. “Las diferencias sobre procedimientos internos no eliminan los antecedentes de colaboración ni los puntos de coincidencia existentes entre ambas fuerzas”, sostuvo el PT en un comunicado que remató: “Las diferencias se discuten, los acuerdos se construyen y el diálogo permite seguir avanzando”. Los partidos hablaron además de un mecanismo para incorporar propuestas de los aliados, sin precisar contenido ni calendario.
El origen del roce es de procedimiento, no de proyecto. En los días previos, el PT amagó con romper la alianza por haber quedado desplazado de las encuestas con las que Morena define perfiles, y advirtió que la ruptura podría costarle al oficialismo hasta 12 gubernaturas en 2027. La presidenta se desmarcó de esa pugna y dejó la definición del acuerdo de coalición en manos de las dirigencias.
La encuesta como regla y como frontera
Conviene separar tres cosas que el debate público mezcla. Una es el método interno de Morena: la encuesta estatutaria, que produce un coordinador o coordinadora, figura partidista que todavía no es candidatura registrada ante autoridad electoral alguna. Otra es el convenio de coalición, acto distinto que firman los partidos y se registra en los plazos que fije el proceso electoral; ahí no decide una encuesta, deciden las dirigencias. La tercera es la candidatura formal, que solo existe cuando la autoridad electoral la valida.
La encuesta, por tanto, resuelve dentro de Morena; no resuelve al PT, cuyo método interno es otro. Ese hueco es exactamente la fricción. El PT tiene una palanca real —no firmar el convenio— pero es una palanca costosa: usarla implica renunciar a la coalición que lo ha mantenido dentro del gobierno y que en 2027 reparte cargos, presupuesto y presencia territorial. Sheinbaum no tocó ese punto; validó el filtro.
La lectura política
El “no me voy a meter” funciona en la práctica como un arbitraje por omisión. Al declinar intervenir y, enseguida, respaldar el método estatutario, la presidenta no se abstiene: elige la regla de Morena como regla de la alianza y cierra la puerta a una mesa externa donde el PT pudiera negociar cuotas fuera de la encuesta. No es una declaración sobre quién será candidato en 2027 —no hay candidatura, ni precandidatura formal, ni siquiera convocatoria publicada—, sino sobre quién controla el procedimiento.
Con ese movimiento, la dirigencia de Morena, y en particular Ariadna Montiel, gana margen: la negociación se vuelve bilateral, sin árbitro, y llega con la regla ya fijada. El PT conserva el diálogo pero pierde el argumento: cambia el amago público por un comunicado de unidad sin haber modificado el filtro que lo desplazó. Quien queda mejor colocado es la propia presidenta, que mantiene la distancia formal entre gobierno y partido mientras envía a todos los aliados una señal verificable: la encuesta no se negocia.
La reunión Montiel-Anaya envía, además, un mensaje de continuidad de la coalición rumbo a 2027. Esa continuidad parece el escenario por defecto, pero subordinada al método de Morena. El límite de esta lectura es claro: la evidencia disponible no permite saber en qué consiste el “mecanismo” para incorporar propuestas aliadas, ni si incluye garantías por escrito para el PT, ni si existe un calendario de encuestas. Tampoco hay elemento para afirmar que la ruptura esté descartada; el conflicto quedó procesado, no resuelto.
Qué sigue
El primer punto verificable es el mecanismo bilateral anunciado: si se formaliza, con qué reglas y con qué alcance sobre las posiciones que reclama el PT. El segundo es la publicación de la convocatoria y el calendario de encuestas de Morena para coordinaciones estatales, municipales y distritales; sin fechas públicas, el método sigue siendo un enunciado. El tercero, y el decisivo, es la firma y registro del convenio de coalición ante la autoridad electoral: ahí se sabrá si el PT aceptó la regla o si dejó de firmar. En el horizonte inmediato, la pregunta es si la dirigencia petista sostiene su presión por otras vías —bancada, gobiernos estatales, declaraciones— o si el comunicado de unidad marca el final del episodio.