RUTA 27 · MEDIUM
Taboada reclama para el PAN la candidatura de Hermosillo y tensa la coalición
La definición, hecha en el marco del informe del alcalde Antonio Astiazarán, no cerró la disputa: el PRI respondió que la candidatura no pertenece anticipadamente a un solo partido.

Santiago Taboada, dirigente del PAN, afirmó que la candidatura de Hermosillo le corresponde al PAN, sin decir quién la encabezará. El PRI respondió que debe definirse en coalición. Ambos partidos coincidieron en el informe del alcalde Antonio Astiazarán, que no formalizó su aspiración a la gubernatura. La disputa ordenará las alianzas rumbo a 2027 en Sonora.
El dirigente del PAN, Santiago Taboada, fijó posición sobre la sucesión municipal de Hermosillo: "La candidatura para Hermosillo será para el PAN". Lo dijo sin nombre, sin método de selección y sin fecha, en el marco del Segundo Informe de Gobierno del alcalde Antonio Astiazarán Gutiérrez, un acto donde convivieron cuadros panistas y priistas y donde quedó a la vista que la disputa por la capital sonorense rumbo a 2027 dejó de ser un rumor de pasillo. La declaración se conoció el 19 de septiembre de 2026.
La respuesta llegó en el mismo templete. Jorge Meade Ocaranza, del PRI, planteó que la contienda "debe ser en coalición" y advirtió que "la candidatura no pertenece anticipadamente a un solo partido". La diferencia no es de matiz: Taboada enunció una titularidad; Meade propuso una regla de reparto. Entre esas dos frases está, en buena medida, el estado de la negociación entre dos partidos que hoy comparten el gobierno municipal y que en 2027 podrían volver a competir juntos —o no— por la gubernatura y los ayuntamientos.
Un informe que operó como escaparate
Astiazarán presentó resultados durante su informe: la percepción de inseguridad en Hermosillo, dijo, bajó de 66.8% en 2021 a 43.2% en 2026; reportó una inversión de 5 mil 365.9 millones de pesos desde 2021 y una reducción en los índices de violencia familiar. Cerró con una frase de alcance estatal —"si en Hermosillo se pudo, en Sonora también se puede"— y los asistentes corearon "¡Gobernador!". No formalizó ninguna aspiración. El grito es un dato político y una señal de ánimo; no es una candidatura, ni siquiera un anuncio.
El formato del acto importa tanto como las cifras. Reunir a las dos dirigencias en un mismo recinto permite al alcalde presentarse como activo compartido, con apoyo medible, sin comprometerse todavía con un partido ni con un cargo. Para Astiazarán, no definir es más barato que definir: conserva el margen y evita que su informe se convierta en el primer acto formal de una precampaña.
La lectura política
La frase de Taboada funciona, en la práctica, como delimitación de propiedad territorial antes de la negociación. En cualquier coalición, quien fija de antemano a qué partido "le corresponde" un espacio llega a la mesa con el precio puesto. El PAN comunica a sus aliados que no piensa ceder la capital de Sonora y comunica al PRI que, si quiere ese distrito, tendrá que pedirlo como excepción.
El PRI leyó el movimiento y respondió con la postura típica de quien quiere negociar sin romper: no reclamó Hermosillo para sí, reclamó el procedimiento. Es un incentivo previsible. Como socio menor o par en la alianza, su activo no es el respaldo electoral que aporta, sino su capacidad de veto: negarse a la coalición. Si acepta sin condiciones la titularidad panista de Hermosillo, se vuelve prescindible; si la condiciona, se vuelve interlocutor.
Falta un elemento decisivo para saber si esto fue un movimiento de ordenamiento o un disparo de salida: qué obtiene el PRI a cambio. La hipótesis que ordenaría el episodio es un intercambio de espacios —Hermosillo al PAN, otra plaza o la propia gubernatura a la coalición—, pero la evidencia disponible no permite afirmarlo. No hay convenio de coalición firmado ni documento de reparto.
Conviene precisar los términos, porque se confunden con facilidad. Una candidatura formal no existe: no hay registro, ni plazo abierto, ni boleta. Tampoco hay persona señalada. Lo que hay es un posicionamiento de dirigencia sobre la titularidad de un espacio electoral y, del otro lado, una aspiración —la de Astiazarán— que no se ha traducido en precandidatura de facto de nadie, ni siquiera en la versión informal del término, porque no hay nombre comprometido.
La señal hacia 2027 es doble. Hacia el interior, la dirigencia panista establece a quién le toca fijar precios en la capital sonorense. Hacia afuera, manda un mensaje de intención: se busca competir en la capital con o sin el PRI. Queda por ver si esa intención se sostiene cuando el partido calcule el costo de ir solo en una plaza que hoy gobierna en compañía.
Qué sigue
El primer paso verificable es el método. Nadie ha dicho si la definición de Hermosillo saldrá de una encuesta, de una mesa de coalición o de una designación de dirigencia; sin método, la frase de Taboada es nudo, no resultado.
Después, la decisión del PRI. Su exigencia de coalición solo adquiere peso si llega a una mesa de negociación o se convierte en advertencia pública de que postulará por separado.
El calendario real lo pondrá el órgano electoral del estado. Los plazos para registrar coaliciones, precampañas y candidaturas dependen de la convocatoria y los tiempos que fije la autoridad electoral local; esos plazos son los que forzarán las definiciones que hoy pueden posponerse.
Y en el flanco de Astiazarán, la pregunta abierta es si formaliza una aspiración al gobierno de Sonora. Su informe le dio vitrina y este episodio le dio visibilidad: lo que sigue es ver si la convierte en acto, o si deja que el grito coreado siga siendo solo eso.