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Asesinan a regidor morenista de Cuernavaca; Fiscalía promete esclarecer el crimen
Gabriel Rivas Ríos, regidor de Morena en Cuernavaca, fue atacado a balazos cuando viajaba en su automóvil en Acapantzingo. La Fiscalía de Morelos investiga el móvil y la gobernadora prometió justicia.

Gabriel Rivas Ríos, regidor morenista de Cuernavaca, fue asesinado a balazos este miércoles en Acapantzingo. La Fiscalía de Morelos confirmó el crimen e investiga; la gobernadora Margarita González Saravia lamentó el hecho y prometió esclarecerlo. Rivas había denunciado amenazas en 2012 y cuestionado recientemente la operación de bares clandestinos. El móvil no ha sido determinado.
Gabriel Rivas Ríos, regidor morenista del Ayuntamiento de Cuernavaca, fue asesinado a balazos este miércoles cuando viajaba en su automóvil por la localidad de Acapantzingo, informaron autoridades estatales. El ataque, calificado preliminarmente como una agresión directa, ocurre en un estado que se mantiene entre los focos rojos de violencia en el país y meses después del homicidio del alcalde de Temoac, Valentín Lavín Romero.
De acuerdo con los primeros reportes, hombres armados atacaron a Rivas Ríos mientras se desplazaba en su vehículo. El funcionario recibió varios impactos de bala y murió en el lugar, mientras que los agresores huyeron en una motocicleta, según medios locales que citan fuentes de seguridad. La Fiscalía del estado de Morelos confirmó el crimen e informó que agentes trabajan en el lugar para recabar indicios y determinar responsabilidades. La institución se comprometió a "agotar todas las líneas de investigación para dar con los responsables en estos hechos delictivos", según un comunicado.
El regidor asesinado presidía las comisiones de Derechos Humanos, Patrimonio Municipal y Atención a Personas con Discapacidad, y antes fue activista social. Rivas Ríos asumió el cargo en enero de 2025 y previamente había denunciado amenazas en 2012 tras oponerse públicamente al aumento de tarifas del transporte público en Morelos, lo que motivó una acción urgente de Amnistía Internacional. Más recientemente, en agosto y septiembre pasados, cuestionó el aumento de bares clandestinos en Cuernavaca y denunció presuntas omisiones de las autoridades municipales para frenar su operación, según medios locales.
Las autoridades no han informado del móvil del crimen ni han establecido una relación con los antecedentes de denuncia del funcionario. Esa ausencia de información es central para entender el caso: no hay confirmación oficial de que el asesinato esté vinculado a su labor como regidor o a sus señalamientos públicos. La Fiscalía no ha detallado líneas de investigación específicas más allá de su compromiso general.
La gobernadora de Morelos, Margarita González Saravia, lamentó la muerte de Rivas Ríos, a quien describió como su "amigo y compañero de movimiento", y se comprometió a esclarecer el caso. "He instruido a la Mesa de Construcción de Paz y Seguridad a mantener una estrecha coordinación para esclarecer los hechos", indicó en un mensaje en Facebook. Sostuvo además que "en Morelos no hay cabida para la impunidad" y prometió "justicia".
El asesinato de un regidor en funciones en la capital del estado ocurre en un contexto de violencia política documentada: en julio pasado fue ultimado el alcalde de Temoac, Valentín Lavín Romero, dentro del palacio municipal. Morelos, ubicado al sur de la Ciudad de México, enfrenta operativos federales contra la extorsión y presuntos vínculos de autoridades locales con el crimen organizado. En México, la organización civil Data Cívica documentó al menos 136 asesinatos de funcionarios gubernamentales o aspirantes judiciales durante 2025, según la evidencia disponible.
La lectura
El homicidio de Rivas Ríos no es un hecho aislado en la política morelense. La secuencia de agresiones contra funcionarios —el alcalde de Temoac en julio y ahora un regidor de la capital— sugiere un patrón de violencia política que las autoridades no han explicado en su conjunto. El propio regidor había advertido sobre la operación de bares clandestinos y presuntas omisiones municipales, lo que añade un elemento de riesgo para quienes denuncian desde el cargo. Sin embargo, la Fiscalía no ha vinculado esos señalamientos con el crimen, y hacerlo sin pruebas sería una inferencia indebida. Lo que sí es comprobable es que el Estado mexicano enfrenta un desafío de seguridad para sus representantes locales y que la respuesta institucional se ha limitado, hasta ahora, a promesas de investigación.
Qué sigue
La Fiscalía de Morelos deberá informar avances concretos: detenciones, líneas de investigación y, eventualmente, la identificación de los agresores. La gobernadora ha instruido a la Mesa de Construcción de Paz y Seguridad, pero no se ha fijado un plazo ni se han dado a conocer medidas específicas de protección para otros funcionarios. Queda por esclarecer si el asesinato se relaciona con la actividad pública de Rivas Ríos o con otro móvil, y si existían amenazas previas que no fueron atendidas. La sociedad morelense y los organismos de derechos humanos tienen pendiente exigir transparencia en la investigación y garantías para el ejercicio del cargo. El caso también pone bajo escrutinio la eficacia de los operativos federales en la entidad.
