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RUTA 27 · LOW

Alerta por oportunistas de WhatsApp rumbo a la elección federal de 2027

Un especialista en redes territoriales advierte que el efecto demostración de la campaña brasileña podría multiplicar intermediarios que venden canales sin organización detrás. La pregunta que separa a unos de otros, dice, es qué ocurre después de abrir el canal.

EN 30 SEGUNDOS

Pablo Hernández, consultor en redes de grupos de WhatsApp, advirtió que el éxito del canal de Lula en Brasil podría desatar en México una ola de oportunistas que ofrezcan canales de WhatsApp para el proceso federal de 2027. Sostiene que el canal brasileño funcionó porque existían decenas de miles de grupos territoriales previos. Su advertencia importa porque Morena define su operación digital rumb

El especialista en redes territoriales Pablo Hernández advirtió que el principal riesgo para el proceso electoral federal de 2027 es que la experiencia brasileña desate una ola de oportunistas que ofrezcan canales de WhatsApp como si abrir el canal fuera la estrategia. La advertencia no es un pronóstico sobre el resultado comicial: es una señal sobre el mercado de servicios digitales que ya se está formando alrededor de las campañas y sobre la calidad de la intermediación que partidos y aspirantes contratan.

Hernández parte de un dato verificable de la elección brasileña: Lula da Silva obtuvo dos millones de votos menos que Flávio Bolsonaro en la primera vuelta y tres semanas después lo superó por cuatro millones. En ese lapso, el canal "Exército do Lula", del diputado André Janones, pasó de unos 50 mil seguidores a más de 10 millones. La lectura fácil es que el canal produjo el vuelco. La lectura que él defiende es distinta: el canal encendió una mecha que ya tenía pólvora organizada en decenas de miles de grupos pequeños de WhatsApp, construidos durante meses por militancia territorial.

El texto recuerda que WhatsApp ya fue arma electoral en Brasil en 2018, cuando la campaña de Jair Bolsonaro financió envíos masivos ilegales contra Fernando Haddad, y que la misma lógica *below the line* se usó en la coalición PRI-PAN-PRD que arrebató a Morena media Ciudad de México en 2021. Aprendida la lección, el Partido de los Trabajadores organizó desde junio la estrategia "Porta-Vozes do Lula", una red de grupos para comunicación directa, en un contexto en que la campaña brasileña denunció bloqueos de Meta a su pauta publicitaria.

El mensajero también es el mensaje

El argumento central es de confianza, no de alcance. En Facebook, Instagram o X las publicaciones políticas compiten con anuncios, desinformación y entretenimiento; en WhatsApp el mensaje llega entre el audio de la tía y el aviso de la maestra. Hernández cita un experimento de Moura y Michelson en Río de Janeiro en 2014: entre jóvenes que nunca recibieron publicidad política, uno de cada diez votó; entre quienes recibieron una visita en casa, siete de cada diez; entre quienes recibieron un video del candidato por WhatsApp, nueve de cada diez. Los propios autores piden cautela por el tamaño de la muestra, y esa cautela debe mantenerse: es un indicio sobre persuasión en redes de confianza, no una ley electoral.

En México, sostiene, buena parte del esfuerzo digital de Morena recayó en influencers que amplifican un mensaje hoy y mañana pasan a otro tema. Su propuesta es reenfocar la acción digital en el trabajo territorial que el partido conoce, con brigadistas que tocan la puerta e invitan a la familia al grupo de su sección electoral, y activistas que atienden y envían instrucciones claras. Él y su equipo —junto con Víctor García y José Olaya— dicen haber acompañado candidaturas de Morena en 2023 y colaborado con aspirantes en distintas regiones.

La lectura política

La advertencia funciona, en la práctica, como una señal de posicionamiento en el mercado de proveedores de campaña más que como una denuncia: quien la formula también ofrece el servicio que dice saber hacer bien. Eso no invalida el diagnóstico, pero obliga a leerla con ese incentivo a la vista. El criterio que propone para distinguir es exigente y verificable: preguntar qué sigue después de abrir el canal, cómo se construyen los grupos, cómo se organizan los participantes, qué mensajes difunden y cómo se incentiva el proselitismo fuera de la red. Si la única respuesta es el canal, dice, lo prudente es desconfiar.

Para Morena el punto tiene consecuencia interna. La pregunta que deja abierta es cuánta de su estructura territorial sigue activa a un mensaje de distancia, después de las puertas tocadas y de los 10 millones de afiliados que el partido declara. Esa cifra es una afirmación partidista, no un dato auditado, y conviene tratarla como tal. Si la red real es menor que la declarada, el espacio para intermediarios oportunistas crece justo en el tramo en que se definen candidaturas y se mide lealtad. Ninguna de estas piezas constituye aún una candidatura ni una precandidatura formal: son capacidades de movilización en disputa.

El riesgo de fondo es de integridad. Un mercado de canales sin organización detrás puede derivar en compra de bases, mensajes segmentados sin trazabilidad o promesas de militancia inflada, y eso ocurre en un país donde el uso ilegal de mensajería ya tiene precedente. La autoridad electoral no aparece en el texto, pero el calendario federal de 2027 sí: lo que se contrate ahora define la calidad de la conversación que llegará al electorado.

Qué sigue

La discusión pública se mantendrá en el terreno de los proveedores y las dirigencias partidistas, no en el de una resolución administrativa concreta. Los pasos verificables son acotados: la definición de las estrategias digitales de los partidos para el proceso federal de 2027, la eventual contratación de servicios de mensajería y la respuesta de las dirigencias a las preguntas que el propio texto plantea. No hay en la evidencia una fecha, sesión o resolución del árbitro electoral que permita anticipar un desenlace.