RUTA 27 · LOW
Galindo busca gubernatura de SLP sin respaldo firme del PRI ni del PAN
El alcalde capitalino se posiciona para 2027 mientras su partido mantiene reservas sobre su lealtad y la alianza opositora sigue sin cerrarse.
Enrique Galindo, alcalde de San Luis Potosí, busca la candidatura del PRI a la gubernatura en 2027, pero enfrenta resistencias internas: el PRI estatal lo expulsó en 2024 —aunque el Tribunal Electoral anuló la medida— y la dirigente Sara Rocha lo cuestiona. La alianza PRI-PAN, indispensable para sus aspiraciones, no está cerrada. Galindo deja correr versiones de acercamientos con Morena, que el pa
El alcalde de San Luis Potosí, Enrique Galindo Ceballos, se colocó públicamente en la ruta por la gubernatura de 2027, pero su aspiración avanza sin los dos respaldos que la harían viable: la confianza interna del PRI potosino y una alianza PRI-PAN que sigue sin cerrarse. El presidente municipal capitalino busca la candidatura tricolor a la gubernatura, pero enfrenta resistencias dentro de su propio partido y una coalición opositora que difícilmente se concretará en el corto plazo.
La relación con el priismo local arrastra una fractura documentada. En diciembre de 2024, el PRI anunció su expulsión por presuntos actos de deslealtad política; el Tribunal Electoral federal anuló después la medida por irregularidades en el procedimiento. La dirigente estatal, Sara Rocha Medina, reconoció que respaldarlo para la reelección municipal fue un error y lo acusó de incumplir compromisos políticos tras el triunfo. Aunque la reconciliación pública se dio, las reservas de la militancia persisten, según fuentes locales.
El propio Alejandro Moreno Cárdenas lo incluyó entre los llamados Defensores de México, pero esa designación no equivale a una candidatura. La disputa interna no es menor: en la misma lista aparecen Sara Rocha y la diputada local Frinné Azuara Yarzábal, de modo que Galindo compite por el mismo espacio con quienes controlan la estructura partidista que debería respaldarlo.
A esa confrontación se suma la indefinición de la alianza PRI-PAN. Las dirigencias nacionales de Moreno y Jorge Romero Herrera no han cerrado un acuerdo para San Luis Potosí, y en el ámbito local persisten diferencias sobre quién encabezaría el proyecto opositor. Sin coalición, la ruta de Galindo pierde el vehículo que él mismo ha descrito como su vía para competir.
En medio de esas negociaciones, el alcalde ha dejado correr versiones sobre presuntos acercamientos de Morena y funcionarios federales para incorporarlo como candidato. Desde el partido guinda se han rechazado esos señalamientos y atribuyen su difusión a una estrategia de presión frente al PRI y al PAN. La lectura que el propio entorno de Galindo ofrece es que busca presentarse como un aspirante con otras opciones partidistas para mejorar sus condiciones en la negociación opositora.
El terreno municipal tampoco es neutral. Su administración ha enfrentado inconformidades de comerciantes y empresarios por clausuras y propuestas de nuevos cobros, además de reclamos por inseguridad. En junio de 2026, 62.5 por ciento de los habitantes encuestados por el INEGI consideró insegura la capital potosina, donde los robos a negocios y vehículos seguían entre las principales preocupaciones.
La lectura política
En la práctica, el movimiento de Galindo funciona como un posicionamiento anticipado más que como una precandidatura formal: no hay designación, no hay coalición registrada y no hay método de selección definido. Lo que el alcalde construye es valor de negociación: se presenta como un activo capaz de atraer votos y de abrir alternativas fuera del PRI para elevar el precio de una candidatura que nadie le ha garantizado.
Los incentivos de los demás actores explican la resistencia. Para la dirigencia estatal del PRI, respaldar a Galindo implica ceder el control de la candidatura a un actor que ya fue expulsado una vez y cuya lealtad sigue en duda; para el PAN, aceptar que el alcalde encabece la coalición significa subordinar su propia estructura local a un perfil con desgaste municipal. La versión de un acercamiento con Morena, rechazada desde el guinda, opera como señal hacia ambos partidos: sugiere que Galindo tiene salida y que quien lo deje fuera asume el costo de una ruptura.
El límite es claro: no existe candidatura registrada, ni precandidatura formal, ni coalición aprobada. Lo que existe es un aspirante que mide lealtades, presiona la negociación y coloca su nombre en la conversación estatal. La señal para aliados y adversarios es que Galindo no esperará la decisión de las dirigencias para posicionarse.
Qué sigue
La definición depende de dos calendarios que aún no se cierran: la negociación nacional PRI-PAN para San Luis Potosí, que las dirigencias de Moreno y Romero no han resuelto, y el método interno del PRI para seleccionar candidatura, que tampoco está definido. En paralelo, el desempeño de la administración municipal de Galindo seguirá bajo escrutinio y alimentará o desgastará su argumento electoral. El primer indicador verificable será si la alianza opositora se concreta y bajo qué liderazgo.
