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RUTA 27 · LOW

Gárate plantea alianza PAN-PRI-MC-PAS en Sinaloa; mide condiciones para 2027

La aspirante priista describe dos rutas: coalición total desde el inicio o candidaturas separadas con llamado al voto útil a mitad de campaña. El planteamiento ordena la oferta opositora, pero no constituye aún una coalición registrada.

Ilustración editorial de Ruta 27 sobre coaliciones y negociaciones partidistas
Ilustración editorial de Ruta 27.
EN 30 SEGUNDOS

La priista Paola Gárate Valenzuela dijo que existen condiciones para una alianza opositora en Sinaloa entre PAN, PRI, Movimiento Ciudadano y el Partido Sinaloense rumbo a 2027. Planteó dos escenarios: coalición total o candidaturas separadas con voto útil posterior. Es un posicionamiento, no una coalición formal: no hay convenio registrado ni candidatura definida.

La diputada local del PRI Paola Gárate Valenzuela afirmó que existen condiciones para articular una alianza opositora en Sinaloa entre el PAN, el PRI, Movimiento Ciudadano (MC) y el Partido Sinaloense (PAS) rumbo a las elecciones de 2027. Lo hizo en entrevista radiofónica el 29 de octubre de 2026, sin anunciar convenio, registro ni candidatura. El planteamiento importa porque ordena, desde el discurso, el flanco opositor en una entidad donde el oficialismo llega con ventaja de organización y donde la fragmentación ha sido el principal costo para los partidos no morenistas.

Gárate describió dos rutas. La primera es una alianza total que sume desde el inicio a las cuatro fuerzas; la segunda, que cada partido presente su propia propuesta y que a mitad de campaña se convoque al voto útil en favor de la opción opositora con mayor respaldo. Para el segundo escenario mencionó ejercicios con tres casas encuestadoras y otras dinámicas de medición. La formulación no es menor: reconoce que la unidad no está resuelta y que la disputa por el liderazgo opositor podría trasladarse a la campaña misma.

La aspirante también sostuvo que hay posturas encontradas sobre si conviene unirse desde el arranque, y advirtió que sin alianza las fuerzas políticas podrían perder oportunidades electorales. En el mismo espacio señaló problemas de seguridad y deterioro económico en Sinaloa, acusó falta de voluntad política para avanzar propuestas desde el Congreso y cuestionó que, a su juicio, el oficialismo lleva más de dos años en campaña. Esas acusaciones son suyas y no cuentan con resolución o verificación independiente en la evidencia disponible.

El contexto inmediato ayuda a leer el movimiento. El 20 de octubre de 2026, Gárate criticó las renuncias de funcionarios del gabinete estatal para registrarse en procesos internos de Morena y recordó que el proceso electoral local inicia formalmente en noviembre. Días antes, el 13 de octubre, rechazó cifras de intención de voto atribuidas a la coordinadora de la 4T en Sinaloa, Imelda Castro Castro, y las calificó como herramienta publicitaria pagada. El 28 de septiembre había dicho estar dispuesta a encabezar una eventual alianza opositora, pero condicionó la decisión a que surgiera de la ciudadanía y no de las cúpulas partidistas.

La lectura política

En la práctica, el planteamiento funciona como posicionamiento de Gárate en el centro de la negociación opositora, no como candidatura ni precandidatura formal. No hay convenio de coalición, no hay método de selección acordado y no hay registro ante autoridad electoral. Lo que existe es una aspirante que fija el marco de la discusión y se coloca como interlocutora obligada de PAN, MC y PAS.

El incentivo es doble. Hacia adentro del PRI, la declaración le permite reclamar para sí la conducción de la estrategia de alianzas, un activo relevante frente a otras corrientes del partido. Hacia afuera, envía una señal a los aliados potenciales: la unidad es deseable, pero no incondicional, y el costo de no acordar es una competencia fragmentada que favorece al oficialismo.

La propuesta del voto útil a mitad de campaña tiene un efecto adicional: traslada la decisión sobre quién encabeza la oposición del cuarto de juntas partidistas a la medición de respaldo ciudadano durante la contienda. Ese diseño puede destrabar negociaciones que hoy parecen cerradas, pero también abre la puerta a que la disputa se resuelva tarde, con estructuras partidistas ya comprometidas y con el riesgo de que los perdedores no se sumen con la misma intensidad.

El límite es claro: una alianza de cuatro partidos en Sinaloa requiere acuerdos sobre candidatura a la gubernatura, diputaciones locales y ayuntamientos, además de coincidencia programática. Nada de eso está documentado. La declaración mide condiciones; no las garantiza.

Qué sigue

El proceso electoral local inicia formalmente en noviembre de 2026, según el calendario que la propia Gárate ha invocado. En las semanas siguientes se esperaría conocer si el PRI estatal abre conversaciones formales con PAN, MC y PAS, si se define un método de selección de la candidatura opositora y si alguna de esas fuerzas responde públicamente al planteamiento. También queda por verse si la propuesta de encuestas a mitad de campaña encuentra eco o se descarta en favor de una coalición cerrada desde el inicio.