RUTA 27 · MEDIUM
INE: el lila dura 15 días y la identidad institucional regresa al gris
La Junta General Ejecutiva aprobó de noche el segundo manual de identidad en dos semanas y sin costo estimado. El contralor dejó constancia de que no se sabe cuánto costará ni si respeta la ley de austeridad.

La Junta General Ejecutiva del INE aprobó en sesión nocturna cambiar su identidad institucional del lila al gris, apenas 15 días después de haber ratificado el lila. Argumentó que ese tono coincide con partidos como PAZ y Encuentro Solidario. El contralor objetó que no se conoce el costo ni su compatibilidad con la austeridad republicana. Ocurre en el arranque del ciclo rumbo a 2027.
La Junta General Ejecutiva (JGE) del Instituto Nacional Electoral (INE) aprobó en sesión nocturna un nuevo manual de identidad institucional: el organismo deja el lila y adopta tonos grises, con vigencia a partir del día siguiente de la aprobación y dejando sin efectos el manual ratificado el 9 de septiembre. Es, en apariencia, un ajuste de imagen. En la práctica, es la segunda vez en 15 días que el árbitro electoral define de qué color debe verse, y la segunda vez que lo hace sin costo estimado por escrito.
El argumento central del proyecto aprobado es que el lila es el color representativo del partido PAZ y del Partido Encuentro Solidario en algunos estados, de modo que la coincidencia cromática comprometería la claridad con que la ciudadanía identifica al INE. El documento sostiene que los colores institucionales deben permitir reconocer al organismo como una institución autónoma, cercana y al servicio de los derechos, y afirma que con el cambio se busca "una comunicación institucional coherente y fiel a los valores" del Instituto. Se añade un elemento narrativo: el extinto Instituto Federal Electoral (IFE) usó tonos grises en algún momento, así que el gris se presenta como un regreso y no como una novedad.
La sesión dejó dos constancias incómodas. La primera: no estuvo la consejera presidenta Guadalupe Taddei; el secretario ejecutivo condujo la reunión. La segunda: el contralor señaló que la propuesta no permite conocer el costo que genera el cambio ni las medidas concretas que producirían erogaciones "innecesarias", y pidió detallar si la modificación es compatible con la Ley Federal de Austeridad Republicana. Es decir, el órgano interno de control registró la objeción sin que hasta ahora exista una respuesta pública conocida.
Dos manuales en dos semanas
La secuencia importa más que el color. Hace 15 días el INE propuso y ratificó pasar del rosa al lila. Ahora revierte ese acuerdo. Si el criterio de no coincidir con colores partidistas es válido —y en comunicación electoral lo es—, entonces el manual del 9 de septiembre se aprobó sin aplicar ese criterio, o sin revisarlo con el cuidado suficiente. Falta el acta, el dictamen o la justificación técnica que explique por qué en septiembre no se advirtió lo que ahora sí se advierte. Ese documento es el dato que falta para cerrar la historia, y también el que permite saber si el problema fue de información, de prisa o de coordinación interna.
La lectura política
El color de un árbitro no decide una elección, pero sí comunica qué tipo de institución cree ser. Un organismo que en dos semanas cambia dos veces su identidad y no puede decir cuánto costó envía, con ese solo gesto, la señal inversa a la que declara: sugiere que el criterio de identidad no estaba definido y que la decisión se resolvió por corrección de ruta sobre la marcha. Ningún partido gana ni pierde con el gris; lo que se desgasta es la percepción de orden administrativo en el órgano que califica las elecciones.
Sobre el regreso al gris hay una lectura simbólica disponible y una precisión obligada. El gris es el color del IFE, el organismo anterior a la reforma de 2014 que creó al INE. Cualquier lector puede interpretarlo como un gesto hacia esa etapa. La evidencia disponible no permite afirmar que esa sea la intención de los consejeros; sólo permite decir que el cambio habilita esa lectura y que nadie en la sesión la discutió públicamente. Distinto es el punto de la austeridad: ahí no hay interpretación, hay una observación formal del contralor sobre gasto no cuantificado, y es el único señalamiento verificable de la sesión.
El equilibrio interno también deja huella. Una presidenta ausente, un secretario ejecutivo que conduce, un contralor que objeta: no hay ruptura ni votación dividida conocida, pero sí una constancia escrita de desacuerdo en un asunto de bajo perfil que se resolvió de noche. En términos legales y electorales, conviene precisar los límites: esto es un acto administrativo de identidad institucional, no una decisión sobre reglas de competencia, registro de partidos o candidaturas. No altera una sola casilla.
Lo que sí altera es el costo de la política pública en tiempo electoral. Rumbo a 2027, con la renovación de la Cámara de Diputados y un calendario local amplio por delante, cada ajuste de identidad tardío toca papelería, señalización, plataformas y material ya producido. Si el cambio entra en vigor de inmediato, alguien tendrá que pagar el reemplazo de lo hecho con el manual que acaba de quedar sin efectos.
Qué sigue
La JGE no publicó todavía la estimación de costo, pese a que el contralor la pidió. Los puntos verificables en los próximos días son si el acuerdo se publica con anexo presupuestal, si el órgano de control formaliza su observación por escrito y si la consejera presidenta se pronuncia al reincorporarse. Conviene seguir también si el criterio de "no coincidir con colores partidistas" se convierte en regla explícita del manual o queda como justificación de este cambio específico. De ese detalle depende que el INE cierre el tema o quede expuesto a una tercera revisión en el mismo trimestre.
Actualización
La Junta General Ejecutiva del INE aprobó la transición del lila al gris para diferenciarse del partido Paz, confirmando la decisión anunciada en la sesión nocturna. Leer el nuevo desarrollo.