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INE Sinaloa admite desgaste interno y llama a la ciudadanía a sostener al árbitro
El vocal ejecutivo de la Junta Local reconoce que las renuncias en oficinas centrales golpearon el ánimo del personal, pero sostiene que la organización electoral local no se ha detenido.

El vocal ejecutivo del INE en Sinaloa, Jorge Luis Ruelas Miranda, reconoció que las renuncias de más de 30 funcionarios en oficinas centrales afectaron el ánimo del personal local, aunque aseguró que la integración de consejos distritales y las designaciones continúan. Llamó a la ciudadanía a retomar la confianza en el organismo rumbo a 2027.
El vocal ejecutivo de la Junta Local del Instituto Nacional Electoral (INE) en Sinaloa, Jorge Luis Ruelas Miranda, admitió que las renuncias de funcionarios en oficinas centrales sí han tenido repercusiones en la operación local, sobre todo en el ánimo de quienes trabajan en el organismo, y llamó a la ciudadanía a volver a confiar en la institución. Su declaración no es un parte de rutina: es el reconocimiento, desde una estructura desconcentrada, de que el conflicto interno del árbitro electoral ya se siente fuera del edificio central.
Ruelas Miranda sostuvo que la salida de más de 30 funcionarios y los señalamientos públicos contra algunos de ellos han provocado tristeza entre trabajadores con décadas de trayectoria. Según su relato, parte del personal ingresó al INE atraído por los principios de honestidad y profesionalismo que identificaban a la institución, por lo que los cambios recientes representan un momento difícil para quienes construyeron su carrera dentro del organismo. "Creo que podemos pasar un mal momento, una época muy triste, muy difícil, pero los ciudadanos deben de volver a retomar al INE", expresó.
El funcionario también cuestionó la forma en que se hicieron nombramientos en oficinas centrales. Dijo que el ingreso al Servicio Profesional Electoral Nacional debe mantenerse mediante procedimientos basados en mérito, capacidad técnica y evaluaciones, y afirmó que en algunas plazas se rompió esa lógica al permitir que una sola persona tuviera facultades para decidir quién ocupaba puestos de alto nivel. Evitó, sin embargo, emitir una valoración individual sobre cada persona que dejó el organismo, al señalar que algunas pudieron haber tenido trayectorias profesionales legítimas antes de ser invitadas a otros cargos. Si alguna incurrió en conductas ilícitas, agregó, deberá ser investigada y sancionada por las autoridades competentes.
La operación local no se detiene
Pese a las renuncias y los señalamientos nacionales, Ruelas Miranda aseguró que las actividades de las juntas locales y distritales no se han detenido. Mencionó que el INE continúa con la integración de los consejos distritales, la designación de personal mediante concurso público y la preparación de la convocatoria para contratar capacitadores y supervisores electorales. El mensaje implícito es que la estructura territorial del árbitro sigue funcionando aunque el conflicto se concentre en las oficinas centrales.
El vocal consideró que la ciudadanía puede distinguir entre la institución y las personas que la integran, y sostuvo que quienes cometan irregularidades deben asumir las consecuencias sin que ello signifique la desaparición o el debilitamiento permanente del organismo. Destacó la importancia del personal que atiende los módulos de credencialización y de quienes visitan domicilios para capacitar a las personas que integrarán las mesas directivas de casilla, como una vía para mantener la confianza pública independientemente de las controversias nacionales.
La lectura política
La declaración de Ruelas Miranda funciona como un intento de contener el daño reputacional desde la periferia, sin romper con la línea institucional. No es una crítica frontal a la presidencia del INE ni una renuncia, pero tampoco es un respaldo incondicional: reconoce el desgaste, cuestiona la discrecionalidad en nombramientos y traslada la responsabilidad de la sanción a las autoridades competentes. Es el lenguaje de un funcionario que necesita preservar la operación local mientras el conflicto se dirime en el centro.
El incentivo es claro. Las juntas locales y distritales son la cara visible del INE ante la ciudadanía: credencialización, capacitación de casillas, integración de consejos. Si la confianza ciudadana se deteriora, el costo recae primero en esas estructuras. Ruelas Miranda no está defendiendo a las personas señaladas; está defendiendo la capacidad operativa de la estructura que encabeza.
El equilibrio interno también importa. Al señalar que en algunas plazas se rompió el mérito y que una sola persona concentró facultades de decisión, el vocal envía una señal a los mandos medios y a los trabajadores de carrera: el problema no es el servicio profesional, sino las decisiones discrecionales en la cúpula. Es una forma de proteger la legitimidad interna del organismo mientras se deslinda de los nombramientos cuestionados.
Rumbo a 2027, el mensaje tiene una consecuencia electoral medible. La integración de consejos distritales y la contratación de capacitadores y supervisores son tareas que no pueden detenerse si el calendario electoral avanza. Si esas tareas se retrasan o se contaminan por el conflicto central, el riesgo no es abstracto: afecta la organización de la elección y la confianza en los resultados. La declaración de Ruelas Miranda es, en ese sentido, una advertencia velada: la operación local aguanta, pero no indefinidamente.
Qué sigue
El INE deberá concluir la integración de los consejos distritales en Sinaloa y publicar la convocatoria para contratar capacitadores y supervisores electorales. Las investigaciones sobre las conductas ilícitas señaladas, si existen, corresponden a las autoridades competentes y no al vocal local. La pregunta abierta es si las renuncias en oficinas centrales se traducen en vacíos operativos en las juntas locales o si, como sostiene Ruelas Miranda, la estructura territorial logra absorber el golpe. Ese es el indicador que conviene seguir en los próximos meses.
