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RUTA 27 · MEDIUM

Montiel cierra la puerta a los inconformes de Morena y apuesta por las encuestas

La dirigencia nacional declaró que las mediciones internas son definitivas y llamó a los aspirantes derrotados a ponerse a trabajar. Dos de ellos ya acusan irregularidades y uno coquetea con el PT.

Ilustración editorial de Ruta 27 sobre encuestas de opinión pública
Ilustración editorial de Ruta 27; no representa una fotografía del acontecimiento.
EN 30 SEGUNDOS

Ariadna Montiel, dirigente nacional de Morena, afirmó que “las encuestas ya están dadas” y descartó reabrir el proceso que definió a sus 17 eventuales candidaturas a gubernaturas de 2027. Con ello respaldó a los designados frente a inconformes como Tatiana Clouthier y Raúl Morón, que impugnan las mediciones internas y exploran rutas alternativas, incluida una candidatura por el Partido del Trabajo

Ariadna Montiel Reyes, dirigente nacional de Morena, convirtió el 20 de octubre de 2026 las mediciones internas de su partido en una sentencia: “las encuestas ya están dadas”. Con esa frase cerró la puerta a quienes impugnan el proceso que definió a sus 17 eventuales candidaturas a gubernaturas de 2027. El movimiento no es menor: la dirigencia deja de administrar el conflicto y lo declara resuelto, traslada el costo de la inconformidad a los aspirantes y convierte cada intento de reapertura en un desafío a las reglas que ellos mismos firmaron.

En la conferencia, Montiel fue cuestionada por dos casos concretos. En Michoacán, Raúl Morón quedó fuera frente a la designación de Carlos Torres Piña; en Nuevo León, Tatiana Clouthier expresó su molestia por la de Clara Luz Flores. Ambos han acusado irregularidades en las mediciones internas que produjeron esos resultados. La dirigente respondió con una fórmula de dos velocidades: “la política es diálogo, escucha”, dijo, y sostuvo que los coordinadores deben reunirse con todos; pero “ya hay que ponerse a trabajar porque se les eligió por el pueblo”.

El argumento central es el compromiso firmado. “Cada uno de los aspirantes en ese momento firmó un compromiso de sujetarse a las reglas”, señaló, y añadió que “todos los políticos tenemos muchas cosas que cuentan, pero fundamentalmente nuestra palabra”. También marcó distancia con el PRI, partido al que Morena suele comparar: “no son el PRI”, dijo, y sostuvo que escuchar reclamos es válido. El detalle importa porque la comparación se invoca justo cuando la queja es por un método de selección que no se transparenta.

Los nombres detrás de las encuestas

El cierre ocurre sobre un mapa ya dibujado. El 16 de octubre, Montiel respaldó en Zacatecas a Verónica Díaz como coordinadora estatal de la Defensa de la Transformación y precisó que esa designación “no representa una candidatura”. Ese mismo día, en Chilpancingo, informó que Félix Salgado Macedonio no será candidato en Guerrero y que la coordinadora es Beatriz Mojica Morga. La figura del “coordinador” opera, en la práctica, como precandidatura de facto: organiza territorio, encabeza actos y recibe el respaldo de la dirigencia, sin que exista aún candidatura registrada ni obligación legal de rendir cuentas sobre la metodología que la sustenta.

Montiel describió el reparto como “las otras 15, más San Luis Potosí”, una formulación que sugiere un tratamiento aparte para esa entidad dentro del calendario interno. No explicó por qué. En el centro del método está la encuesta, cuya condición de evidencia definitiva nadie discute formalmente porque así se estableció en las reglas, pero cuya publicación, cuestionarios y márgenes no forman parte de la información disponible: ese hueco es, precisamente, el que reclaman los inconformes.

La lectura política

La dirigencia gana margen al no reabrir nada. Si las encuestas son inapelables, el conflicto se vuelve un problema de disciplina individual y no de legitimidad del método. Los ya designados quedan protegidos y el partido puede dedicar el año a territorio en lugar de a litigio interno. Los perdedores, en cambio, quedan con dos activos menguantes: la palabra empeñada en su firma y la vía de la impugnación, que enMorena no tiene un tribunal interno con reglas públicas verificables.

El riesgo está en la fuga. La evidencia indica que en el caso de Morón se ha barajado la posibilidad de que llegue a las boletas de la mano del Partido del Trabajo (PT) y que ya se ha reunido con ese partido. Morena busca mantener su alianza con el PT y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) rumbo a 2027, lo que da a los aliados una palanca silenciosa: cada disidente con capital territorial es una pieza negociable en la coalición. La dirigencia también anunció que revisará a todos sus aspirantes antes de formalizar candidaturas, una señal de que la lista todavía no es inamovible por la vía de la auditoría, aunque sí por la de la encuesta.

La señal a adversarios es igual de relevante: un partido que presume horizontalidad resuelve su selección más grande con un instrumento cerrado. Es eficaz para contener una ruptura hoy; el costo se cobra en 2027, cuando las candidaturas se registren formalmente y los excluidos decidan si el agravio pesa más que la boleta.

Qué sigue

La ruta verificable pasa por cuatro puntos: si la Comisión de Elecciones de Morena publica las mediciones y sus metodologías, como reclaman los inconformes; si Tatiana Clouthier mantiene su movimiento contra Clara Luz Flores en Nuevo León o lo lleva a una instancia externa; si Raúl Morón acepta una oferta del PT en Michoacán, lo que pondría a prueba la alianza nacional; y si el resto de los aspirantes excluidos se suma o se repliega. Mientras eso ocurre, los coordinadores ya designados inician trabajos territoriales con el respaldo explícito de la dirigencia. Ninguna de esas definiciones está tomada.