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Muere Ulises Beltrán, pionero de las encuestas que midieron el voto mexicano
El fundador del Estudio Nacional Electoral y de BGC falleció a los 77 años. Su obra dejó un método de análisis postelectoral que se repite cada tres años desde 1997.

Ulises Beltrán Ugarte, pionero de las encuestas de opinión en México y fundador del Estudio Nacional Electoral (ENEM) en 1997, murió el 21 de octubre a los 77 años. El Colegio de México confirmó el deceso. Su trabajo dio a la política mexicana una herramienta para leer el voto más allá de los resultados oficiales, insumo clave para partidos y analistas rumbo a 2027.
Ulises Beltrán Ugarte, uno de los nombres que ayudó a profesionalizar la medición de la opinión pública en México, murió el 21 de octubre a los 77 años. El Colegio de México (Colmex), institución de la que era egresado del doctorado en Historia y donde presidía la Asamblea General del Fondo Patrimonial en Beneficio de esa casa de estudios, confirmó el fallecimiento mediante una esquela. Hasta el momento no se ha revelado la causa de muerte.
La relevancia pública de Beltrán Ugarte no se mide en cargos, sino en método. Fundó el Estudio Nacional Electoral de México (ENEM), un proyecto que desde 1997 realiza análisis postelectorales cada tres años y que se convirtió en una referencia para interpretar el comportamiento del electorado mexicano. También fundó Ulises Beltrán & Asociados (BGC), firma de asesoría, análisis e investigación basada en opinión pública, y fue asesor técnico en la Presidencia de la República durante dos administraciones.
Su formación combinó la sociología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) con un doctorado en Historia Económica por la Universidad de Chicago. Esa mezcla de disciplina histórica y herramientas cuantitativas marcó su trabajo: no se trataba solo de levantar encuestas, sino de explicar por qué el electorado se movía como se movía. Fue miembro de la junta de directores del Roper Center de la Universidad de Connecticut y del Comité de Planeación del Comparative Study of Electoral Systems. Hace seis años recibió un reconocimiento del Colegio de Especialistas en Demoscopía y Encuestas (CEDE) por su trayectoria.
Una escuela de medición, no solo un encuestador
El CEDE lo recordó como pionero en el estudio de las opiniones mediante sondeos en México. La distinción importa: en un país donde durante décadas la encuesta fue instrumento de propaganda o de pronóstico de ocasión, Beltrán Ugarte insistió en el análisis sistemático y comparable en el tiempo. El ENEM, con su periodicidad trienal, instaló una práctica poco común: medir el voto después de la elección, no solo antes, para entender qué había ocurrido y por qué.
Ese legado tiene una consecuencia práctica para el sistema político. Las encuestas y los estudios postelectorales se volvieron insumo de partidos, gobiernos, medios y académicos para tomar decisiones. En la medida en que esos datos son públicos y metodológicamente sólidos, reducen el espacio para las narrativas sin sustento. En la medida en que se privatizan o se usan como arma, lo amplían. La obra de Beltrán Ugarte pertenece a la primera tradición.
La lectura política
La muerte de un encuestador no altera por sí misma el equilibrio de poder ni el calendario electoral rumbo a 2027. Sería un error presentarla como un parteaguas. Pero sí permite observar un rasgo del sistema político mexicano: la creciente dependencia de las encuestas para ordenar candidaturas, medir lealtades y justificar decisiones internas. En los últimos años, los partidos —en particular Morena— han usado los sondeos como mecanismo de selección y como argumento de legitimidad. Esa práctica tiene defensores y críticos, y ambos bandos necesitan metodologías auditables.
Beltrán Ugarte representa la versión técnica de esa discusión: la encuesta como instrumento de conocimiento, no como recurso de imposición. Su perfil, sin embargo, también revela una tensión que sigue abierta. Quien asesora técnicamente a la Presidencia y luego funda una firma privada de opinión pública ocupa una posición que exige reglas claras de transparencia. No hay en la evidencia disponible ningún señalamiento sobre su conducta profesional; la observación es sobre la función estructural de ese tipo de trayectoria, no sobre la persona.
Para 2027, el país llegará a una elección de gubernaturas y renovación de la Cámara de Diputados con un ecosistema de encuestas más numeroso que nunca y con menor claridad sobre sus métodos. La pregunta que deja la obra de Beltrán Ugarte no es quién ganará, sino quién podrá demostrar que sus números resisten la verificación. Ese es el estándar que su generación ayudó a construir y que hoy está bajo presión.
Qué sigue
El Colmex no ha informado sobre actos de homenaje ni sobre la sucesión en la presidencia de la Asamblea General del Fondo Patrimonial. Tampoco se ha dado a conocer la causa de muerte. En el terreno público, la discusión sobre la calidad y transparencia de las encuestas seguirá su curso conforme se acerque el proceso electoral de 2027, cuando los partidos vuelvan a usar sondeos para definir candidaturas. La mejor forma de medir el legado de Beltrán Ugarte será observar si esos ejercicios se someten a escrutinio metodológico o si se quedan en instrumento de legitimación.