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PRI Coahuila pregona "unidad absoluta" y calibra candidaturas rumbo a 2027
El dirigente estatal Carlos Robles Loustaunau afirma que los consejos políticos municipales dejaron cohesión total y coloca la reelección de alcaldes y el gobierno de Manolo Jiménez como activos centrales del partido.

Carlos Robles Loustaunau, dirigente del PRI en Coahuila, afirmó que los Consejos Políticos municipales dejaron "unidad absoluta" en la militancia y que esa cohesión será clave en el proceso electoral de 2027. El mensaje llega cuando el partido debe definir candidaturas municipales, apoyarse en la popularidad del gobernador Manolo Jiménez y decidir si compite en alianza con otras fuerzas.
Carlos Robles Loustaunau, dirigente del PRI en Coahuila, sostuvo que los Consejos Políticos celebrados en los municipios del estado dejaron "unidad absoluta" entre la militancia y que esa cohesión "será fundamental para enfrentar con éxito el proceso electoral del próximo año". La frase no es sólo un reporte de ánimo: es el tipo de mensaje que un dirigente territorial envía a su propio partido cuando se acerca la hora de repartir candidaturas. Proclamar unidad, en año electoral, equivale a decir que la negociación interna está —o debe estar— bajo control de la estructura.
Robles Loustaunau presentó los consejos como algo más que actos protocolarios. Sirven, dijo, para "calibrar" la situación de las figuras políticas del partido en cada municipio y su relación con la gente. Ese verbo importa: en la práctica, esas reuniones funcionan como levantamiento de información sobre quién puede ganar, quién arrastra gente y quién administra un gobierno que se defiende en las urnas.
El dirigente añadió que en el estado hay buenos gobiernos priistas que favorecen la reelección de alcaldes. "Donde es posible la reelección la va a haber", afirmó, y explicó su criterio: "en las elecciones el votante vota por un candidato, pero en mayor proporción por la marca de gobierno". Llevó el argumento al terreno estatal con un ejemplo explícito: el "buen gobierno" de Manolo Jiménez "favorece mucho al partido, favorece a la votación del PRI".
El termómetro municipal
El PRI de Coahuila llega a la antesala de 2027 con un activo y una dependencia. El activo es una estructura municipal que el propio dirigente describe como "muy preparada". La dependencia es que esa fortaleza se mide con el desempeño de gobiernos en funciones, no con la identidad partidista. Si el votante vota por "la marca de gobierno", como plantea Robles, el PRI local se juega su resultado en la gestión de sus alcaldes y en la aprobación del gobernador más que en el sello del partido.
La evidencia disponible no permite ir más lejos. No se informa cuántos consejos municipales se realizaron, cuántos militantes participaron, si hubo voces disidentes ni qué aspirantes se perfilaron. Tampoco se menciona un método de selección de candidatos, una convocatoria o un calendario interno. Sin esos datos, "unidad absoluta" es una declaración del dirigente, no una medición verificable.
La lectura política
El movimiento cumple tres funciones. Primero, ordena la conversación interna: al fijar la unidad como estándar público, el dirigente desplaza la discusión hacia quién tiene capacidad de ganar y no hacia quién tiene derecho a un espacio, es decir, convierte el reparto de candidaturas en un asunto técnico-electoral y no en una disputa de cuotas. En segundo lugar, mide lealtades: los consejos son el escenario donde las figuras locales se presentan ante la estructura y el dirigente observa su arrastre. Tercero, contiene una eventual ruptura antes de que sea costosa.
El antecedente del 9 de octubre, cuando Robles Loustaunau dejó abierta la posibilidad de nuevas alianzas con otras fuerzas para 2027 "siempre que existan intereses comunes", se entiende mejor con esta proclamación de unidad. Hacia afuera, el partido necesita aparecer como un bloque capaz de ofrecer estructura y votos a un socio; hacia adentro, necesita que nadie negocie por su cuenta. La unidad declarada es, en ese sentido, una condición de negociación, no la ausencia de conflicto.
Conviene distinguir los niveles con precisión: lo que existe hoy es un posicionamiento del dirigente estatal y una lectura de la estructura municipal. No hay candidatura registrada, no hay precandidatura formal, no hay convocatoria publicada ni método aprobado. Si los consejos derivan en la designación de abanderados, operarán en la práctica como un filtro de precandidaturas de facto, pero ese paso no ha ocurrido. Tampoco es un dato menor la relación con el gobernador: al respaldarse en la popularidad de Jiménez, el PRI de Coahuila se vuelve dependiente de una figura que conserva agenda propia, y eso le da al gobierno estatal un margen de influencia sobre la definición de candidatos que no se explica en el texto.
La señal para Morena y sus adversarios locales es clara: no habrá fractura visible en el arranque. La señal para los aliados potenciales es que hay una estructura que puede sumarse a un proyecto compartido.
Qué sigue
La definición del método de selección de candidatos municipales ante el órgano interno priista; la eventual convocatoria a precandidaturas; la formalización —o el descarte— de alianzas para 2027, que el propio dirigente mantuvo abierta el 9 de octubre; y, ya en el calendario comicial, los plazos que fije la autoridad electoral local. En el plano federal, 2027 también contempla la renovación de la Cámara de Diputados, por lo que la "unidad" coahuilense se medirá pronto contra las decisiones del PRI nacional.