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RUTA 27 · LOW

Salinas Méndez deja la Oficialía Mayor y busca coordinar Morena en Acapulco

Presentó su renuncia al gobierno de Evelyn Salgado el mismo día en que se inscribió en línea al proceso interno, del que mostró el acuse. En Acapulco más de 15 perfiles disputan la coordinación municipal.

Ilustración editorial de Ruta 27 sobre candidaturas y aspirantes
Ilustración editorial de Ruta 27; no representa una fotografía del acontecimiento.
EN 30 SEGUNDOS

Ricardo Salinas Méndez renunció a la Oficialía Mayor del gobierno de Guerrero y ese mismo día se registró como aspirante a coordinar los Comités de Defensa de la Transformación en Acapulco, uno de los municipios donde Morena concentra más aspirantes. No es una candidatura: es la disputa por la estructura territorial que, en la práctica, pesa en la definición rumbo a 2027.

El exoficial mayor del gobierno de Guerrero, Ricardo Salinas Méndez, confirmó su registro como aspirante a la Coordinación Municipal de los Comités de Defensa de la Transformación en Acapulco. Lo hizo el mismo día en que presentó su renuncia a la Oficialía Mayor de la administración que encabeza Evelyn Salgado Pineda, y mostró el acuse de su inscripción en línea al proceso interno de Morena. El movimiento tiene dos tiempos que conviene no confundir: la salida formal de un cargo de gobierno y la entrada a una estructura partidista que se reorganiza con la vista puesta en 2027, sin efectos legales electorales por ahora.

Los Comités de Defensa de la Transformación son la pieza de organización territorial de Morena: agrupan militancia, activistas y enlaces barriales, y su coordinación municipal administra asambleas, recorridos y la relación cotidiana con la base. Salinas Méndez planteó que su objetivo es fortalecer la organización territorial del partido y promover la unidad entre los distintos liderazgos del movimiento; dijo que buscará reunirse con militantes, fundadores y liderazgos locales, y participar en las asambleas que la organización permita, para escuchar voces y construir consensos.

El tamaño del terreno importa. Según la información disponible del propio proceso, más de 15 perfiles han manifestado su intención de participar en la definición de la coordinación en Acapulco. En Guerrero el registro no es un caso aislado: Citlali Calixto también se inscribió por Acapulco y Gustavo García Bello lo hizo para coordinar los comités en Zihuatanejo. El proceso ocurre en medio de la reorganización territorial del partido y bajo la presidencia nacional de Ariadna Montiel Reyes.

Sobre el mecanismo de definición, el aspirante consideró necesario un ejercicio democrático que reconozca la pluralidad de perfiles y permita construir acuerdos, y afirmó que respetará la decisión de la militancia y la ciudadanía. También descartó utilizar recursos públicos o infraestructura gubernamental para impulsar su proyecto, agradeció a la gobernadora la oportunidad de colaborar y sostuvo que Guerrero pasó del lugar 13 al tercero a nivel nacional en rendición de cuentas durante su gestión, una cifra que es de su autoría y no ha sido contrastada en esta información.

La lectura política

El nombre formal de la figura es coordinación municipal de un comité partidista. La función práctica es otra: quien encabeza esa estructura queda colocado en posición de salida hacia la candidatura municipal, porque controla el contacto territorial que después se traduce en capacidad de movilizar y de negociar. En Acapulco, el municipio más poblado del estado, esa posición vale más que en cualquier otro ayuntamiento guerrerense.

Conviene precisar el límite. Lo que Salinas Méndez tiene hoy es un registro interno ante su partido, no una candidatura ni una precandidatura reconocida por la ley. No existe aún convocatoria electoral, ni plazo abierto, ni inscripción ante el Instituto Electoral y de Participación Ciudadana del Estado de Guerrero (IEPC Guerrero). Si la evidencia contextual sostiene que opera como una precandidatura de facto, lo es en el terreno organizativo: la coordinación concentra la estructura, el padrón activo y la interlocución con la militancia que, llegado el momento, definen quién tiene derecho de piso para pedir la candidatura.

Los incentivos del movimiento son legibles. Renunciar primero y exhibir el acuse reduce la exposición a la acusación de usar el cargo como plataforma, un riesgo real cuando se compite desde una oficina de gobierno; también envía una señal de disciplina a la dirigencia nacional y de cortesía a la gobernadora, que pierde a un operador en el gabinete pero conserva influencia en la disputa por el municipio. Con más de 15 aspirantes, el registro temprano sirve además para medir lealtades y llegar a la mesa de negociación con un documento en la mano.

El punto débil es el método. Un proceso con esa densidad de aspirantes difícilmente se resolverá por unanimidad, y el modo de definición —encuesta, asamblea o acuerdo de dirigencias— decide quién gana y quién queda en posición de impugnar. Ahí se juega el riesgo de ruptura que el discurso de unidad intenta contener, y ahí también se prueba la capacidad de la presidencia nacional del partido para ordenar el territorio.

Qué sigue

Tres definiciones verificables están pendientes: la publicación de la lista de registros válidos y del mecanismo de selección; la realización de las asambleas y reuniones con militancia y liderazgos que el aspirante anunció; y la resolución de la coordinación municipal por las instancias del partido. Ninguna de esas fechas aparece en la información disponible, lo que impide calcular tiempos.

Después viene el calendario de 2027 en Guerrero, que renueva gubernatura y ayuntamientos. Para entonces se sabrá si la coordinación de Acapulco fue el peldaño previo de una candidatura o solo un puesto de organización con el que se pagó una negociación interna.