RUTA 27 · MEDIUM
Woldenberg advierte política destructiva contra el INE a un año de elecciones
El expresidente del IFE sostiene que la institución vive su peor momento y que la elección de 2027 exigirá un árbitro autónomo que hoy no ve consolidado.

José Woldenberg, expresidente del IFE, alertó que la actual administración impulsa una política destructiva contra el INE al descalificar su historia y no reconocer que Morena llegó al poder gracias a un árbitro autónomo. Sostuvo que habrá elecciones el próximo año y que, sin una institución confiable, la legitimidad del resultado quedará en entredicho.
José Woldenberg, expresidente del Instituto Federal Electoral (IFE), afirmó que la actual administración impulsa "una política muy destructiva" contra el Instituto Nacional Electoral (INE) y advirtió que esa ruta choca con el calendario: el próximo año habrá elecciones y se necesitará una autoridad autónoma que garantice legitimidad. En entrevista con Carlos Loret de Mola, el también académico situó al INE en "su peor momento de la historia" y describió un entorno en el que, a su juicio, desde la Presidencia y los partidos se privilegian intereses particulares sobre un arreglo institucional compartido.
La advertencia no es un diagnóstico aislado. Woldenberg fue uno de los arquitectos del IFE que surgió de la crisis poselectoral de 1988, y su intervención pública se produce en medio del escándalo en torno a la presidenta del INE, Guadalupe Taddei, y de las acusaciones cruzadas sobre contratos y amenazas. El expresidente del IFE sostuvo que Morena, Andrés Manuel López Obrador, Alfonso Durazo y Claudia Sheinbaum son responsables del nombramiento de Taddei, y que está documentado que no buscaron un acuerdo con el resto de los partidos: optaron por un Comité Técnico sesgado y por la tómbola.
El argumento central de Woldenberg es que la descalificación del pasado electoral no es un ajuste técnico, sino una operación política que erosiona la base de legitimidad de quien gobierna. Recordó que Morena y sus dirigentes llegaron al poder "porque hubo un IFE y un INE que trabajaron de manera profesional, de manera independiente", y que eso hizo que su arribo al gobierno fuera aceptado por prácticamente todos. La paradoja que señala es incómoda para el oficialismo: la fuerza que hoy cuestiona al árbitro se benefició de su imparcialidad.
El entrevistado también describió el mecanismo que, desde su perspectiva, opera en el discurso gubernamental: "manchando" el pasado se pretende reivindicar el presente. Frente a ello, planteó que lo indicado sería que desde la Presidencia y los partidos se mirara por un conjunto y no por intereses particulares, y que se volviera a construir una institución que diera garantías a coaliciones, ciudadanos, academia y periodismo. Su conclusión fue escéptica: "pero lo veo difícil".
La lectura política
El señalamiento de Woldenberg funciona, en la práctica, como una advertencia sobre el costo político de debilitar al árbitro antes de una elección. No es una candidatura ni un posicionamiento partidista: es la intervención de una figura de autoridad moral en materia electoral, con peso histórico verificable, que coloca el tema de la autonomía del INE en el centro del debate público rumbo a 2027.
El incentivo del oficialismo es evidente: un árbitro cuestionado reduce el costo de impugnar resultados adversos y aumenta el margen de maniobra para descalificar fallos incómodos. El incentivo de la oposición es el inverso: convertir la defensa del INE en bandera de legitimidad democrática. Woldenberg no se alinea con ninguno de los dos; su crítica apunta a ambos cuando dice que los partidos también deben mirar por el conjunto.
El equilibrio interno del INE queda expuesto. La presidenta Taddei llegó por un procedimiento que Woldenberg califica de sesgado, y el escándalo de contratos y amenazas erosiona la confianza en la institución desde dentro. Eso coloca a los consejeros electorales en una posición delicada: deben demostrar autonomía frente a un gobierno que los nombró y frente a una opinión pública que desconfía.
La señal rumbo a 2027 es que la contienda no será sólo entre partidos, sino también sobre quién controla o desacredita al árbitro. Si el INE llega a la elección con credibilidad dañada, cualquier resultado cerrado quedará bajo sospecha, y eso beneficia a quien tenga incentivos para no reconocer derrotas. Woldenberg lo dijo con claridad: "Sí va a haber elecciones, se va a necesitar una institución como lo fue el IFE, como lo fue el INE, y como deberá ser la próxima autoridad electoral, si es que queremos tener elecciones confiables, transparentes, legítimas".
Qué sigue
El calendario electoral avanza: el INE deberá definir en los próximos meses las reglas, plazos y presupuestos para la elección de 2027, mientras el escándalo en torno a Taddei sigue su curso. La pregunta verificable es si el Consejo General del INE adopta decisiones que demuestren autonomía frente al Ejecutivo, si la Secretaría de la Función Pública o la Fiscalía intervienen en el caso de los contratos, y si los partidos logran o no un acuerdo para reconstruir el consenso institucional que Woldenberg considera indispensable. Su pronóstico —"lo veo difícil"— no es una predicción, pero sí una advertencia sobre el costo de no intentarlo.
