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Edil de Felipe Carrillo Puerto pide licencia para buscar diputación federal
Mary Hernández se separa temporalmente de la presidencia municipal para recorrer el Distrito 2 de Quintana Roo, una demarcación con acción afirmativa indígena, en el proceso interno de Morena.

Mary Hernández, presidenta municipal de Felipe Carrillo Puerto, pidió licencia temporal para recorrer los cinco municipios del Distrito 2 de Quintana Roo y competir por la candidatura de Morena a diputación federal. La ley no la obligaba a separarse del cargo. El movimiento la coloca en posición de aspirante en una demarcación con acción afirmativa indígena, rumbo a 2027.
La presidenta municipal de Felipe Carrillo Puerto, Maricarmen Hernández Solís —conocida como Mary Hernández— anunció que se separará temporalmente del cargo para recorrer los cinco municipios que integran el Distrito 2 federal de Quintana Roo y competir en el proceso interno de Morena por la candidatura a diputación federal. La decisión, difundida por ella misma en un video en vivo en redes sociales, no responde a una obligación legal: la propia edil reconoció que la legislación electoral vigente no exige a los funcionarios de elección popular dejar el puesto para participar en procesos internos partidistas.
La licencia es voluntaria y su función es política, no jurídica: busca convertir el cargo municipal en plataforma de recorrido sin renunciar a él. Hernández explicó que tomó la decisión "después de algunas pláticas, de algunos consensos con el equipo, con mi familia, con los compañeros del trabajo" y que se ausentará "por unos días" para hacer "un recorrido por nuestros municipios del sur". El Distrito 2 abarca Othón P. Blanco (Chetumal), Bacalar, José María Morelos, Tulum y el propio Felipe Carrillo Puerto.
El anuncio ocurre en el marco de la contienda interna de Morena para definir la representación de los cuatro distritos federales de la entidad. La demarcación que busca Hernández está catalogada como distrito con acción afirmativa indígena, un criterio que condiciona la selección de perfiles y que forma parte del diseño de paridad y representación del bloque oficialista.
La edil no precisó cuántos días durará su ausencia ni quién asumirá la representación legal y administrativa del Ayuntamiento durante ese periodo. Para responder a señalamientos sobre la atención del municipio, sostuvo que las áreas operativas continuarán bajo la supervisión de los directores de área y mencionó programas de bacheo en el primer cuadro de la cabecera, alumbrado público y la entrega reciente de unidades para servicios y seguridad pública.
La lectura política
En la práctica, la licencia funciona como el arranque formal de una precampaña de facto, aunque no constituya todavía una candidatura registrada ni una precandidatura reconocida por el árbitro electoral. Lo que ha ocurrido es una aspiración pública: Hernández se declara en competencia y usa el cargo como base de operación. Lo que no ha ocurrido es la postulación formal, que depende del método de selección de Morena —medición por encuestas, según la evidencia disponible— y de los tiempos que marque el calendario partidista.
El incentivo inmediato es de posicionamiento. Al separarse del despacho, la edil gana disponibilidad para recorrer un distrito extenso y disperso, con cinco municipios y una geografía que exige presencia física. Al mismo tiempo, evita la crítica de estar haciendo campaña desde el cargo, un señalamiento recurrente en procesos internos donde los aspirantes con puesto público enfrentan cuestionamientos sobre uso de recursos y tiempo oficial.
El costo político de la licencia es la pérdida temporal de control directo sobre el Ayuntamiento, en un municipio donde la operación cotidiana y la relación con directores de área son parte del capital político de cualquier alcalde. Hernández intenta mitigarlo con la supervisión de directores y con la exhibición de obra pública en marcha, pero la falta de claridad sobre quién asume la representación legal del despacho deja un flanco abierto: la oposición local puede argumentar vacío de autoridad, y los propios aliados pueden leer la ausencia como señal de que el municipio queda en segundo plano.
La demarcación tiene un peso específico. Al ser distrito con acción afirmativa indígena, la competencia interna no se define solo por encuestas: también por la elegibilidad del perfil y por la negociación de cuotas dentro de Morena. La licencia envía una señal a los aliados y adversarios internos: Hernández se asume como parte de la baraja viable y está dispuesta a invertir tiempo y capital político en el recorrido, no solo a esperar la designación.
Rumbo a 2027, el movimiento se inscribe en una disputa más amplia por el ordenamiento de las candidaturas federales en Quintana Roo. La entidad renueva espacios en un contexto donde Morena busca preservar cohesión territorial y donde los liderazgos municipales fungen como base de operación. Que una presidenta municipal en funciones se separe para competir es una señal de que el proceso interno ya está en marcha en la práctica, aunque los plazos formales no estén cerrados.
Qué sigue
Hernández deberá definir la duración exacta de su licencia y el mecanismo de suplencia o encargo administrativo del Ayuntamiento, un dato que hasta ahora no ha precisado. Morena deberá hacer público su método de selección para los cuatro distritos federales de Quintana Roo y el calendario de medición por encuestas. La edil enfrentará el escrutinio sobre la operación municipal durante su ausencia y sobre su elegibilidad en un distrito con acción afirmativa indígena. El proceso interno definirá si su aspiración se convierte en candidatura formal o queda en posicionamiento.
