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RUTA 27 · MEDIUM

Moreira exige depurar el INE y pone la confianza electoral en el centro de 2027

El coordinador del PRI en San Lázaro pide auditorías integrales, revisar la concentración de facultades en la presidencia del INE y llevar a Guadalupe Taddei ante la Junta de Coordinación Política.

EN 30 SEGUNDOS

Rubén Moreira Valdez, coordinador del PRI en la Cámara de Diputados, exigió una investigación profunda, auditorías integrales y la depuración de funcionarios del INE vinculados a la gestión de Guadalupe Taddei. También pidió revisar la reforma al artículo 45 de la LGIPE que concentró facultades de nombramiento en la presidencia del Instituto. El movimiento instala la integridad electoral como eje

El coordinador del PRI en la Cámara de Diputados, Rubén Moreira Valdez, exigió una investigación profunda, auditorías integrales y la depuración de funcionarios del Instituto Nacional Electoral (INE) relacionados con la gestión de Guadalupe Taddei. La demanda no se limita a un caso administrativo: Moreira sostuvo que los señalamientos sobre proveedores, contratos y presuntas influencias en nombramientos ponen en entredicho el funcionamiento de todo el sistema electoral, no solo la relación con una licitación cuestionada.

En su intervención, el legislador afirmó que "una pandilla de delincuentes estropeó el sistema electoral mexicano" y preguntó: "¿Usted le cree al INE ahora?". Recordó que la credencial para votar, el padrón, las urnas transparentes, la tinta indeleble, las boletas foliadas y las actas con medidas de seguridad fueron resultado de décadas de construcción institucional. El señalamiento central es que esos avances hoy están bajo cuestionamiento por personas y empresas que habrían tenido acceso a información y procedimientos sensibles del Instituto.

Moreira amplió el foco hacia los Organismos Públicos Locales Electorales (OPLEs). Mencionó el caso de Hidalgo, donde dos contratos a favor de la empresa Cajas Graf sumarían cerca de 135 millones de pesos, además de los cuestionamientos sobre impresión de boletas adicionales. También pidió revisar y derogar la modificación al artículo 45 de la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales (LGIPE), impulsada mediante una reserva del senador de Morena, Miguel Pavel Jarero, que permitió concentrar en la presidencia del Instituto facultades para realizar nombramientos sin el acuerdo de los demás consejeros. Según su lectura, esa concentración debilitó los contrapesos y abrió la puerta a decisiones que hoy deben investigarse.

El coordinador priista insistió en que no basta con una renuncia para resolver la crisis: se necesita investigar, sancionar y retirar de sus cargos a quienes hayan participado en irregularidades, además de recuperar los contrapesos y las decisiones colegiadas. Dijo que solicitó por escrito la comparecencia de la presidenta del INE ante la Junta de Coordinación Política de la Cámara de Diputados para dialogar sobre el presupuesto, y advirtió que Morena es responsable de los cambios que concentraron el poder en la presidencia del Instituto. "Las elecciones sin confianza no son una opción", concluyó.

La lectura política

El movimiento de Moreira cumple una función práctica: coloca la integridad del árbitro electoral en el centro del debate legislativo y lo hace desde una posición opositora con visibilidad nacional. No es una candidatura formal ni una precandidatura registrada; es un posicionamiento político que ordena un tema de agenda y mide lealtades dentro y fuera del PRI. En la práctica, funciona como un eje de oposición temprana rumbo a 2027: si la confianza en el INE se convierte en tema de campaña, el partido que lo impulse gana margen para articular alianzas y para exigir contrapesos.

El incentivo es doble. Hacia adentro, Moreira refuerza su papel como coordinador parlamentario y vocero de una causa institucional, lo que le da peso en la negociación interna del PRI y en la construcción de una coalición opositora. Hacia afuera, la exigencia de auditorías y depuración presiona al INE y al gobierno federal en un terreno donde la crítica es difícil de descalificar sin costo público. El límite es claro: no hay aún resolución administrativa ni judicial que acredite las irregularidades que describe; lo que existe es una acusación política y una demanda de revisión.

El equilibrio interno del PRI y de la oposición también se juega aquí. Moreira ha insistido en construir una coalición rumbo a 2027 y en postular candidatos únicos en los 300 distritos, según antecedentes públicos. La bandera de la integridad electoral puede servir como pegamento programático de esa coalición, aunque también expone el riesgo de que la crítica se lea como cálculo partidista. La señal para aliados es que el PRI quiere capitalizar el tema; la señal para adversarios es que el costo de ignorar los señalamientos puede crecer.

Qué sigue

La comparecencia de Guadalupe Taddei ante la Junta de Coordinación Política de la Cámara de Diputados es el próximo paso verificable, aunque no hay fecha confirmada en la evidencia disponible. También queda pendiente la respuesta del INE a la solicitud de auditorías y la eventual revisión de la reforma al artículo 45 de la LGIPE en el Congreso. El desenlace dependerá de si la demanda se traduce en un acuerdo parlamentario o se queda como posicionamiento político.