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RUTA 27 · MEDIUM

Muere Rosina del Villar, dirigente de Morena en BC, en pleno proceso hacia 2027

La dirigencia estatal había negado horas antes que su estado de salud representara alarma. Su muerte deja a Morena Baja California sin su operadora en el arranque formal de la sucesión de Marina del Pilar.

EN 30 SEGUNDOS

Rosina del Villar Casas, dirigente de Morena en Baja California, falleció la noche del sábado tras un accidente, horas después de que el partido negara que su salud fuera motivo de alarma. Su muerte ocurre en el arranque del proceso electoral de 2027, cuando Morena ya perfila a Julieta Ramírez para la gubernatura. El partido pierde a su operadora estatal en el momento de mayor definición interna.

Rosina del Villar Casas, dirigente del Comité Ejecutivo Estatal de Morena en Baja California, falleció la noche del sábado, horas después de que ella misma informara en redes sociales que había sufrido un accidente y que su recuperación avanzaba "de manera satisfactoria". El partido confirmó la muerte y la ubicó en el marco del proceso electoral de 2027, cuando se renovará la gubernatura del estado. La noticia convierte una emergencia de salud en un problema de conducción política para el morenismo bajacaliforniano en el tramo más delicado de su sucesión.

El viernes, Del Villar había escrito que recibía atención médica del servicio público y que no existía "motivo de alarma". También adelantó que retomaría sus actividades al frente del comité estatal tras recuperarse. La dirigencia partidista difundió ese posicionamiento y negó que hubiera una alerta sobre su estado. Horas después, el desenlace fue distinto. La dirigencia de Morena en Baja California negó el viernes una alarma de salud que el sábado se convirtió en la confirmación de un fallecimiento.

Las reacciones llegaron desde los dos polos del poder morenista en el estado. La gobernadora Marina del Pilar Ávila Olmeda dijo que compartió con ella "momentos que siempre llevaré en el corazón" y que su partida deja "un gran vacío". La virtual candidata a la gubernatura, Julieta Ramírez, expresó su solidaridad con la familia y afirmó que la recordará "con respeto y afecto". El mensaje de la aspirante y el de la gobernadora colocan a Del Villar en el centro de la estructura que ambos bandos necesitaban aceitada para 2027.

La evidencia disponible no permite establecer las causas del accidente ni las circunstancias clínicas de la muerte. Tampoco hay elementos para afirmar que su fallecimiento altere por sí mismo el calendario electoral ni la posición de Ramírez como virtual candidata. Lo que sí queda documentado es que la dirigencia estatal quedó acéfala en el momento en que el partido entra a la fase de definición de candidaturas y de organización territorial.

La lectura política

En Morena, la presidencia del comité estatal no es un cargo administrativo: es la llave de la operación territorial, la interlocución con el gobierno estatal y el filtro de los acuerdos que ordenan candidaturas locales. La dirección estatal funciona, en la práctica, como la caseta de cobro de la coalición morenista en Baja California. Quien la ocupa negocia posiciones, mide lealtades y administra el calendario de los aspirantes a alcaldías y diputaciones locales que se eligen junto con la gubernatura.

La designación de Julieta Ramírez como virtual candidata ya había generado tensión: reportes de actos anticipados y hallazgo de folletos suyos apuntan a una campaña en marcha antes de los plazos formales. En ese contexto, la dirigencia estatal debía cumplir una función delicada: contener a los aspirantes desplazados y evitar que la imposición de la candidata se tradujera en ruptura interna. La muerte de Del Villar deja esa tarea de contención sin su operadora natural, en un partido donde la disciplina se sostiene más por acuerdo entre élites que por reglas estatutarias.

El equilibrio interno de Morena en Baja California descansa en dos polos: el gobierno de Marina del Pilar y la estructura partidista que Del Villar encabezaba. La gobernadora conserva la maquinaria administrativa y el presupuesto; el comité estatal controlaba la vida interna, los consejos y la relación con las bases. Sin esa pieza, la gobernadora gana margen para influir en la designación de la dirigencia interina, mientras los aspirantes locales pierden un canal de negociación conocido. Quien sea nombrado para sustituirla heredará la facultad de ordenar la lista de candidaturas locales y de decidir cuánto espacio se concede a los grupos que no respaldan a Ramírez.

La señal hacia 2027 es de fragilidad operativa, no de cambio de candidata. La candidatura de Ramírez no depende de la dirigencia estatal, pero su viabilidad electoral sí depende de que la estructura que Del Villar conducía opere sin fracturas. En un estado donde Morena gobierna y donde la oposición buscará capitalizar cualquier señal de desorden, la sucesión interna del comité se vuelve un test de la capacidad del partido para administrar su propia crisis.

Qué sigue

El Comité Ejecutivo Nacional de Morena deberá definir quién asume la conducción estatal de manera interina o estatutaria; no hay fecha confirmada en la evidencia disponible. El calendario electoral de Baja California y los plazos del Instituto Estatal Electoral marcarán cuándo esa designación se vuelve urgente para no afectar el registro de candidaturas locales. También queda por verse si la gobernadora y la virtual candidata impulsan una misma fórmula de relevo o si la vacante abre una negociación entre grupos que hasta ahora se mantenían contenidos.