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PAS tantea alianzas rumbo a 2027 sin proceso electoral formal
El dirigente Robespierre Lizarraga Otero reconoce acercamientos con actores de otros partidos en Sinaloa, pero aclara que no son negociaciones formales porque el proceso aún no inicia.

El Partido Sinaloense (PAS) explora alianzas con otras fuerzas políticas para competir en 2027, según su dirigente Robespierre Lizarraga Otero. Los acercamientos no son negociaciones formales porque el proceso electoral no ha comenzado. El PAS busca capitalizar el desencanto en Sinaloa y reactivar su estructura territorial en Angostura y la región del Évora.
El Partido Sinaloense (PAS) explora la construcción de una coalición con otras fuerzas políticas para competir en las elecciones de 2027, informó su dirigente Robespierre Lizarraga Otero durante un encuentro con militantes en Angostura. El anuncio no constituye una alianza ni el inicio de negociaciones formales, pero sí una señal de que el partido local busca ordenar su estrategia antes de que el calendario electoral abra los plazos legales.
Lizarraga Otero reconoció acercamientos con actores de otras organizaciones políticas para explorar coincidencias, aunque aclaró que no se trata de negociaciones formales porque el proceso electoral aún no inicia. La distinción importa: en términos legales, una coalición requiere convocatoria, plazos y registro ante la autoridad electoral; en términos políticos, las conversaciones previas son el terreno donde se mide viabilidad, se reparten costos y se prueba la disposición de aliados potenciales.
El dirigente explicó que la intención es comenzar a trabajar desde ahora en la construcción de acuerdos, ya que, una vez que se emita la convocatoria del proceso electoral, los tiempos para registrar una coalición ante las autoridades serán limitados. Esa lógica anticipatoria es común en partidos con estructura territorial pero con techo electoral acotado: el PAS no compite en el mismo plano que los partidos nacionales, y una alianza puede ser su vía para ampliar su base o para negociar posiciones.
El PAS concentra su reactivación territorial en Angostura y la región del Évora, donde asegura haber obtenido resultados favorables históricamente. El encuentro con militantes en Angostura no es un dato menor: el mensaje se dirige a una base local, no a una audiencia nacional, y sugiere que la prioridad inmediata es reconstruir presencia antes de definir con quién se negocia.
Lizarraga Otero consideró que en Sinaloa existen condiciones para un replanteamiento de las fuerzas políticas en el gobierno, al señalar que percibe cansancio, hartazgo y desencanto entre sectores de la población por la situación que atraviesa el estado. Esa lectura del ánimo social es una hipótesis política, no un dato verificado, pero funciona como justificación pública para buscar aliados y presentarse como alternativa.
La lectura política
El movimiento del PAS funciona en la práctica como un posicionamiento anticipado, no como una precandidatura ni como una coalición registrada. No hay candidato definido, no hay partido aliado confirmado y no hay plataforma común. Lo que existe es una declaración de intención que busca medir lealtades, abrir conversaciones y colocar al partido en el mapa de las negociaciones que se anticipan para 2027.
El incentivo principal es el tiempo. Los partidos locales suelen enfrentar una desventaja estructural frente a las fuerzas nacionales: menos recursos, menos cobertura y menos capacidad de arrastre. Negociar antes de la convocatoria les permite llegar con algo construido, aunque sea un acuerdo político incipiente, y evitar la dispersión que suele producirse cuando el calendario electoral ya está en marcha.
La señal que envía a aliados y adversarios es que el PAS está dispuesto a subordinar su identidad local a una coalición más amplia, siempre que las condiciones le permitan conservar presencia territorial. Esa disposición puede ser atractiva para partidos que necesitan estructura en Sinaloa, pero también puede generar resistencia entre militantes que ven en la alianza una dilución del proyecto propio.
El equilibrio interno es otro factor. Lizarraga Otero habla de "nosotros" y de "lo que nos corresponde", lo que sugiere un esfuerzo por mantener cohesionada a la militancia mientras se negocia hacia afuera. La mención al cansancio y al desencanto no es solo un diagnóstico: es un argumento para justificar ante las bases por qué el partido busca aliados en lugar de competir solo.
Falta un elemento clave para sostener una lectura más fuerte: no hay nombres de partidos, no hay actores identificados y no hay plazos concretos. Sin esa información, la exploración de alianzas es real como intención, pero indeterminada como operación política.
Qué sigue
El PAS deberá definir si los acercamientos se convierten en negociaciones formales una vez que el Instituto Nacional Electoral (INE) o las autoridades locales emitan la convocatoria del proceso electoral. Antes de eso, el partido tiene margen para seguir tanteando aliados sin comprometerse públicamente.
El siguiente paso verificable será la reactivación de estructuras territoriales en Angostura y la región del Évora, así como la eventual presentación de acuerdos o coincidencias con otras fuerzas políticas. Cualquier anuncio de coalición requerirá, en su momento, registro formal ante la autoridad electoral y cumplimiento de los plazos legales.
