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Zamora pide vigilar casillas y desconfía del INE rumbo a Sinaloa 2027
El diputado federal del PRI y aspirante a la gubernatura llama a cubrir las cerca de 5 mil casillas del proceso de 2027, tras la salida de Guadalupe Taddei de la presidencia del INE.

Mario Zamora Gastélum, diputado federal del PRI y aspirante a la gubernatura de Sinaloa, pidió a los ciudadanos vigilar las cerca de 5 mil casillas de 2027 porque, dijo, no se confía en el INE. Calificó de vergüenza la salida de Guadalupe Taddei. El llamado mezcla desconfianza institucional con construcción de estructura territorial rumbo a la candidatura opositora.
El diputado federal del PRI Mario Zamora Gastélum pidió a los sinaloenses declararse vigilantes de las cerca de 5 mil casillas que se instalarán en 2027, al argumentar que no se confía en el árbitro electoral. La solicitud no es un trámite: es un llamado a construir presencia territorial en cada centro de votación del estado, a un año de que se renueven gubernatura, diputaciones locales y alcaldías.
"No confiamos en el árbitro electoral, en quien confiamos es en los sinaloenses", dijo el legislador, quien aspira a la candidatura de su partido para la gubernatura. El llamado a cubrir casillas funciona, en la práctica, como una convocatoria de estructura electoral anticipada, aunque no constituya todavía una precandidatura registrada ni un acto de campaña formal.
Zamora también se refirió a la salida de Guadalupe Taddei de la presidencia del Instituto Nacional Electoral (INE), tras señalamientos de presunta corrupción y conflictos de intereses. La calificó como "una pena y una vergüenza" y comparó el episodio con una serie de televisión. La evidencia disponible no acredita una resolución judicial o administrativa sobre esos señalamientos; se trata de la lectura del legislador sobre un hecho que él mismo describe.
El contexto importa: Zamora ha construido en semanas un discurso de frente opositor amplio, con propuesta de elección interna abierta para definir la candidatura y declaraciones sobre apoyos de morenistas, alcaldes en activo y diputados. Ese posicionamiento lo coloca como uno de los nombres visibles de la oposición en Sinaloa, aunque la candidatura no está definida ni por su partido ni por una coalición formalizada.
La lectura política
El movimiento tiene una función clara: trasladar la desconfianza en la autoridad electoral a una red de vigilancia que, en los hechos, opera como estructura de movilización. Pedir un ciudadano por casilla equivale a pedir miles de simpatizantes identificados, capacitados y disponibles el día de la jornada. Es una forma de hacer política territorial sin gastar en campaña formal y sin cruzar todavía las restricciones legales de los actos anticipados.
El incentivo es doble. Hacia adentro del PRI y del frente opositor, Zamora se posiciona como el actor que ya está organizando el terreno, lo que fortalece su aspiración frente a otros precandidatos. Hacia afuera, capitaliza el desgaste del INE para presentarse como el defensor del voto ciudadano, un mensaje que puede resonar en un electorado con baja confianza institucional.
El límite es preciso: no hay candidatura registrada, no hay coalición formalizada y no hay precandidatura reconocida por el partido. Lo que existe es un aspirante que usa el tema de la integridad electoral para ordenar su propia estructura. La encuesta de Massive Caller de septiembre de 2026 lo ubicaba con 38.5% de preferencia entre quienes votarían por el PRI, un dato que respalda su visibilidad, no su nominación.
La señal para aliados y adversarios es que Zamora quiere ser el eje del frente opositor y que está dispuesto a disputar el terreno de la vigilancia electoral, un espacio que en Sinaloa tiene peso propio por la historia reciente de conflictos postelectorales.
Qué sigue
El calendario marca la pauta: la definición de la candidatura del PRI y de un eventual frente opositor, la eventual elección interna abierta que Zamora ha propuesto y la publicación de las reglas del proceso local por parte del organismo electoral de Sinaloa. También queda pendiente conocer el desenlace institucional de la salida de Taddei y si el INE confirma o desmiente los señalamientos que el legislador dio por ciertos. Sin esos elementos, la desconfianza expresada es una posición política, no una conclusión verificada.
