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INE: subdirectora cobró un año sin trabajar y salió en septiembre
Anayanci Bravo Urquidi dejó la Subdirección de Información del INE en septiembre de 2026, más de un año después de haber sido separada de sus funciones. Fuentes del instituto señalan que la presidenta Guadalupe Taddei respaldó su permanencia en nómina.

Anayanci Bravo Urquidi dejó en septiembre de 2026 la Subdirección de Información del INE, plaza que cobó desde agosto de 2025 sin laborar en el área. Fuentes del instituto atribuyen el respaldo a la presidenta Guadalupe Taddei. El caso expone cómo la concentración de nombramientos en la presidencia del INE, avalada por una reforma reglamentaria impulsada en la Cámara de Diputados, reduce los contr
La Subdirección de Información del Instituto Nacional Electoral (INE) cambió de manos en septiembre de 2026, pero el relevo no resolvió el problema de fondo: Anayanci Bravo Urquidi permaneció más de un año en la nómina del área de Comunicación Social sin desempeñar las labores del puesto que tenía asignado, de acuerdo con fuentes del instituto consultadas por La Silla Rota. La funcionaria había dejado de trabajar en esa área desde agosto de 2025.
El dato central no es la salida, sino la duración de la anomalía. A Bravo Urquidi se le pidió la renuncia en dos ocasiones —agosto de 2025 y enero de 2026— y en ambas se negó, según las mismas fuentes. En el intermedio, se le retiró del chat de prensa del INE, perdió relación con el área y, sin oficina provisional, pasó meses en la Sala de Prensa del instituto. Su nombre siguió publicado en el sitio del INE con un salario de 97 mil pesos mensuales hasta septiembre pasado, cuando finalmente dejó la plaza, ocupada ahora por Diego Pinto.
El episodio se inscribe en una discusión mayor sobre cómo se nombra y se remueve al personal de mando del árbitro electoral. La Cámara de Diputados aprobó, a propuesta del morenista Sergio Gutiérrez, una modificación al reglamento del INE que permite a la presidencia designar directamente a todos los directores de área, facultad que antes se resolvía por consenso entre consejeros. La consejera Carla Humphrey lo planteó el jueves en términos de rendición de cuentas: "Antes los nombramientos eran colegiados, los consejeros éramos corresponsables de a quiénes se nombraba. Hoy responden ante una sola persona".
La lectura política
El caso de Bravo Urquidi funciona, en la práctica, como un indicador de cómo se ejerce el poder interno en el INE más que como una falta administrativa aislada. La permanencia de una subdirectora sin funciones durante más de un año sugiere que la protección de una plaza pesó más que la evaluación de desempeño, y que los mecanismos de supervisión del área no operaron con autonomía suficiente para corregirla. Las fuentes citadas atribuyen ese respaldo a la oficina de la presidencia del INE, encabezada por Guadalupe Taddei, aunque se trata de señalamientos periodísticos y no de una resolución administrativa o jurisdiccional que así lo determine.
El incentivo político es reconocible. Cuando la presidencia concentra la facultad de nombrar y remover directores, cada plaza deja de ser un puesto técnico y se convierte en un nodo de lealtad administrativa. Eso no implica automáticamente una candidatura ni un uso electoral del cargo, pero sí explica por qué una salida tardía puede leerse como un costo político que se prefirió diferir antes que asumir. El precedente de Jesús Octavio García, nombrado director de administración y luego renunciado tras divulgarse que había sido representante legal de una empresa proveedora del INE, apunta en la misma dirección: nombramientos unipersonales con filtros internos debilitados.
Para 2027, el punto sensible no es Bravo Urquidi, sino la arquitectura institucional que el episodio deja a la vista. El INE entra al ciclo electoral con un diseño de nombramientos más concentrado y con consejeros que ya advierten públicamente la pérdida de corresponsabilidad. La señal que reciben aliados y adversarios es que el control del aparato administrativo del árbitro electoral se ejerce desde la presidencia, y que los contrapesos colegiados dependen hoy más de la voluntad política que de la regla escrita. Falta, para sostener una lectura más severa, una resolución del Órgano Interno de Control o del Servicio Profesional Electoral que determine responsabilidades por el periodo sin funciones.
Qué sigue
El relevo en la Subdirección de Información ya se formalizó con Diego Pinto, pero no se ha documentado públicamente si el Órgano Interno de Control del INE abrió una investigación sobre el periodo en que Bravo Urquidi cobró sin laborar en su área. Tampoco se conoce si la modificación reglamentaria que faculta a la presidencia para designar directores será revisada por la vía jurisdiccional o si los consejeros buscarán recuperar la colegialidad mediante un acuerdo del Consejo General. La pregunta verificable es si el INE hará público un dictamen sobre el caso antes de que arranque formalmente el proceso electoral 2026-2027, porque de ello depende que el episodio se cierre como una anomalía administrativa corregida o quede como un precedente de impunidad interna.
