RUTA 27 · MEDIUM
Morena domina Chihuahua con 49.4% y el PAN se queda en 29.1%
La ventaja de 20 puntos en intención de voto ocurre mientras el PAN local defiende a Maru Campos por el caso Jáuregui y Morena nacional negocia su coalición con PT y PVEM rumbo a 2027.

Morena encabeza la intención de voto en Chihuahua con 49.4% frente al 29.1% del PAN, según mediciones del 23 de octubre de 2026. La ventaja de 20 puntos llega en plena defensa panista de Maru Campos por el caso Jáuregui y mientras Morena nacional negocia coalición con PT y PVEM. Chihuahua, bastión histórico del PAN, se perfila como pieza clave para 2027.
Morena encabeza la intención de voto en Chihuahua con 49.4% de las preferencias, frente a 29.1% del PAN, según las mediciones electorales difundidas el 23 de octubre de 2026. La diferencia de 20.3 puntos no es un dato aislado: llega en una jornada en la que el PAN estatal respaldó públicamente a la gobernadora Maru Campos y rechazó las acusaciones de Morena en el caso del fiscal César Jáuregui, y en la que la dirigencia nacional de Morena mantiene abiertas las negociaciones con el PT y el PVEM para formalizar una coalición rumbo a 2027.
La ventaja de Morena en Chihuahua se produce mientras el PAN local gasta capital político en defender a su gobernadora por el caso Jáuregui, no en construir una oferta electoral propia. Ese cruce de agendas importa: el partido que gobierna el estado aparece reaccionando a una acusación, mientras el partido opositor aparece midiendo preferencias. La secuencia de declaraciones del 23 de octubre —el respaldo panista a Campos, el rechazo de Alfredo Chávez a lo que llamó una traición a Jáuregui, la advertencia de Ariadna Montiel de denunciar a la gobernadora por presunta difamación— dibuja un PAN en modo defensivo y un Morena en modo ofensivo, aunque ninguno de esos episodios constituya por sí mismo una resolución judicial o administrativa.
Chihuahua tiene un peso simbólico que la encuesta no captura. Es un territorio de tradición panista, con un electorado que ha castigado tanto el desgaste de gobiernos locales como las fracturas internas de sus dirigencias. Una ventaja de 20 puntos en un bastión histórico del PAN no equivale a una gubernatura ganada, pero sí reordena la conversación sobre qué partido llega con iniciativa al ciclo de 2027. La medición, además, se difunde sin que la evidencia disponible precise casa encuestadora, tamaño de muestra o metodología, lo que obliga a tratarla como señal de tendencia y no como pronóstico cerrado.
La lectura política
En la práctica, el dato funciona como un activo de negociación para Morena en dos frentes simultáneos. Hacia afuera, le permite presentarse ante el PT y el PVEM como el socio que ya encabeza la preferencia en un estado que no gobierna, lo que fortalece su posición para definir cómo se reparten candidaturas y espacios en la coalición nacional que la dirigencia morenista negocia desde el 22 de octubre. Hacia adentro, ordena la expectativa de los aspirantes locales: quien busque una candidatura en Chihuahua tendrá que posicionarse frente a un partido que se percibe arriba, no frente a uno que compite desde abajo.
Para el PAN, el costo es distinto. La defensa de Maru Campos por el caso Jáuregui puede ser una decisión de lealtad interna, pero electoralmente consume el tiempo y el mensaje que el partido necesitaría para ofrecer una alternativa. El respaldo de la dirigencia estatal y el rechazo de Alfredo Chávez a lo que describió como una traición a Jáuregui sugieren una disputa por el control narrativo del caso más que una estrategia de competencia. Ninguno de esos movimientos constituye aún una candidatura, una precandidatura ni una plataforma formal; son posicionamientos en una contienda que todavía no arranca legalmente.
Conviene distinguir los niveles. Una encuesta de intención de voto no es un registro de candidatura, ni una precandidatura de facto, ni una coalición formalizada. Lo que el dato sí permite afirmar es que, al 23 de octubre de 2026, el escenario de preferencias en Chihuahua favorece a Morena y que ese favoritismo coincide con un PAN ocupado en contener un conflicto interno y con un Morena nacional que busca ampliar su alianza. Lo que no permite afirmar es que la elección esté definida: faltan candidaturas, coaliciones registradas ante la autoridad electoral y, sobre todo, una campaña que exponga a los aspirantes al escrutinio público.
El precedente verificable más útil es el de Querétaro, donde la propia dirigencia de Morena presentó una encuesta que mostraba empate técnico con el PAN (36.0% frente a 36.2%). Ese contraste —ventaja amplia en Chihuahua, paridad en Querétaro— sugiere que el partido no avanza igual en todos los territorios y que las mediciones estatales responden a dinámicas locales, no solo a la marea nacional. La señal para aliados y adversarios es que Morena llega a 2027 con un mapa desigual, pero con un estado emblemático donde la oposición panista aparece a la defensiva.
Qué sigue
La dirigencia nacional de Morena deberá concretar o descartar la coalición con el PT y el PVEM, proceso que sigue abierto desde el 22 de octubre y que definirá el marco formal en el que se inscriban las candidaturas estatales. En Chihuahua, el PAN enfrenta la siguiente prueba en la gestión del caso Jáuregui: si la defensa de Maru Campos se traduce en una resolución institucional o en un desgaste prolongado. Para ambos partidos, el paso verificable será la publicación de encuestas con metodología completa y, más adelante, el registro formal de candidaturas ante la autoridad electoral, que es el único acto que convierte una aspiración en candidatura.
