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PRI exige investigar al INE y condicionar su nueva presidencia rumbo a 2027
Adolfo Micalco Méndez pidió revisar contratos señalados de la gestión de Guadalupe Taddei y advirtió que la renuncia de la consejera presidenta no basta para recuperar confianza ciudadana.

El presidente de la Fundación Colosio en San Luis Potosí, Adolfo Micalco Méndez, exigió investigar presuntas irregularidades en el INE durante la gestión de Guadalupe Taddei y condicionó la próxima presidencia del organismo a un perfil sin compromisos partidistas. El PRI busca colocar la integridad del árbitro electoral en el centro del debate rumbo a 2027, cuando el INE organizará los comicios y
El PRI colocó la integridad del árbitro electoral en el centro de su agenda rumbo a 2027. Desde San Luis Potosí, Adolfo Micalco Méndez, presidente de la Fundación Colosio en el estado, exigió que se investiguen "hasta sus últimas consecuencias" los presuntos actos de corrupción, contratos cuestionados y conflictos de interés señalados durante la gestión de Guadalupe Taddei al frente del Instituto Nacional Electoral (INE).
Micalco sostuvo que la renuncia de la consejera presidenta no es suficiente para recuperar la confianza ciudadana y que debe revisarse la estructura interna del organismo. Su planteamiento no se limita a la salida de Taddei: apunta a los funcionarios que pudieran estar involucrados y a los procedimientos que permanecerían intactos si solo cambia la titularidad.
El dirigente priista citó señalamientos sobre contratos por aproximadamente 514 millones de pesos bajo revisión, entre ellos adjudicaciones directas por 197 millones a empresas presuntamente vinculadas entre sí, y observaciones específicas por 66.5 millones. No presentó documentos nuevos ni una denuncia formal en su comparecencia; su exigencia se apoya en cuestionamientos ya expuestos públicamente y en la necesidad de que la autoridad electoral los explique.
La exigencia tiene un destinatario doble. Por un lado, las instancias de fiscalización y control del propio INE; por otro, el proceso de designación de quien sustituirá a Taddei, que corresponde a la Cámara de Diputados mediante el procedimiento constitucional. Micalco condicionó ese relevo a un perfil con independencia, solvencia moral y sin compromisos partidistas. Es una demanda de perfil, no una candidatura: el PRI no ha presentado una terna ni un nombre.
El contexto importa. El INE no solo organiza las elecciones federales de 2027; también administra el padrón electoral, instrumento cuya credibilidad es condición para cualquier disputa comicial. Cuestionar la integridad del organismo antes de que arranque el proceso permite a un partido instalar anticipadamente un marco de desconfianza que luego puede invocar en impugnaciones, recuentos o conflictos postelectorales.
La lectura política
La exigencia funciona, en la práctica, como posicionamiento político antes que como iniciativa jurídica. Micalco no encabeza una investigación ni tiene facultades para abrirla; su rol es fijar la posición del PRI en un tema que ordena la conversación nacional sobre el árbitro electoral. La Fundación Colosio, formalmente un espacio de reflexión, opera aquí como plataforma de vocería partidista en el territorio.
El incentivo es claro. El PRI llega a 2027 sin haber recuperado el peso electoral que tuvo y necesita un tema que lo coloque del lado de la institucionalidad. La integridad del INE es un terreno donde puede coincidir con otros partidos y con sectores ciudadanos, sin comprometerse en una alianza formal. También le permite marcar distancia de cualquier gobierno que pretenda influir en la designación.
El movimiento envía una señal a aliados y adversarios: el PRI vigilará el proceso de nombramiento y convertirá la imparcialidad del árbitro en bandera. Para el oficialismo, implica que la elección de la próxima presidencia del INE será leída como prueba de autonomía, no como trámite. Para la oposición, abre la posibilidad de un frente común en torno a un requisito mínimo compartido.
El límite es preciso: no existe aún una candidatura, una precandidatura ni una propuesta de nombre. Lo que hay es una aspiración de perfil y una advertencia sobre las consecuencias de ignorarla. La lectura de que el PRI busca ordenar su propia sucesión interna o medir lealtades no está respaldada por la evidencia disponible; lo que sí sostiene el hecho es una estrategia de posicionamiento temático con alcance nacional desde una tribuna estatal.
Qué sigue
El proceso de designación de la próxima presidencia del INE deberá resolverse en la Cámara de Diputados conforme al procedimiento constitucional, con una convocatoria y una terna que aún no se han hecho públicas. La exigencia de Micalco se medirá en ese trámite: si el PRI presenta propuestas, si otros partidos se suman al mismo estándar y si las investigaciones sobre los contratos señalados avanzan en las instancias internas del organismo. También queda por ver si la renuncia de Taddei se acompaña de un deslinde formal o de auditorías que confirmen o descarten las irregularidades mencionadas.
