RUTA 27 · HIGH
Ramírez Cuéllar lleva a la FGR el caso Taddei y lo ata a 2027
El vicecoordinador de Morena en San Lázaro pide sanciones penales contra la expresidenta del INE y un "maxiproceso" sobre contrataciones electorales, a días de que arranque formalmente la ruta hacia la sucesión presidencial.

Alfonso Ramírez Cuéllar, vicecoordinador de Morena en la Cámara de Diputados, exigió a la Fiscalía General de la República investigar presuntas irregularidades en contrataciones del INE y sancionar penalmente a Guadalupe Taddei. El legislador vinculó el caso con el proceso electoral de 2027 y pidió citar al SAT y a la autoridad de competencia. Es la presión más explícita de Morena sobre el árbitro
El vicecoordinador de Morena en la Cámara de Diputados, Alfonso Ramírez Cuéllar, pidió a la Fiscalía General de la República (FGR) investigar presuntas irregularidades en las contrataciones del Instituto Nacional Electoral (INE) y fincar responsabilidades penales a su expresidenta, Guadalupe Taddei. La exigencia no se quedó en el terreno administrativo: el legislador sostuvo que Taddei "debe de ir a la cárcel" y que deben acumularse responsabilidades administrativas y penales. Lo hizo durante la comparecencia del titular del Órgano Interno de Control (OIC) del INE, Víctor Hugo Carvente Contreras, es decir, en el foro donde el Poder Legislativo revisa al órgano de control del árbitro electoral.
El señalamiento central es que existiría una red de complicidades en la contratación de proveedores de materiales e insumos electorales, operando desde hace varios años. Ramírez Cuéllar la describió como un "cártel" y un sistema de intermediación irregular, y pidió que la FGR no solo investigue a las empresas señaladas, sino que asegure sus bienes y cuentas. También planteó revisar a los Organismos Públicos Locales Electorales (OPLE), con lo que el alcance del caso se extiende del INE a las 32 estructuras locales que organizan las elecciones en los estados.
El paquete de solicitudes incluye citar a comparecer a autoridades del Servicio de Administración Tributaria (SAT) para revisar posibles esquemas de facturación falsa y operaciones simuladas, y reunirse con la titular de la autoridad de competencia económica para conocer posibles acuerdos entre proveedores y contratistas. El legislador enmarcó el asunto como una prueba de la capacidad del Estado para combatir la corrupción y reducir la impunidad, y llamó a la Cámara de Diputados a profundizar esas acciones.
La pieza que da peso político al pronunciamiento es el calendario. Ramírez Cuéllar advirtió que los señalamientos adquieren relevancia ante el proceso electoral de 2027. No es una afirmación casual: el INE es la institución que organiza la elección presidencial y la renovación del Congreso, y su presidencia quedó acéfala tras la salida de Taddei. En los días previos, el mismo legislador había pedido que se designara un nuevo titular del Consejo General con urgencia, argumentando que el organismo no puede operar sin conducción formal cuando el proceso ya está en marcha.
La lectura política
El movimiento tiene una función práctica clara: Morena está usando el control de la Cámara de Diputados para convertir una acusación de corrupción en un mecanismo de presión sobre el árbitro electoral, en el momento en que ese árbitro debe ser reconstituido. La comparecencia del titular del OIC no es un trámite menor: es el espacio donde el Legislativo puede exhibir, citar y fijar agenda. Al pedir FGR, SAT y autoridad de competencia, Ramírez Cuéllar no solo acusa; construye una ruta institucional que mantiene el tema vivo y que obliga a otras autoridades a pronunciarse.
Hay que distinguir lo que ha ocurrido de lo que no. No existe aún una resolución judicial ni administrativa que acredite las irregularidades señaladas; lo que hay es una acusación pública de un legislador en un foro de control. Tampoco hay una candidatura formal en juego. Lo que sí hay es un posicionamiento: Ramírez Cuéllar se coloca como la voz de Morena que fija postura sobre el INE, un activo relevante en la negociación interna por la integración del Consejo General y por el perfil que conducirá la elección de 2027.
El incentivo partidista es doble. Por un lado, presionar para que la designación de la nueva presidencia del INE ocurra en un ambiente donde la salida de Taddei quede asociada a corrupción, lo que reduce el margen de negociación de otros actores y de la oposición para imponer un perfil incómodo. Por otro, enviar una señal a los aliados y adversarios: el partido en el gobierno no piensa soltar el tema de la fiscalización electoral y está dispuesto a llevarlo al terreno penal. El riesgo es simétrico: si las investigaciones no prosperan, la acusación puede leerse como presión política sobre un órgano autónomo, y eso tiene costo en la narrativa de defensa de la democracia.
El equilibrio interno también cuenta. La salida de Taddei dejó al INE sin conducción formal y abrió una negociación en la que participan la Cámara de Diputados, el Senado y los propios consejeros. Quien controle el relato sobre la corrupción en el INE gana margen para influir en el perfil del próximo presidente del Consejo General. Ese es el poder real que redistribuye este pronunciamiento, más allá de la suerte penal de la expresidenta.
Qué sigue
La ruta verificable pasa por la FGR, que tendrá que decidir si abre carpeta de investigación o declina; por la Cámara de Diputados, que deberá definir si cita formalmente al SAT y a la autoridad de competencia; y por el proceso de designación de la nueva presidencia del INE, cuyo calendario apremia conforme se acerca 2027. El punto de control más inmediato es si el OIC del INE entrega informes concretos sobre las contrataciones señaladas o si el caso se queda en el terreno de la acusación política.
Actualización
Gutiérrez Luna niega los cobros de diezmos que Ramírez Cuéllar había llevado a la FGR para investigar al INE. Leer el nuevo desarrollo.
