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Morena promete "votos democráticos" para 2027 en medio del relevo en el INE
Ariadna Montiel condicionó la certeza del proceso electoral a la investigación de la Auditoría Superior de la Federación sobre el caso que derivó en la renuncia de Guadalupe Taddei. La dirigencia morenista exige a la Cámara de Diputados resolver el nombramiento y dar seguimiento

Ariadna Montiel, dirigente nacional de Morena, dijo que su partido hará "votos democráticos" para que el proceso rumbo a 2027 brinde certeza y seguridad. Ocurre tras la renuncia de Guadalupe Taddei al INE por un caso de corrupción. Montiel respaldó que la Auditoría Superior investigue y confió en que la Cámara de Diputados resuelva el nombramiento. Importa porque Morena busca fijar el estándar de
La dirigente nacional de Morena, Ariadna Montiel, afirmó que su partido hará "votos democráticos" para que todo el proceso rumbo a las elecciones de 2027 brinde certeza y seguridad a todos. La declaración ocurrió en conferencia de prensa desde La Paz, Baja California Sur, el mismo día en que se conoció la renuncia de Guadalupe Taddei Zavala a la presidencia del Instituto Nacional Electoral (INE) por un caso de corrupción al interior del organismo.
Montiel no se limitó al pronunciamiento genérico. Dijo estar de acuerdo con que la Auditoría Superior de la Federación (ASF) realice las investigaciones pertinentes y sostuvo que en Morena "no encubren a nadie, no son tapadera de nadie", aunque aclaró que serán las instituciones correspondientes las que investiguen, definan y deslinden las responsabilidades administrativas. La dirigencia morenista respaldó la fiscalización externa del INE en el momento de mayor vulnerabilidad del árbitro electoral.
El paquete de declaraciones tiene tres piezas que conviene separar: el respaldo a la ASF, la exigencia de certeza para 2027 y la confianza en que la Cámara de Diputados resuelva no solo el nombramiento de quien ocupará la presidencia del INE, sino que dé seguimiento al caso. Montiel colocó la resolución del relevo en el INE en manos del Legislativo, donde Morena y sus aliados tienen peso determinante.
La formulación "votos democráticos" es ambigua y no equivale a una propuesta técnica. No especifica si alude a la integración del Consejo General, al calendario electoral, a la fiscalización de precampañas o a las reglas de coalición. Tampoco precisa qué entiende Morena por certeza: si la ausencia de conflictos postelectorales, la solidez del padrón o la imparcialidad de los órganos jurisdiccionales. Esa vaguedad no es un defecto menor: permite que el partido en el gobierno fije después el estándar con el que evaluará al árbitro.
La lectura política
El movimiento tiene una función práctica clara: Morena busca posicionarse como el actor que exige limpieza institucional mientras el INE atraviesa una crisis de credibilidad por la salida de su titular. Es un lugar cómodo. Si la ASF encuentra irregularidades, el partido aparece como garante de la fiscalización; si no las encuentra, la investigación misma ya instaló la sospecha sobre la gestión anterior del organismo.
El incentivo es doble. Por un lado, la dirigencia necesita desactivar cualquier lectura de que la salida de Taddei responde a presión política del oficialismo. Por otro, la exigencia de certeza le permite reclamar un papel de supervisor del proceso 2027 sin comprometerse con reglas específicas. La declaración funciona como posicionamiento, no como precandidatura ni como plataforma programática. No hay aquí un actor colocándose para un cargo: hay una dirigencia partidista administrando el costo reputacional de un relevo incómodo.
El equilibrio interno también cuenta. Montiel llega a esta coyuntura con un historial reciente de movimientos que ordenan el terreno: ha confirmado el diálogo para mantener la coalición con el PT y el PVEM rumbo a 2027, y ha anunciado una denuncia electoral contra la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, por presunta intervención en el proceso. Es decir, la dirigencia combina gestos de apertura institucional con acciones de confrontación partidista. Esa mezcla no es contradictoria: responde a la necesidad de mantener cohesionada la coalición y, al mismo tiempo, marcar distancia frente a adversarios estatales.
La señal que envía a aliados y adversarios es que Morena no piensa ceder la narrativa de la integridad electoral. Si el relevo en el INE se resuelve en la Cámara de Diputados, el partido tendrá influencia directa en el perfil del próximo presidente del organismo que organizará 2027. La oposición enfrenta un dilema: exigir un proceso impecable la obliga a coincidir con el oficialismo en la crítica al INE saliente, pero también a vigilar que esa crítica no se convierta en instrumento de captura del árbitro.
Falta un elemento para sostener una lectura más fuerte: no hay evidencia de que Morena haya planteado nombres, criterios de selección o un calendario para el relevo. Sin eso, la exigencia de certeza sigue siendo una declaración de intenciones, no una hoja de ruta.
Qué sigue
La Cámara de Diputados deberá resolver el nombramiento de quien ocupe la presidencia del INE, sin que la evidencia disponible permita anticipar fecha ni procedimiento. La ASF tiene pendiente definir el alcance de su investigación sobre el caso que derivó en la renuncia de Taddei. Morena mantiene abierta la mesa de negociación con el PT y el PVEM para la coalición de 2027, y la denuncia anunciada contra Maru Campos sigue su curso. El primer indicador verificable será el perfil del próximo titular del INE y el margen de votación con el que se apruebe.
