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RUTA 27 · HIGH

Taddei admite que señalados por contratos sí trabajaron en el INE

La presidenta del árbitro electoral confirmó la adscripción de las personas señaladas en investigaciones sobre contrataciones, pero rechazó que existan empresas favoritas y sostuvo que los proveedores tienen relación previa con el Instituto.

Ilustración editorial de Ruta 27 sobre organización y votación electoral
Ilustración editorial de Ruta 27; no representa una fotografía del acontecimiento.
EN 30 SEGUNDOS

Guadalupe Taddei, presidenta del INE, admitió que las personas señaladas en investigaciones sobre presuntas irregularidades en contrataciones sí trabajaron en el Instituto, aunque ya no forman parte del personal. Rechazó que Jonathan Navarrete fuera su chofer y negó empresas favoritas. El caso toca la credibilidad del árbitro a meses de que arranque el proceso electoral 2026-2027.

La presidenta del Instituto Nacional Electoral (INE), Guadalupe Taddei, admitió que las personas señaladas en investigaciones periodísticas sobre presuntas irregularidades en contrataciones y vínculos con proveedores del organismo sí trabajaron en el Instituto, aunque actualmente ya no forman parte de su personal. La confirmación convierte una serie de señalamientos dispersos en un problema institucional verificable: no se trata de nombres inventados ni de homónimos, sino de personas que ocuparon posiciones dentro del árbitro electoral mientras éste define reglas y vigila recursos rumbo a 2027.

El caso escaló esta semana con la difusión de reportes que vincularon a Jonathan Navarrete, identificado como chofer de la presidenta, con la representación legal de una empresa proveedora del INE. Taddei rechazó que Navarrete haya sido su conductor y sostuvo que estaba adscrito administrativamente a la presidencia del Instituto. La presidenta del INE confirmó la adscripción de las personas señaladas, pero rechazó la etiqueta de "chofer" para una de ellas y negó que existan "empresas favoritas" de su administración.

Sobre los proveedores, argumentó que varios de los señalados mantienen relación comercial con el INE desde antes de su llegada a la Presidencia del organismo. Esa defensa desplaza el foco: si los contratos son heredados, el problema no sería de esta gestión sino de un patrón administrativo más antiguo. Pero la explicación no resuelve la pregunta central que cualquier auditoría formularía: cómo se autorizó la adscripción de personas con vínculos simultáneos a empresas que contratan con el propio Instituto.

El contexto inmediato importa. El 21 de octubre Taddei presentó el micrositio "INE Siempre a la Vista" y anunció que solicitaría a la Auditoría Superior de la Federación (ASF) revisar de nuevo los contratos de compra de material electoral del proceso 2026-2027. La estrategia de la presidenta combina transparencia proactiva con una defensa de gestión: publicar más y atribuir los señalamientos a relaciones comerciales preexistentes. Es una respuesta comprensible en términos de comunicación, pero también revela que el Instituto llegó a la antesala del proceso electoral sin haber cerrado la discusión sobre sus propias compras.

La lectura política

El movimiento de Taddei no es una candidatura ni una precandidatura: es una operación de contención de daño en un momento delicado del calendario. El INE entra en la fase operativa del proceso 2026-2027, con licitaciones de material electoral, contratación de capacitadores y definición de presupuestos. Cualquier sombra sobre sus contrataciones no sólo afecta la imagen de su presidenta: erosiona la capacidad del árbitro para exigir a partidos y gobiernos estándares de fiscalización que él mismo no logra acreditar ante la opinión pública.

El incentivo de Taddei es claro: separar el caso de su persona, atribuirlo a adscripciones administrativas y a proveedores históricos, y mostrar apertura con portales y auditorías externas. El costo de esa estrategia es que cada aclaración parcial reabre la pregunta sobre qué faltó revisar. La solicitud a la ASF, si se formaliza, le da una salida institucional: traslada la validación a un tercero y gana tiempo. Pero también fija un plazo y un estándar: si la auditoría no encuentra irregularidades, la presidenta podrá reclamar que se juzgó antes de tiempo; si las encuentra, el daño será mayor porque ella misma pidió la revisión.

El equilibrio interno del Consejo General también está en juego. Taddei preside un órgano colegiado donde las decisiones no son unipersonales, y los consejeros electorales tienen incentivos propios para distinguirse. El caso presiona al Consejo a pronunciarse sobre la gestión administrativa de su presidenta, algo que el diseño institucional no resuelve con facilidad porque la presidencia concentra la representación y la administración ordinaria. Rumbo a 2027, la señal que envían los partidos es doble: la oposición usará el caso para cuestionar la imparcialidad del árbitro, y el oficialismo tiene pocos incentivos para defender a una presidenta que llegó al cargo por un acuerdo plural. Ninguno de los dos bandos necesita que el caso se resuelva pronto; ambos pueden rentabilizarlo.

Qué sigue

La solicitud formal a la ASF para revisar los contratos de material electoral es el próximo paso verificable; su alcance y fecha de respuesta definirán si el caso se institucionaliza o se diluye. En paralelo, el micrositio de transparencia deberá publicar las adscripciones y contratos señalados para que la defensa de Taddei sea comprobable. El Consejo General tiene pendiente pronunciarse sobre el caso, y la ruta procesal del proceso 2026-2027 no se detiene: las licitaciones siguen su curso y cualquier impugnación partidista encontrará en este episodio un argumento disponible.

Actualización

La auditoría confirma las irregularidades en contrataciones que la presidenta del INE había admitido parcialmente, proporcionando evidencia concreta de pagos injustificados. Leer el nuevo desarrollo.